El País (País Vasco) : 2019-08-14

DEPORTES : 31 : 31

DEPORTES

31 Miércoles 14 de agosto de 2019 ELPAÍS DEPORTES El tipo corriente que tuvo un día extraordin­ario Muere Tata Brown, campeón del mundo con Argentina en México 1986 Brown cabe en una jornada. Y vaya jornada. México 86 ya había sido un milagro desde el comienzo. Brown llegó tan maltrecho físicament­e que no tenía equipo para jugar los domingos. Tras una discreta experienci­a en Boca, el cuerpo técnico de Deportivo Español le había comunicado que no contaría con él. Bilardo, sin embargo, lo mantuvo en la selección porque lo había dirigido en Estudiante­s y lo creía un buen suplente para Daniel Passarella. El técnico le tenía tanta estima que, consultado en una entrevista por un libro, Bilardo entendió que le preguntaba­n por un líbero y respondió: “Brown”. Pero como Passarella fue víctima Buenos Aires ANDRÉS BURGO, En una de esas estrategia­s indetectab­les a los ojos de los espectador­es que siguen la final de un Mundial, en este caso la de México 86, el entrenador de Alemania, Franz Beckenbaue­r, envió al campo a un delantero torpe con la pelota pero portentoso en el juego aéreo y en las asperezas físicas: Dieter Hoeness. A falta de media hora, y con Argentina ganando 2-0, una de las misiones que debía cumplir era chocar con el líbero argentino, José Luis Brown, cada vez que éste ordenara a la defensa salir para provocar el fuera de juego. La estrategia funcionó no sólo porque Alemania llegaría al 2-2 parcial, sino también porque Hoeness, en efecto, partió como una locomotora para toparse con Brown cuando un compañero ejecutaba un centro y le provocó una luxación en el hombro. El médico argentino advirtió al entrenador, Carlos Bilardo, que Brown no podría seguir, pero el bravo Tata hizo una de gauchos: se mordió la camiseta, le hizo un agujero y metió el dedo para que el brazo no le quedara suelto. Así se consagrarí­a campeón del mundo tras el agónico triunfo 3-2 de Argentina, el último Mundial gana- do por su país. La muerte de Brown el lunes por la noche en La Plata, víctima a sus 62 años de una enfermedad neurodegen­erativa que lo afectaba desde hacía varios meses, fue también la despedida de un tipo normal —si se puede llamar corriente a un futbolista que se mantuvo 15 años en la alta competició­n— que tuvo un día extraordin­ario. Brown no era un fenómeno —más bien era un jugador de poca técnica, aunque muy astuto para orientarse tácticamen­te y dirigir a sus compañeros de la defensa— pero aquel 29 de junio de 1986 consiguió más que varios fenómenos juntos: se convirtió en uno de los 65 jugadores que marcaron al menos un gol en una final del mundo. Además, sólo 42 futbolista­s hicieron un gol y levantaron la Copa del Mundo, entre ellos Brown. Aún más asombroso es que el cabezazo con el que había derrotado al arquero alemán Harald Schumacher en el primer tiempo, antes de su lesión, fue el único que convirtió en los 36 partidos que jugó para la albicelest­e entre 1983 y 1990. Si de algunas estrellas puede hacerse el recorrido de un día en su vida, la biografía deportiva de Tata del mal de Moctezuma, un virus gastrointe­stinal que le hizo perder seis kilos. Pero Brown terminó jugando los siete partidos. De su estreno ante Corea del Sur se enteraría esa misma mañana, cuando Bilardo se lo cruzó en un pasillo y le dijo: “Mirá que jugás vos”. No tuvo tiempo para ponerse nervioso. Con más de 400 partidos en clubes —Estudiante­s en Argentina, Atlético Nacional en Colombia, Brest en Francia y Murcia en España—, Brown consiguió parecer un portento físico aun cuando luchó contra una plaga de lesiones. Más que contener a rivales, el Tata se defendía del dolor: dijo haberse operado diez veces de las rodillas, ocho de la derecha y dos de la izquierda. “Para jugar el Mundial hice barbaridad­es —recordó hace pocos años—. Antes de México, en los entretiemp­os de los partidos me sacaban jeringas llenas de sangre de la rodilla y seguía jugando. El médico me decía que me iba a arrepentir, que a los 50 años no podría caminar, que estaba loco, pero yo lo obligaba a pincharme. Ahora tengo 59 y no puedo jugar al fútbol con mis amigos, pero no me arrepiento. ¡Soy campeón del mundo!”.

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