«Es­ta obra es un re­ga­lo de Na­vi­dad pa­ra to­dos»

El Periódico Aragón - - Tele + Radio - POR Ig­na­cio Martín imar­tin@ara­gon.el­pe­rio­di­co.com

—Sha­kes­pea­re era más co­no­ci­do co­mo poe­ta o dra­ma­tur­go, pe­ro hoy lo pre­sen­tan en Za­ra­go­za en mo­do co­me­dia.

—Yo creo que lo que le gus­ta­ba a Sha­kes­pea­re era ver el tea­tro lleno. Tam­bién es­cri­bía co­me­dias, es­cri­bía de to­do. No­so­tros tra­ta­mos de ser tam­bién un po­co co­mo él, in­ten­ta­mos atraer al pú­bli­co. Cu­rio­sa­men­te, ade­más, es­ta es la se­gun­da co­me­dia que ha­go de él es­te año. Ha­ce po­co hi­ce El sue­ño de una no­che de ve­rano.

—¿Por qué han ele­gi­do es­ta obra?

—Tie­ne mu­chos por­qués. Es de las me­jo­res pa­ra ini­ciar­se en el mun­do sha­kes­pea­riano, muy de en­re­dos, con un rit­mo fre­né­ti­co co­mo el que se ha acos­tum­bra­do aho­ra la gen­te con las se­ries, et­cé­te­ra. Yo ten­go seis per­so­na­jes di­fe­ren­tes y 18 cam­bios de ves­tua­rio. Aquí se jue­ga mu­cho a la me­ta­tea­tra­li­dad.

—Di­cen que es di­fí­cil ha­cer reír.

—Es muy di­fe­ren­te tra­ba­jar la co­me­dia o el dra­ma. Las dos co­sas son igual­men­te apa­sio­nan­tes, pe­ro en es­tos tiem­pos, con tan­to estrés, ha­cer reír cues­ta más. Tam­bién se agra­de­ce mu­cho más cuan­do ter­mi­nas una fun­ción y te dan las gra­cias con el al­ma. A mí tam­bién me gus­ta mu­cho sor­pren­der y emo­cio­nar. En es­te ca­so, la co­me­dia es un len­gua­je di­fí­cil de tra­ba­jar en es­ce­na y di­fí­cil de trans­mi­tir a un pú­bli­co he­te­ro­gé­neo co­mo al que va des­ti­na­da es­ta co­me­dia.

—Hoy en día es di­fí­cil atraer a los más jó­ve­nes al tea­tro, más si se les ha­bla de au­to­res clá­si­cos co­mo Sha­kes­pea­re.

—Car­lo­ta Pé­rez Re­ver­te ha he­cho un tra­ba­jo fa­bu­lo­so con el tex­to, igual que Al­ber­to Cas­tri­llo. Han he­cho una adap­ta­ción fa­bu­lo­sa. Man­tie­ne tex­to clá­si­co, pe­ro sa­be lle­var un rit­mo fre­né­ti­co y bus­car la em­pa­tía con la ac­tua­li­dad. Es­tá muy bien he­cho, hay es­ce­nas fa­bu­lo­sas.

—¿Se sien­te so­la una an­da­lu­za ro­dea­da de ara­go­ne­ses en el es­ce­na­rio?

—No. Lle­vo ya des­de el 2006 en Za­ra­go­za. Soy adop­ta­da, ma­ño (ri­sas). Es­toy muy a gus­to en es­ta tie­rra, me en­can­ta el ara­go­nés y su ca­rác­ter. Aquí soy fe­liz y aquí creo que es­ta­ré siem­pre.

—¿Có­mo aca­bó en Za­ra­go­za?

—Es­tu­dié ma­gis­te­rio, luego psi­co­pe­da­go­fía y cuan­do em­pe­cé la te­sis en psi­co­lo­gía clí­ni­ca co­no­cí a mi pa­re­ja. Yo es­ta­ba tra­ba­jan­do en la Uni­ver­si­dad de Se­vi­lla de pro­fe­so­ra ad­jun­ta y te­nía que de­ci­dir si se­guir o de­di­car­me por en­te­ro al tea­tro. Me arries­gué, for­ma­mos la com­pa­ñía Tea­tro in­di­ges­to y aquí es­ta­mos. Fue un po­co por amor y un po­co por amor al ar­te.

—¿Se ha adap­ta­do has­ta al cier­zo?

—No, no, eso no. El cli­ma es lo que peor lle­vo. Mi­ra que en Ta­ri­fa hay vien­to, pe­ro allí no se te me­te en los hue­sos (ri­sas). Da igual, el cier­zo no me sa­ca de aquí. Aquí ten­go mis ami­gos, gen­te que se ha con­ver­ti­do en mi fa­mi­lia. Laura Gó­mez La­cue­va y Marisol Az­nar son pa­ra mí dos gran­des. Hay mu­cha gen­te que ha con­fia­do en mí, co­mo Al­ber­to Cas­tri­llo, Jai­me Oca­ña... Ten­go que de­cir una co­sa bien al­ta: aquí hay una ca­li­dad ar­tís­ti­ca y hu­ma­na ex­tra­or­di­na­ria que no des­me­re­ce a nin­gún otro lu­gar de Es­pa­ña.

—¿Qué aco­gi­da es­pe­ran?

—Muy bue­na. Es­ta obra es un re­ga­lo de Na­vi­dad en es­ta fechas. Y es in­ter­ge­ne­ra­cio­nal, pa­ra to­dos los pú­bli­cos.

JAI­ME GA­LIN­DO

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