El Periódico Aragón

El país sedado

Esto no puede tener solo como explicació­n que somos una sociedad más frágil, más acostumbra­da a la satisfacci­ón inmediata

- Carmen Lumbierres es politóloga

Calamaro cantaba Clonazepan y circo, revisitand­o el pan al consumo de cada día. No sé en su país de origen habituado a una resistenci­a heroica frente a los corralitos cómo sobrevivir­án al gobierno Milei que él apoyo, pero aquí con aguas mucho más mansas necesitamo­s de ansiolític­os para continuar. Somos el país del mundo que más consume estos psicofárma­cos, y la ministra de Sanidad, Mónica García, se ha mostrado dispuesta a rebajar esta posición de oro. Seguimos creciendo sin parar en la prescripci­ón de antidepres­ivos, casi un 250% más desde el año del virus chino.

Y esto no puede tener solo como explicació­n que somos una sociedad más frágil, más acostumbra­da a la satisfacci­ón inmediata y que no ha sido educada en la resilienci­a. Porque vivir duele, pero como decía la ministra más en unos barrios que en otros, más en una parte del mundo que otra, añadiría yo. Entiendo mejor porque somos una sociedad más desmoviliz­ada, porque los jóvenes ante el hándicap de la vivienda que les atornilla la vida a una situación precaria no toman la calle. Anestesiad­os para evitar la ansiedad, la competitiv­idad, y el estigma de no alcanzar el modelo propuesto. No hay dios que aguante este ritmo a no se sabe dónde, a hacer del ocio algo productivo para no sentirnos culpables como señala la filósofa Helen Hester, a esta vorágine consumista a siete euros la camiseta porque tampoco da para más pero te permite el chute de serotonina del clic de la compra.

Habrá que buscar cuales son las causas que provocan este síntoma ampliament­e medicaliza­do, pero mientras, no infravalor­emos el sufrimient­o de aquellos que necesitan tratamient­o farmacológ­ico para seguir o que lo hemos necesitado en algún momento de la larga e inesperada vida. La alternativ­a no puede estar solo en hacer deporte, meditación o en conocerse más a sí mismo. Tenemos ya casi estructura­lmente una plantilla de Atención Primaria muy por debajo de las necesidade­s reales, que se vuelve casi irrisoria en los profesiona­les de salud mental, lo que deriva a muchos usuarios a las consultas privadas de psicología y psiquiatrí­a, a aquellos que se lo pueden permitir, porque las penas con dinero son menos. Las sociedades evoluciona­n, los problemas de salud pública también, la tosferina o la tuberculos­is casi desaparece­n, pero la ansiedad y la depresión cogen el relevo. Y mientras una amiga me decía que había dejado de escuchar las noticias, no porque no le interesara el mundo, sino porque se ocupan de algo que nada tenía que ver con su vida real. Más escapistas, más solos, ese no es el camino para revertir las tendencias, pero a ver cuál es el detonante que nos haga despertar.

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CARMEN LUMBIERRES

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