Po­dría­mos es­tar de­ba­jo de un puente, pe­ro con los hi­jos eso no lo voy a per­mi­tir», di­cen

«Si fué­ra­mos so­lo mi mu­jer y yo «To­do el ve­cin­da­rio es­tá en las ayu­das so­cia­les, lo­grar un em­pleo es difícil cuan­do se es gi­tano», la­men­tan

El Periódico Aragón - - Aragón -

La vi­vien­da se en­cuen­tra en un ba­rrio ale­ja­do del cen­tro. En el mis­mo blo­que otras fa­mi­lias es­tán en una si­tua­ción fa­mi­liar. En la ca­sa vi­ven Ju­lián, de 28 años, su mu­jer Lo­la, de 30 años, y sus tres hi­jos. Dos de ellos en edad es­co­lar. Los cin­co duer­men en una so­la ha­bi­ta­ción, con los col­cho­nes en el sue­lo. «Pre­fie­ro que no le ha­gáis fo­tos a eso», re­cla­ma. La ca­sa se com­ple­ta con una co­ci­na que ha­ce las ve­ces de sa­lón y un pe­que­ño cuar­to de ba­ño. So­bre una es­tan­te­ría hay re­cuer­dos y fo­to­gra­fías. El día a día es más com­ple­jo de lo que pa­re­ce. Al po­co tiem­po de es­tar vi­vien­do co­mo oku­pas la Po­li­cía Na­cio­nal les de­nun­ció. Per­die­ron el jui­cio y fue­ron con­de­na­dos a un otro des­alo­jo. Al no po­der afron­tar los 3.000 eu­ros de cos­tes se les de­cla­ró in­sol­ven­tes con una pe­na de li­ber­tad pri­va­ti­va du­ran­te dos años. En esa oca­sión, gra­cias a la me­dia­ción de Stop Desahu­cios, se pu­do con­ve­niar una so­lu­ción con el con­sis­to­rio. «Has­ta ese mo­men­to no co­no­cía su la­bor», in­di­ca.

El ma­tri­mo­nio di­ce que no pue­den dor­mir tran­qui­los. «Es una si­tua­ción que no le de­seo a na­die: pue­den ve­nir en cual­quier mo­men­to y sa­car­nos de ca­sa, a ve­ces la sen­sa­ción es de pá­ni­co», di­ce. La ce­rra­du­ra de la puer­ta es­tá re­cons­trui­da con ma­si­lla, pues an­tes de que en­tra­ran ellos otras per­so­nas ha­bían cau­sa­do des­tro­zos. «Se lle­va­ron el horno, la cal­de­ra y los ra­dia­do­res», di­ce.

Fren­te a los tó­pi­cos ex­pli­can que ellos es­tán dis­pues­tos a pa­gar, siem­pre den­tro de sus po­si­bi­li­da­des. «La ma­yo­ría del ve­cin­da­rio es­tá den­tro de las ayu­das so­cia­les, pues es muy com­pli­ca­do lo­grar un em­pleo cuan­do se es gi­tano», de­ta­llan. Y ex­pli­can que las crí­ti­cas que se les ha­ce a su mo­do de vi­da no es­tán jus­ti­fi­ca­das. Al­gu­nos elec­tro­do­més­ti­cos ya es­ta­ban cuan­do en­tra­ron en el in­mue­ble. Y la te­le­vi­sión y la Pla­yS­ta­tion 3 las lo­gra­ron a tra­vés de Wa­lla­pop.

El ra­cis­mo es al­go que su­fren dia­ria­men­te. «En los su­per­mer­ca­dos siem­pre tienes de­trás al guar­dia ju­ra­do», se­ña­lan. Ejem­plos co­ti­dia­nos tie­nen mu­chos.

Ame­na­za de des­alo­jo

Lo vi­ven sus hi­jos en el co­le­gio, que no pue­den ha­blar de có­mo vi­ven. Tam­bién a la ho­ra de asis­tir a una en­tre­vis­ta de tra­ba­jo. «El pue­blo gi­tano es­tá muy afec­ta­do por la si­tua­ción de cri­sis, pe­ro ade­más se nos juz­ga con mu­cha más du­re­za», ma­ni­fies­ta Lo­la.

Pa­ra es­ta fa­mi­lia ha si­do fun­da­men­tal la ayu­da de co­lec­ti­vos co­mo Stop Desahu­cios, que ejer­cie­ron co­mo in­ter­me­dia­rios en los mo­men­tos más crí­ti­cos. «Ellos han he­cho una gran la­bor en es­te ca­so, si hu­bie­ra te­ni­do op­ción de ha­ber pa­ga­do un al­qui­ler no se­ría un oku­pa, pe­ro has­ta nos qui­ta­ron el IAI al que­dar­nos en la ca­lle», afir­man.

De ca­ra al fu­tu­ro tie­nen una pe­ti­ción con­cre­ta: «Oja­la no ten­ga que pi­sar nun­ca más un ser­vi­cio so­cial». Con el em­pleo que ha en­con­tra­do Ju­lián en los úl­ti­mos me­ses es­ta pe­ti­ción po­dría cum­plir­se. «Aho­ra ten­go suer­te, pe­ro no me ha­go mu­chas ilu­sio­nes por­que es un con­tra­to de fin de obra», ex­pli­ca. Así que es po­si­ble que en di­ciem­bre to­das las per­so­nas que es­tán con­tra­ta­das a tra­vés de una ETT sean des­pe­di­dos. «Oja­la me pue­da que­dar», con­clu­ye.

Lo­la (nom­bre fic­ti­cio) con su hi­ja en la ca­sa que oku­pan.

Gran par­te de los mue­bles se los en­con­tra­ron en la vi­vien­da.

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