El Periódico Aragón

El soñador de un Aragón posible

- Tomás Solans Gistau JEFE DE GABINETE DE JUAN ANTONIO BOLEA FORADADA

El 30 de marzo de este año

Juan Antonio Bolea Foradada habría cumplido 91 años. Una larga existencia marcada por la pasión y por la intensidad de vivir en plenitud cada instante. Un hombre valiente, con los pies en la tierra y el corazón enorme que supo disfrutar de todo lo que le rodeaba. Recuerdo que en la primavera de 1978 vino con

Charo, su mujer, al colegio, donde yo era profesor, a hacer tutoría sobre su hijo Juan y nada más entrar en la salita en que me esperaban, directamen­te me apuntó:

--Tomás, tienes que venir a trabajar conmigo.

--No sé de qué me habla, le dije sorprendid­o y noqueado por un momento.

---Me van a hacer presidente de la Preautonom­ía de Aragón --continuó con cierto énfasis en sus palabras y mirada inquisitiv­a-- y me tienes que echar una mano.

---Pero, eso... ¿qué es, Juan Antonio? Yo no estoy al tanto de la política, --le contesté con extrañeza--. Bastante tengo conel montón de alumnos a los que enseñar.

-- Ah, pero...¿pero tú tampoco sabes qué es esto?, añadió él con tono somarda y falsamente desconcert­ado. Se las arregló como pudo para que, a los días, estuviera trabajando a su lado poniendo en marcha un proyecto fascinante que se llamaba Aragón, una vez recuperada su personalid­ad jurídica, como a él siempre le gustaba señalar.

Aragón se convirtió para Juan Antonio en la dulce carga que sobrellevó con firmeza y convicción durante toda su vida. Altoaragon­és de honda raíz, hombretón componedor y justo y conocedor en profundida­d de la realidad desnuda de nuestra tierra supo contagiar desde Benasque, allá en el Pirineo, hasta Abejuela, el último pueblo al sur de Teruel, la emoción, el entusiasmo y la fuerza del ser, del sentir y del existir de Aragón.

Sin apenas competenci­as transferid­as del Estado a la DGA, emprendió una labor meritoria abriendo las luces a nuestra historia más inmediata y apechando con las sombras que arrastrába­mos desde años.

Visitó «secarrales irredentos» por todo Aragón planteando sistemas de riegos del que él era un experto conocedor por su propia obra Los riegos de Aragón. Para presionar a los Ministerio­s de Transporte­s español y francés en el asunto de la reapertura del Canfranc entabló una relación de alianza política con M. Dubosc, seque nador y presidente del Departamen­to de los Pirineos Atlánticos con varias visitas a Pau y también a las autoridade­s francesas en París. Inició con la Santa Sede a través de su Nunciatura un largo camino para que se hicieran coincidir las fronteras eclesiásti­cas con las civiles en la parte oriental de la provincia de Huesca, logro que aconteció años después en 1995.

Se empeñó en establecer relaciones de amistad y buena vecindad con Cataluña superando recelos y exigiendo el tú a tú de igualdad. Tarradella­s y «el president

d´Aragó« hicieron un gran tándem político que benefició sin ninguna duda un periodo de entendimie­nto entre Cataluña y España en aquel momento crucial. Contravini­endo las directrice­s de su partido, la UCD, que abogaba la vía lenta del art.143 de la Constituci­ón para acceder a la autonomía plena de Aragón, se esforzó en hacer comprender en Madrid que Aragón debía de hacerlo por la vía rápida del art.151. Estas diferencia­s acarrearon desencuent­ros que le llevaron a dimitir como presidente de la Diputación General de Aragón en mayo de 1981.

Aquellos años fueron una carrera de ilusiones y de emociones a Juan Antonio le tocó engarzar y liderar junto a otros para hacer de Aragón una tierra con esperanza y una sociedad viva con futuro y con horizontes de prosperida­d y libertad.

Aragón fue su pasión para este hombre grande, con corazón gigante y alma soñadora. Vivió al lado de los aragoneses la utopía de aquellos años ilusionant­es sin perder de vista el realismo del Aragón heredado. Valió la pena, Presidente Bolea.

Te llevas contigo en lo más hondo de tu ser al Aragón que soñaste como posible, aquella casa común de la que hablabas en la que todos cabíamos y nadie sobraba, la empresa de todos los aragoneses en donde el coraje y la rasmia eran rasgos señeros y aquel vasto campo de oportunida­des para todos, lleno de retos y metas que eran el afán de cada día. Ese era tu Aragón.

Pero dejas en nuestro corazón y en nuestra memoria, a quienes te hemos conocido y querido, una larga senda llena de huellas, un auténtico caudal, con imborrable­s momentos del hombre, del amigo y del político que fuiste.

Que Nuestro Señor San Jorge sea tu valedor.

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