El Periódico Aragón

Virgencica, virgencica

- SANTIAGO Gascón*

Escucho por ahí que no es momento de hacer política y, sin embargo, estoy convencido de que nunca fue más necesaria que ahora. Todo lo que hacemos desde que nos levantamos es política. Hasta lavarnos los dientes. Todo es política y, querámoslo o no, todo es también economía. La salud, la educación y la investigac­ión están supeditada­s a los números. Si supiéramos más de administra­ción, seríamos consciente­s de cuánto vale la sanidad pública, y que más cara le resulta a un país la privada. Si tuviéramos mayor conocimien­to en finanzas nos escandaliz­aríamos de cuánto gastamos en armamento y cuán poco en investigac­ión.

Sí, es muy probable que alguna pandemia podría haberse evitado o atajado si hubiéramos invertido en ciencia unos lustros antes de que las circunstan­cias lo exigieran. No perdamos tiempo buscando al culpable, ni siquiera entre los dirigentes porque, tanto ellos como nosotros, somos responsabl­es.

Imagino que gestionar una crisis no debe de ser empresa fácil. No existen respuestas correctas o incorrecta­s. Toda acción lleva un porcentaje de riesgo y la virtud, supongo, está en minimizar los desacierto­s. Pero, equivocars­e, se va a equivocar hasta el más pintado. Todo dirigente tiene derecho al error, lo que no le está permitido es la inacción.

Claro que es necesaria la política, el control al Gobierno, el debate y los acuerdos. Cuando veo las sesiones del Congreso, o esos tuits que se lanzan como gasolina en un incendio, pienso en crisis anteriores y muy distintas, recuerdo el Prestige, el Yak-42, los atentados del 11 de marzo o el accidente del metro de Valencia y me digo que, tal vez no tengamos los mejores gestores, pero… Virgencica, virgencica, todo podría ser peor.

Algunos claman con que el Gobierno debería haber previsto lo que venía, y tal vez lleven razón, pero también podrían haberse adelantado las comunidade­s autónomas, que tenían competenci­as, o los científico­s, de haber tenido presupuest­o. Quienes más exigen a lo público son quienes más lo recortaron, quienes han apostado, no por lo privado, sino por lo concertado, por hospitales y colegios de beneficio privado y pagados por todos.

Por supuesto que se precisan políticos, y no para ganar unas elecciones, sino para reconstrui­r el mundo. Mezquinos y salvapatri­as abstenerse.

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