El Periódico Mediterráneo

Vertidos morales

- JUAN JOSÉ Millás* *Escritor

Uno ve un barco grande y no tiene ni idea de lo que lleva en sus bodegas. Pero si el barco se rompe, como ha sucedido en Gibraltar, y de la herida resultante sale una sangre negra, ya sabemos que lo que transporta­ba era petróleo. El petróleo, por su oscuridad, recuerda un poco al subconscie­nte. Tú ves a un tipo sentado en un bar y no tienes ni idea de lo que lleva dentro. Pero si accidental­mente se desinhibe un poco, puede salir de sus bodegas toda clase de materiales viscosos, capaces de arruinar su vida y la de quienes lo rodean. Significa que el subconscie­nte, como el petróleo, no debería tener fugas.

Los asuntos reprimidos que duermen en el fondo de la conciencia pueden manifestar­se de maneras sutiles. Yo tuve un jefe perverso que llevaba el subconscie­nte por fuera. Iba inundado de porquería el hombre, aunque nadie se daba cuenta porque actuaba con el sigilo del reptil. Hacía cosas feas, sí, pero al modo de los psicópatas, con una sonrisa en la boca y el nudo de la corbata en su lugar. No se reprimía, pero había en su «no reprimirse» un estilo tal que parecía lo contrario. De hecho, tenía fama de persona educada y tolerante porque manejaba muy bien la pala del pescado. Pero una pala de pescado bien empleada puede seccionart­e la yugular.

Hay épocas de la historia en las que el inconscien­te colectivo aflora a la superficie igual el intestino, en las hernias, escapa de la cavidad abdominal. Se llama protrusión, un término difícil de pronunciar porque define un suceso difícil de aceptar. En los debates parlamenta­rios hay más protrusión que discusión. Incluso viéndolos por la tele, se siente uno inundado de un chapapote verbal inmundo. Hay mucho chapapote en el ambiente, mucha materia oscura flotando en la atmósfera política y social y económica. Lo primero que conviene hacer para curar una hernia es introducir de nuevo la víscera saliente en su sitio y a continuaci­ón, con mucho cuidado, coser la musculatur­a que la sujetaba allí. Lo que ha nacido para estar dentro no debería estar fuera. El vertido de Gibraltar ya está arreglado porque los vertidos físicos son más fáciles de manejar que los morales. Pero los morales, a la larga, resultan aniquilado­res.

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