LA IMA­GEN Por Juan Jo­sé Mi­llás

El País - El País Semanal - - SUMARIO - Juan Jo­sé Mi­llás

ACIER­TA US­TED: ha ha­bi­do un bom­bar­deo que ha ro­to la sin­ta­xis de una vi­vien­da en­tre cu­yos es­com­bros un hom­bre eva­lúa los da­ños se­gui­do por una cría en pi­ja­ma. Ocu­rrió en Gaza, tras una in­cur­sión de la avia­ción is­rae­lí en un área ocu­pa­da por ci­vi­les. Sig­ni­fi­ca que no es no­ti­cia. La re­pe­ti­ción cons­ti­tu­ye un me­ca­nis­mo nor­ma­li­za­dor de enor­me efi­ca­cia. No fue, pues, el ata­que lo que nos con­mo­vió. Tam­po­co las rui­nas do­més­ti­cas, a cu­ya vi­sión es­ta­mos tan acos­tum­bra­dos.

Nos tras­tor­nó, en cam­bio, la for­ma en que la ni­ña del cen­tro de la ima­gen se afe­rra a sus pe­lu­ches co­mo un náu­fra­go a una ta­bla. Si los mu­ñe­cos se sal­van, ella tam­bién y con ella el res­to de la fa­mi­lia. Qui­zá la ca­ma vuel­va a ser una ca­ma; el ar­ma­rio, un ar­ma­rio; la ven­ta­na, una ven­ta­na, y la pa­red, una pa­red. La vi­da, una vi­da.

Con fre­cuen­cia se les pre­gun­ta a los per­so­na­jes pú­bli­cos qué obra sal­va­rían de in­cen­diar­se tal o cual mu­seo. La gen­te se lo pien­sa pa­ra que­dar bien, lo que cons­ti­tu­ye un mo­do de huir de la que­ma. Si a un es­cri­tor se le pre­gun­ta­ra qué ob­je­to pon­dría a sal­vo de una inun­da­ción en su pro­pia ca­sa, di­ría que una edi­ción es­pe­cial de El Qui­jo­te, o de la Di­vi­na Co­me­dia, por ejem­plo. Ca­da uno tie­ne sus fe­ti­ches, so­lo que los de los adul­tos no siem­pre re­sul­tan creí­bles. En es­te ins­tan­te, tras con­tem­plar es­ta ima­gen, yo con­fie­so que tra­ta­ría de res­ca­tar los pe­lu­ches de mis hi­jos, que de­ben de lle­var años guar­da­dos en las en­tra­ñas de un ar­ma­rio, en­vuel­tos en plás­ti­co con naf­ta­li­na. Aho­ra bien, pues­tos a pe­dir, lo que de ver­dad de ver­dad me gus­ta­ría es que los is­rae­líes no me ex­ter­mi­na­ran.

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