Zan­ca­di­llea­do en el des­pa­cho En su caí­da al pre­coz fut­bo­lis­ta, que su­mó tres Ba­lo­nes de Oro en los años 80

MI­CHEL PLA­TI­NI La tra­yec­to­ria ejem­plar que tra­zó en el cés­ped se en­su­ció cuan­do en­tró en el te­rreno de las in­tri­gas del po­der

El Periódico de Catalunya (Castellano) - - Deportes - JOAN DO­MÈ­NECH BAR­CE­LO­NA

Fue el pri­me­ro en ga­nar el Ba­lón de Oro tres ve­ces se­gui­das (an­tes de que na­cie­ra en Argentina el ex­tra­te­rres­tre, que lo ob­tu­vo en cua­tro), lo que prue­ba la ca­te­go­ría fut­bo­lís­ti­ca que te­nía Mi­chel Pla­ti­ni (Joeuf, Fran­cia, 21 de ju­nio de 1955). Lo que no man­chó el ba­rro de los cam­pos (cuan­do en los cam­pos ha­bía ba­rro) lo ha man­cha­do la su­cie­dad de los in­ma­cu­la­dos despachos que ha pi­sa­do, don­de se jue­gan los otros par­ti­dos.

Nin­gu­na pa­ta­da (cuan­do en los cam­pos ha­bía sal­va­jes) le ha

brá do­li­do tan­to co­mo las zan­ca­di­llas de los mo­ca­si­nes. Ni el es­ce­na­rio más atroz pue­de com­pa­rar­se con el de una co­mi­sa­ría ni se es­tá peor ro­dea­do que por po­li­cías. A ex­cep­ción, qui­zá de Clau­dio Gen­ti­le, del que se li­bró por­que fue com­pa­ñe­ro su­yo. Y a ex­cep­ción de Jo­seph Blat­ter, que mu­rió, me­ta­fó­ri­ca­men­te, ma­tán­do­le cuan­do pre­ten­día sus­ti­tuir­le en la ci­ma de la FIFA en el 2015. Des­pe­ña­do aca­bó Pla­ti­ni por la ju­ga­rre­ta del vie­jo man­da­más sui­zo (un pa­go de 1,8 millones por ase­so­ría de diez años an­tes) que le arras­tró cues­ta aba­jo en su caí­da.

Ca­mi­se­ta man­cha­da

La ca­mi­se­ta con el 10 que con tan­ta hon­ra por­tó con la Ju­ven­tus y la se­lec­ción fran­ce­sa se vio irre­me­dia­ble­men­te prin­ga­da por mu­cho que sea exo­ne­ra­do al­gún día por la jus­ti­cia. Pa­sar un día de­cla­ran­do an­te los in­ves­ti­ga­do­res fran­ce­ses so­bre su­pues­ta co­rrup­ción por la elección de Qa­tar pa­ra al­ber­gar el Mun­dial-2022 (Qa­tar arra­sa con to­do), re­me­mo­ró la caí­da en des­gra­cia de Pla­ti­ni pe­se a que en oc­tu­bre ven­cía su sus­pen­sión pa­ra ejer­cer cual­quier ac­ti­vi­dad vin­cu­la­da con el fút­bol. El de­sier­to se ha co­bra­do más vi­das que el Hi­ma­la­ya. Tam­bién ha que­da­do acre­di­ta­do el mal per­der de Es­ta­dos Uni­dos, que as­pi­ra­ba a or­ga­ni­zar el even­to y no pa­ra­rá has­ta co­brar­se unas cuan­tas víc­ti­mas.

Pre­coz co­mo fut­bo­lis­ta (de­bu­tó con 17 años en el Nancy), lo fue tam­bién co­mo di­ri­gen­te, a los 34, cuan­do en­tró en la Fe­de­ra­ción Fran­ce­sa. Entre medio, fue cam­peón de Se­gun­da Di­vi­sión y cam­peón de Copa con su pri­mer club (1975), de Li­ga con el Saint Etien­ne (81), de la Eu­ro­co­pa con Fran­cia (84) y de ca­si to­do con la Ju­ven­tus: de Li­ga (84, 86), de Copa (83), de la Copa de Eu­ro­pa (85), la Re­co­pa (84), la Su­per­co­pa de Eu­ro­pa (84) y la Copa In­ter­con­ti­nen­tal (85), épo­ca en la que en­ca­de­nó los tres Ba­lo­nes de Oro. Fue selecciona­dor fran­cés, pre­si­den­te del Co­mi­té or­ga­ni­za­dor del Mun­dial-98 y pre­si­den­te de la UEFA. Aho­ra es pre­sun­to al­go. Qué feo.

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