Mo­ra­le­ja so­bre es­ta mo­ra­le­ja

El Periódico Aragón - - Opinión - Eduar­do Fé­lez Cuar­te de Huer­va (Za­ra­go­za)

Ex­ce­len­te aná­li­sis de un alumno... no tie­ne des­per­di­cio .... No exis­te plan so­cial gra­tis. Cier­to, pe­ro... En la mi­tad de una cla­se, en una uni­ver­si­dad, uno de los alum­nos, ines­pe­ra­da­men­te, le pre­gun­tó al pro­fe­sor si sa­bía có­mo se cap­tu­ran los cer­dos sal­va­jes. El pro­fe­sor cre­yó que era una bro­ma y es­pe­ra­ba una res­pues­ta gra­cio­sa.

El jo­ven res­pon­dió que no era una bro­ma, y con se­rie­dad co­men­zó su di­ser­ta­ción. Pa­ra cap­tu­rar cer­dos sal­va­jes, pri­me­ro se lo­ca­li­za un lu­gar en la flo­res­ta al que los cer­dos sal­va­jes sue­len ir, y allí se co­lo­ca dia­ria­men­te un po­co de maíz en el sue­lo. Así, los cer­dos sal­va­jes vie­nen to­dos los días a co­mer el maíz gra­tis y, cuan­do se acos­tum­bran a ve­nir dia­ria­men­te, us­ted va cons­tru­yen­do una cer­ca al­re­de­dor del lu­gar don­de se acos­tum­bra­ron a co­mer, un la­do por vez…

Cuan­do ellos se acos­tum­bran a un la­do de la cer­ca, vuel­ven pa­ra co­mer el maíz, y us­ted cons­tru­ye otro la­do de la cer­ca… Ellos vuel­ven a acos­tum­brar­se y vuel­ven a co­mer. Us­ted va cons­tru­yen­do la cer­ca al­re­de­dor, po­co a po­co, has­ta ins­ta­lar los cua­tro la­dos del cer­ca­do al­re­de­dor de los cer­dos.

Al fi­nal, ins­ta­la una puer­ta en el úl­ti­mo la­do. Los cer­dos ya es­tán ha­bi­tua­dos al maíz fá­cil y a las cer­cas, y así co­mien­zan a ve­nir so­los por la en­tra­da.

Es en­ton­ces cuan­do us­ted cie­rra el por­tón y cap­tu­ra a to­do el gru­po. El jo­ven le co­men­tó al pro­fe­sor que era exac­ta­men­te eso lo que él veía que su­ce­día en su país. Los go­bier­nos po­pu­lis­tas, en sus pro­yec­tos dic­ta­to­ria­les, es­con­di­dos ba­jo el man­to de­mo­crá­ti­co, es­tu­vie­ron lan­zan­do maíz gra­tui­to du­ran­te tiem­po su­fi­cien­te pa­ra al­can­zar la man­se­dum­bre sis­te­má­ti­ca.

Es­ta mo­ra­le­ja es muy cier­ta y con­vin­cen­te pe­ro si los cer­dos más fuer­tes y sal­va­jes abu­san de los más dé­bi­les, lo más ló­gi­co es que el ins­tin­to de su­per­vi­ven­cia del cer­do sal­va­je pe­ro dé­bil se des­pla­ce ha­cia lu­ga­res ini­cial­men­te y en­ga­ño­sa­men­te me­nos in­hós­pi­tos.

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