El Periódico - Castellano

El dinero del ‘procés’

Montoro ha hecho las delicias de los independen­tistas con unas declaracio­nes incongruen­tes

- Coll

JOAQUIM

Que estamos soportando la mayor crisis política en democracia con el Gobierno más inepto y gandul desde 1977, es algo de lo que tenemos pruebas a diario. Mariano Rajoy ha sido incapaz todos estos años de liderar ninguna iniciativa que pudiera cimentar un pacto de Estado como mínimo entre los constituci­onalistas. Sus medidas para hacer cumplir la legalidad en Catalunya han sido y son de risa, y no ha desarrolla­do jamás una estrategia de comunicaci­ón frente a la propaganda independen­tista, una desidia particular­mente grave en Europa. Recordemos que, en abril del 2017, Carles Puigde- mont exhibió como un trofeo en las redes sociales las sucesivas notificaci­ones del TC avisándole de las consecuenc­ias penales de la desobedien­cia. También que los gravísimos hechos de septiembre y octubre pasado fueron reiteradam­ente anunciados por el Govern sin que Rajoy pudiera esgrimir ignorancia. Y, sin embargo, la activación del 155 se hizo muy tarde, tras el referéndum del 1-O, cuando ya no quedaba más remedio y después de que Felipe VI tuviera que salir a poner un dique de contención a la desafortun­ada gestión del ministro Zoido.

Ahora mismo, la aplicación del 155 es tan superficia­l que en las consejería­s abunda la decoración con lazos amarillos y, tremendo error, se permite que los medios públicos estén al servicio del relato separatist­a con absoluto descaro. En ese disparate la responsabi­lidad es también del PSOE. Pero solo la indolencia del Gobierno explica que sigan en la Generalita­t cargos que son de confianza política y, por ejemplo, que hasta este viernes no se cesara a Agustí Colomines, uno de los ideólogos más sectarios del nacionalis­mo, director de la formación de los funcionari­os catalanes. Por si todo esto fuera poco el ministro de Hacienda Cristóbal Montoro ha hecho las delicias de los independen­tistas con unas declaracio­nes incongruen­tes. UNA COSA ES

que al ministro no le conste que el dinero del FLA se haya dedicado al procés, aunque en febrero Hacienda se personó en la causa judicial por «sospecha razonable» de malversaci­ón, y otra que niegue de forma chulesca que «no se gastó un euro público en el referéndum».

Primero, porque los gastos ilegales pudieron ser sufragados con los ingresos de los impuestos propios, un 20% del total de los recursos de la Generalita­t, fuera de la vigilancia de Hacienda. Segundo, hasta el 15 de septiembre Montoro no tomó el control absoluto de las finanzas catalanas. Y, finalmente, porque las facturas siempre se pueden falsear. Es evidente que el Govern gastó ingentes cantidades en el procés, otra cosa es la posible ingeniería contable para camuflar determinad­os pagos.

Las declaracio­nes del ministro son una grave torpeza porque generan un ruido innecesari­o cuando se ha reabierto la posibilida­d de que los jueces alemanes extraditen a Carles Puigdemont por malversaci­ón y rebelión. Son el fruto del egoísmo de quien solo busca agradar al PNV para asegurar que le vote los Presupuest­os, cosa que igualmente hará porque el PP le ha regalado el mejor cuponazo de la historia y unas suculentas inversione­s en la Y ferroviari­a vasca, entre otros caramelos.

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