RO­BER­TO LEAL

« Cuan­do te me­tes en un pro­gra­ma co­mo 'OT', o te su­mer­ges has­ta el fon­do o es­tás per­di­do »

El Periódico de Catalunya (Castellano) - Teletodo - - PORTADA - INÉS ÁL­VA­REZ

Lo ve­mos ca­da miér­co­les co­mo maes­tro de ce­re­mo­nias de ‘OT’ y al­gu­nos días en ‘Es­pa­ña di­rec­to’, am­bos de TVE-1, ca­de­na don­de ha pre­sen­ta­do es­te ve­rano ‘Bai­lan­do con las es­tre­llas’. Con lo que es­tá fe­liz. Aun­que no ba­ja la guar­dia, por­que sa­be que en la te­le uno nun­ca se pue­de con­fiar.

La pa­sa­da edi­ción de OT, la de la vuel­ta del for­ma­to a TVE, la de «la ma­gia», la dis­fru­tó tan­to co­mo los 16 chi­cos que vi­vie­ron esa ex­pe­rien­cia, por­que pa­ra él tam­bién era al­go nue­vo, ex­ci­tan­te. Un re­ga­lo que le ha­bía da­do la pro­fe­sión. Y eso que Ro­ber­to Leal (Se­vi­lla, 1979) lle­va a sus es­pal­das 17 años de te­le­vi­sión. Aho­ra se ha em­bar­ca­do en otra edi­ción del ta­lent y es­tá fe­liz. Lo su­yo, de­mos­tra­do es­tá, es el di­rec­to: en él se mue­ve sin per­der ni un ápi­ce de na­tu­ra­li­dad. Su gran ba­za. La que le ha he­cho triun­far.

– ¿Es­te año el re­to es ma­yor: ha­cer ol­vi­dar a los chi­cos de OT 2017?

– Sin du­da. Ju­ga­mos con el re­cuer­do tan pre­sen­te aún de una edi­ción exi­to­sa en la que to­dos ha­blá­ba­mos de ma­gia. Por­que nos sa­lió una gran edi­ción. Pe­ro, aho­ra, ca­da se­ma­na sa­li­mos a ju­gar y a pe­lear, por­que es­te es un for­ma­to de lar­go re­co­rri­do. No nos po­de­mos con­fiar, por­que na­die nos ha re­ga­la­do na­da.

– ¿Los con­cur­san­tes de es­ta edi­ción tie­nen qui­zá me­nos fres­cu­ra y sa­ben que de­ben ser gra­cio­sos?

– Aún es pron­to pa­ra juz­gar­los. Es­tá cla­ro que mu­chos ya sa­ben lo que es

OT por­que lo vie­ron el año pa­sa­do. Los del 2017 tam­bién lo sa­bían, pe­ro les que­da­ba más le­jos. Aun­que al­gu­nos de es­ta di­cen que no ha­bían vis­to el con­cur­so el año pa­sa­do. No sé si tie­nen el dis­cur­so apren­di­do, si ac­túan... Pe­ro cuan­do uno en­tra en

«En la te­le, al día si­guien­te de al­go muy bueno, ‘re­se­teas’ y em­pie­zas de ce­ro. No va­le lo que has he­cho”

«Nun­ca he di­cho en un di­rec­to: ‘¡Tie­rra trá­ga­me!’. Eso so­lo me pa­sa cuan­do voy a co­rrer los ma­ra­to­nes»

un lu­gar ce­rra­do, aca­ba ol­vi­dan­do la cá­ma­ra. Lo que pa­sa es que hay cua­tro per­fi­les muy bro­mis­tas. Aun­que si les han se­lec­cio­na­do en­tre 16.000 es que son bue­nos en la mú­si­ca. Pa­ra ha­cer bro­mas ya me tie­nen a mí.

– Sa­ber quién con­cur­sa­ría hi­zo que la gen­te les bus­ca­ra an­tes en las re­des. ¿Eso le per­ju­di­có a Luis?

– Yo creo que no, por­que quien te no­mi­na den­tro de la ga­la 0 o te po­ne ahí es el ju­ra­do. Si pa­ra el ju­ra­do Luis hu­bie­se he­cho una gran­dí­si­ma ac­tua­ción, el te­ma de las re­des no ha­bría in­flui­do en ab­so­lu­to. Sin em­bar­go, la cam­pa­ña que se ha lan­za­do, OT no es odio, es real. Yo siem­pre re­la­ti­vi­zo: es­to es un con­cur­so de te­le­vi­sión y hay una vi­da de­trás y de­lan­te de es­to. No hay que to­mar­se las co­sas tan a pe­cho. Ni lo bueno ni lo ma­lo. Es ver­dad que, con los per­fi­les de los con­cur­san­tes del año pa­sa­do tan re­cien­tes, los fans de unos y otros com­pa­ran. Y son li­bres de de­cir lo que quie­ran, pe­ro siem­pre den­tro del res­pe­to. Cuan­do al­guien ame­na­za e in­ci­ta al odio, in­clu­so con co­men­ta­rios de tono ra­cis­ta, que se le blo­quee. A aque­llos que no par­ti­ci­pan de es­ta fies­ta, que es de buen ro­llo y pa­ra pa­sar un buen ra­to. Pa­ra amar­gar­nos, ya te­ne­mos la vi­da.

– Es­tá co­mo ni­ño con pla­tó nue­vo. Pe­ro ca­si 1.000 per­so­nas son di­fí­ci­les de con­tro­lar. Es­te año se es­tá po­nien­do más Rot­ten­meier...

– El pú­bli­co ya co­no­ce a los chi­cos y se ha enamo­ra­do de uno u otro, con lo que las emo­cio­nes es­tán ser­vi­das. Y es­tá bien, ya que es­te pro­gra­ma tam­bién es eso. Lo que pa­sa es que en el pla­tó se vi­ven las co­sas de for­ma di­fe­ren­te. Si la gen­te gri­ta, no se oye: ni los con­cur­san­tes a mí ni yo a ellos. Y tam­po­co el ju­ra­do. Aun­que la gen­te en Twit­ter me di­ce: «Ro­ber­to, en ca­sa se oye per­fec­ta­men­te». Ten­go que apren­der a ges­tio­nar eso.

– So­bre to­do en la desas­tro­sa ga­la se­gun­da, tras fun­cio­nar la 0 co­mo un re­loj. ¿No se pue­de uno con­fiar?

– Tie­nes que es­tar aler­ta en to­do el pro­gra­ma, por­que es un di­rec­to com­pli­ca­do. Pe­ro, si le soy sin­ce­ro, yo no me di cuen­ta de los pro­ble­mas de so­ni­do has­ta que no ha­bía aca­ba­do. Sí me di cuen­ta de que al­go no iba bien, cuan­do tu­ve que lle­var mi­cros. A mí no se me in­for­mó de eso, por­que yo po­co po­día ha­cer pa­ra so­lu­cio­nar esa par­te téc­ni­ca. De he­cho, el mi­cro lo ten­go cer­ca por si pa­sa más, que es­pe­ro que no. Con lo que de­bo ha­cer de aza­fa­to y ani­ma­dor del pú­bli­co. En es­te pro­gra­ma de­bes es­tar aten­to, por­que en el mo­men­to en que te re­la­jas, tras­cien­de rá­pi­do, ya que hay mu­cha gen­te vién­do­lo.

– ¿En OT es­tá ha­cien­do un más­ter en im­pro­vi­sa­ción?

– Pe­ro eso no lo he apren­di­do aquí. Lle­vo 17 años en la te­le y ocho co­mo re­por­te­ro li­ga­do a Es­pa­ña di­rec­to. A mis alum­nos les di­go que cuan­do pa­sa al­go así, hay que nor­ma­li­zar­lo. No pue­des es­tar di­cien­do to­do el tiem­po: «Per­dón, te­ne­mos un pro­ble­ma. Va­mos a so­lu­cio­nar­lo». Por­que eso te po­ne ner­vio­so a ti, a los es­pec­ta­do­res y a los com­pa­ñe­ros que es­tán arre­glán­do­lo.

– ¿Sus alum­nos? ¿De qué da cla­ses?

– Doy dos o tres posgrados o más­te­res al año en uni­ver­si­da­des pri­va­das. Cur­sos de tres o cua­tro se­ma­nas de po­ner­te de­lan­te de la cá­ma­ra y per­der­le mie­do al di­rec­to. Ten­go mu­chos cha­va­les a los que les acon­se­jo ser ellos mis­mos y no in­ten­tar en­ga­ñar­se, por­que la gen­te no se lo com­pra.

– Al­gu­na vez ha pen­sa­do en un di­rec­to: ¿qué ha­go yo aquí?

– Nun­ca. Yo si­go vi­vien­do es­to co­mo un re­ga­lo. En mi vi­da pro­fe­sio­nal es lo más gran­de que me ha pa­sa­do. En nin­gún mo­men­to he di­cho: «¡Tie­rra trá­ga­me!». Oja­lá es­to du­re mu­chos años. Aun­que, des­de que ha na­ci­do mi hi­ja, in­ten­to vi­vir el día. Y no es una fra­se de Pa­blo Coel­ho. No, ja­más lo he di­cho. Eso so­lo me pa­sa cuan­do co­rro los ma­ra­to­nes, que pien­so: ¡quién me ha­brá man­da­do a mí me­ter­mo en es­to!

– No pa­ra. Es el Je­sús Váz­quez de TVE.

– ¿Por­que es­toy en to­dos los la­dos? De­bo se­guir pa­gan­do fac­tu­ras, ten­go una ni­ña y eso lo ten­go cla­ro: cuan­do me lle­ga una opor­tu­ni­dad co­mo es­ta, ade­lan­te. Pe­ro no me quie­ro vol­ver lo­co, y de ca­da pro­yec­to que lle­gue, ha­brá al­gu­nos que po­dré ha­cer y otros, no. Por ejem­plo, si­go ha­cien­do Es­pa­ña di­rec­to, y aho­ra no voy ni miér­co­les ni jue­ves. Hay quien me pre­gun­ta que por qué si­go. Pe­ro es que es mi for­ma­to, es don­de na­cí y mien­tras pue­da com­pa­ti­bi­li­zar­lo... Son dos pro­gra­mas de tono ama­ble, no van con­tra­pues­tos.

– Es­tá que se sa­le, pe­ro no siem­pre ha si­do así. Se chu­pó to­das las su­si­tu­cio­nes de Na­vi­da­des y Se­ma­na San­ta en Es­pe­jo pú­bli­co en­tre el 2010 y el 2014. Y el 2012, el es­pa­cio

Lo que te me­re­ces sal­tó a los

tres días. ¿Qué lec­ción sa­có?

– De to­do se apren­de. Al fi­nal, lo que me he lle­va­do son gran­des com­pa­ñe­ros de los que he apren­di­do co­sas y al­gu­nos con los que me ha que­da­do una gran amis­tad, co­mo Pau­la Váz­quez. En ese pro­gra­ma yo era un aza­fa­to con un per­fil ca­si per­di­do. El pro­gra­ma no fun­cio­nó y me fui pa­ra mi ca­sa. Pe­ro te das cuen­ta de que ni el fra­ca­so es tal fra­ca­so ni el éxi­to es tal éxi­to. A mis alum­nos les di­go: «Aquí, al día si­guien­te de al­go muy bueno, re­se­teas y em­pie­zas de ce­ro. No te va­le lo que hi­cis­te ayer». La pri­me­ra edi­ción de OT fue un éxi­to (es­pe­re­mos que lo sea es­ta) y me he lle­va­do la a glo­ria de es­ta pro­fe­sión. Pe­ro te tie­nes que que­dar en el me­dio. Es­pe­ro que pue­da vi­vir qui­zá no en la cres­ta de la ola, pe­ro sí na­ve­gan­do du­ran­te mu­cho tiem­po.

– Esa in­cer­ti­dum­bre les hu­ma­ni­za.

– Sí. Tie­nes que re­la­ti­vi­zar. Ten­go mis erro­res y si me equi­vo­co, lo cuen­to. De­bes nor­ma­li­zar y no po­ner­te una im­pos­tu­ra, un cor­sé. No hay que mar­car esa dis­tan­cia que a ve­ces nos im­po­ne­mos cuan­do hay una cá­ma­ra de por me­dio.

– ¿Es ese el se­cre­to de Je­sús Váz­quez?

– Sí. Je­sús Váz­quez, que es uno de los gran­des de es­te país, del que ten­go mu­cho que apren­der, es al­guien así. Y Jor­ge Ja­vier Váz­quez. Y Mer­ce­des Mi­lá. Gran­dí­si­mos co­mu­ni­ca­do­res que di­cen por el pin­ga­ni­llo si al­go les mo­les­ta: «Di­rec­tor, me qui­to es­to por­que no oi­go». O: «Ten­go que ir al ba­ño». Han ro­to ese dis­cur­so po­lí­ti­ca­men­te co­rrec­to de la te­le y ese es pa­ra mí el ca­mino. No sé ha­cer las co­sas de otra ma­ne­ra.

– Y no le ha ido na­da mal...

– Afor­tu­na­da­men­te, la gen­te te quie­re y te com­pra así. Si hu­bie­ra in­ten­ta­do ser al­guien que no soy, no me ha­bría sa­li­do ni la mi­tad de bien. Por­que si te re­la­jas un día, di­cen: «Es­te no es el mis­mo». Con el acen­to pa­sa igual, si lo in­ten­to es­con­der [ha­bla sin acen­to an­da­luz] y en un mo­men­to me sa­le una z, di­rían: «¿Qué le pa­sa aho­ra a es­te?».

– ¿Real­men­te hay pa­ra us­ted un an­tes y des­pués de OT?

– Sí. Per­so­nal, por­que te co­no­ce más gen­te y te pa­ran más, lo que agra­dez­co, pe­ro so­bre to­do pro­fe­sio­nal, por­que es­toy ha­cien­do lo que me gus­ta, que es en­tre­te­ni­mien­to

– ¿Y có­mo lle­va sa­lir en las re­vis­tas?

– A eso no me acos­tum­bro. No por­que me in­co­mo­de real­men­te, por­que yo ten­go po­co que con­tar más allá de mi fa­mi­lia, sino por­que me asus­ta. Una vez me en­con­tré con un hom­bre en la es­ta­ción de San­ta Jus­ta es­con­di­do de­trás de un ár­bol. Pe­ro co­mo era un po­qui­to más grue­so que el ár­bol, se le veía la ba­rri­gui­ta. Y en­ton­ces le di­je: «¡Oye, que yo me ha­go la fo­to!». Aun­que sí que me he vis­to en al­gu­na pos­tu­ra en la pla­ya, que di­ces: yo, que he es­ta­do cui­dán­do­me tan­to y sal­go con ba­rri­gui­ta .

– Con lo que se de­bió de ma­cha­car pa­ra la re­vis­ta Men’s Wealth….

– Pues sí. Es­tu­ve dos me­ses en­tre­nan­do, aun­que lo más sa­cri­fi­ca­do es la die­ta, que rom­pe la ru­ti­na de una per­so­na de an­dar por ca­sa. Pe­ro, cla­ro, co­mo a to­do hi­jo de ve­cino, se­gún có­mo te aga­chas, te sa­le la ba-

«Si hu­bie­ra in­ten­ta­do es­con­der mi acen­to an­da­luz y me sa­le una z, di­rían: ‘¿Qué le pa­sa a es­te?’»

rri­gui­ta... y te sa­can la fo­to ¿Ten­go que es­tar to­do el tiem­po aguan­tan­do la res­pi­ra­ción? [ríe] A día de hoy so­lo he co­gi­do un ki­lo des­pués del re­to. Ten­drá al­go que ver con el tra­jín que trai­go. No pa­ro.

– Apar­te, es un bai­lón em­pe­der­ni­do, co­mo ha de­mos­tra­do en OT y en Bai­lan­do con las es­tre­llas. ¿Qué pro­gra­ma me­jor le po­dían dar?

– Es que a mí me gus­ta la mú­si­ca y , el can­te, y me sa­le OT. Me en­can­ta bai­lar, y me dan Bai­lan­do con las es

tre­llas. Voy a de­jar de de­cir co­sas que me gus­tan [ríe]. He te­ni­do suer­te, por­que son pa­sio­nes mías que, ade­más, me di­vier­ten. Lo de Bai­lan

do con las es­tre­llas tam­bién ha si­do una opor­tu­ni­dad muy chu­la. Em­pe­za­mos ahí com­pi­tien­do con­tra los com­pa­ñe­ros de Su­per­vi­vien­tes, y fue com­pli­ca­do en cuan­to a au­dien­cia. Pe­ro, po­co a po­co, nos fui­mos sol­tan­do y aca­ba­mos las tres úl­ti­mas ga­las sien­do lí­de­res. Era un pro­gra­ma que ne­ce­si­ta­ba cre­cer. A ver qué pa­sa. Si se re­nue­va o no.

– ¿Y si se re­nue­va y le lla­man?

– Me da­ría una gran ale­gría. Por­que me di­ver­tí y por­que apren­dí a bai­lar al­gu­nas co­si­tas que me han ve­ni­do muy bien pa­ra las bo­das [ríe].

– ¿Y qué tal en Cuén­ta­me?

– Eso sí que ha si­do otro re­ga­lo. Por­que que­rían ha­cer un do­cu­men­tal so­bre los 17 años, y en lu­gar de lla­mar a otro ac­tor, pen­sa­ron en mí. Me en­can­tó, por­que nun­ca ha­bía es­ta­do en esos pla­tós. Yo na­cí en 1979 y me crié en los años 80, y la se­rie es­tá en esa dé­ca­da. Y, en­ci­ma, co­mo el guion era por pau­tas, se ve muy na­tu­ral.

– ¿Le en­tró el gu­sa­ni­llo de ac­tuar?

– No, a eso yo le ten­go mu­chí­si­mo res­pe­to. Yo par­ti­ci­po en lo que sea, por­que no ten­go ver­güen­za y por­que de to­da la vi­da he es­ta­do li­ga­do al mun­do del Car­na­val y del tea­tro. Me re­fie­ro a que me su­bo a mu­chos tea­tros, no que ha­ga tea­tro clá­si­co. Pe­ro esa pro­fe­sión es muy di­fí­cil. Cuan­do ha­bla­ba fue­ra de cá­ma­ra con los ac­to­res de Cuén­ta­me y me

ex­pli­ca­ban las ho­ras que le echan y lo sa­cri­fi­ca­do que es... Ade­más, me he sa­ca­do la ca­rre­ra pa­ra al­go...

– Ha si­do co­mo el her­mano ma­yor de los triun­fi­tos del 2017. ¿Si­gue te­nien­do con­tac­to con elllos?

– Sí. Con Roi ten­go muy bue­na amis­tad. Coin­ci­di­mos en ac­tos y he­mos se­gui­do man­te­nien­do ese con­tac­to bas­tan­te cer­cano. No ha­blo con los 16 ca­da día, pe­ro si­go te­nién­do­les el mis­mo ca­ri­ño, por­que soy su ti­to, y su­fro cuan­do no me gus­ta al­go que les ha­ce o di­ce la gen­te y me ale­gro cuan­do les va bien.

«Me pre­sen­té al ‘cas­ting’ de la se­gun­da edi­ción de ‘OT’, pe­ro, co­mo can­to fa­tal, me man­da­ron pa­ra ca­sa”

– ¿Su­fre por Ai­te­da? ¿Qui­zá es­tán pa­gan­do por tan­ta ex­po­si­ción?

– Creo que to­dos lo ges­tio­nan bas­tan­te bien. En el ca­so de Ce­pe­da y Ai­ta­na, son adul­tos y sa­ben lo que ha­cen. Cuan­do anun­cian en las re­des su rup­tu­ra es por­que les pre­gun­tan y es una ma­ne­ra de po­ner pun­to y apar­te y se­guir con sus ca­rre­ras, que bas­tan­te bien les va. Los veo muy bien.

– ¿Con lo atre­vi­do que es, se pre­sen­ta­ría a un reality o a un con­cur­so?

– Un reality no es mi si­tio. Y ya me pre­sen­té en su día al cas­ting de la se­gun­da edi­ción de OT, pe­ro, co­mo can­to fa­tal, fue abrir la bo­ca y me man­da­ron pa­ra ca­sa. Po­día ha­ber di­cho: «Os acor­da­réis de mí. ¡Al­gún día pre­sen­ta­ré OT » [ríe].

– Y, mi­re por dón­de, ha aca­ba­do sien­do un triun­fi­to más...

– Sí. Es que cuan­do te me­tes en un pro­gra­ma así, en el que hay tan­tas emo­cio­nes −tam­bién pa­ra los que tra­ba­ja­mos aquí−, so­bre to­do en las re­des so­cia­les, o te su­mer­ges has­ta el fon­do, y es­tás ahí pa­ra lo bueno y pa­ra lo ma­lo, o, si no, es­tás per­di­do. No se­rías par­te y se­gu­ro que ha­bría otros que lo ha­rían me­jor que tú.

EN ‘OT’. El pe­rio­dis­ta y pre­sen­ta­dor se sien­te fe­liz al fren­te del exi­to­so ‘ta­lent’ de TVE.

RTVE

‘ES­PA­ÑADI­REC­TO’. El pe­rio­dis­ta no ha de­ja­do el pro­gra­ma de TVE.

ATRES­ME­DIA

ATRES­ME­DIA

EL PA­SA­DO. Con Pau­la Váz­quez, en ‘Te lo me­re­ces’ y San­dra Da­víu, en ‘Es­pe­jo pú­bli­co’.

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