El la­zo de Co­lau

EMMA

El Periódico de Catalunya (Castellano) - - Opinión -

El la­zo ama­ri­llo es un po­si­cio­na­mien­to po­lí­ti­co. Se­ña­la que los lí­de­res en­car­ce­la­dos del ‘pro­cés’ son pre­sos po­lí­ti­cos. El tér­mino lle­va a con­si­de­rar que esa per­so­na es­tá en pri­sión por sus ideas, lo que ali­men­ta el ima­gi­na­rio de que Es­pa­ña es una dic­ta­du­ra. So­mos mu­chos los que es­ta­mos en desacuer­do con esa pri­sión pre­ven­ti­va de ca­si dos años y los car­gos de re­be­lión, pe­ro aun así, re­co­no­ce­mos que se juz­gan unos he­chos con­cre­tos, no unas ideas. Co­lo­car un la­zo ama­ri­llo en una ins­ti­tu­ción no es un ac­to neu­tro. Es un sím­bo­lo que in­di­ca qué mo­do de pen­sar

es el co­rrec­to. Apo­ya una per­cep­ción de la si­tua­ción po­lí­ti­ca y des­ca­li­fi­ca la otra.

El ges­to de Ada Co­lau de vol­ver a col­gar el la­zo ama­ri­llo en el ayun­ta­mien­to se ha in­ter­pre­ta­do co­mo una con­ce­sión al in­de­pen­den­tis­mo. No es­toy se­gu­ra. El agit-prop del ‘pro­cés’ ha de­cla­ra­do a Co­lau per­so­na non gra­ta. Aún peor, una suer­te de ser des­pre­cia­ble, in­dig­na de la cau­sa y de de­fen­der a los pre­sos. Ese la­zo es un ges­to de afir­ma­ción de Co­lau, y una pro­fa­na­ción pa­ra los guar­dia­nes de las esen­cias. Com­pren­si­ble. Pe­ro ca­be re­cor­dar que no hay re­fu­gio en los sím­bo­los, so­lo tram­pas.

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