La ar­tis­ta Joa­na Vas­con­ce­los nos re­ci­be en su ca­sa de Lisboa, un re­fle­jo de su gran per­so­na­li­dad.

Can­gre­jos, ra­nas y la­gar­tos se pa­sean por las pa­re­des de la ca­sa de la ar­tis­ta Joa­na Vas­con­ce­los en Lisboa. Es­tos ani­ma­les de ce­rá­mi­ca, en­vuel­tos en co­lo­ris­tas re­des de gan­chi­llo, crean un ima­gi­na­rio su­rrea­lis­ta, que es so­lo una pe­que­ña par­te de la ex­tens

ELLE Decoration (Spain) - - Con­tents - FOTOS: PA­BLO SA­RA­BIA. TEX­TO: CRIS­TI­NA GI­MÉ­NEZ.

Vas­con­ce­los via­ja cons­tan­te­men­te pa­ra cum­plir com­pro­mi­sos pro­fe­sio­na­les con ga­le­rías de ar­te y mu­seos de to­do el mun­do. Su ex­po­si­ción “I’m your mi­rror” po­drá vi­si­tar­se en el Gug­gen­heim de Bil­bao has­ta el 11 de no­viem­bre.

En es­ta ca­sa cons­trui­da a fi­na­les de los años 70, fren­te a la desem­bo­ca­du­ra del Ta­jo, ha en­con­tra­do un lu­gar en el que de­jar per­der la mi­ra­da en el in­fi­ni­to. La vi­vien­da tie­ne un ai­re de ca­sa bra­si­le­ña, su ho­ri­zon­ta­li­dad y las lí­neas mo­der­nis­tas abra­zan el ex­te­rior, in­vi­tán­do­lo a en­trar en to­das las es­tan­cias. La ca­sa, en con­ti­nua trans­for­ma­ción, es una ex­ten­sión del es­tu­dio de la ar­tis­ta y fun­cio­na co­mo la­bo­ra­to­rio donde Vas­con­ce­los experimenta con sus obras an­tes de po­ner­las en cir­cu­la­ción en el mun­do. ¿Qué es lo que te cau­ti­vó de es­ta ca­sa? So­bre to­do que tie­ne un as­pec­to me­di­ta­ti­vo, que te lo da el ho­ri­zon­te, aquí la mi­ra­da no tie­ne lí­mi­tes. Es­ta­mos jus­to de­lan­te de la desem­bo­ca­du­ra del Ta­jo, en un punto en el que la ciu­dad des­apa­re­ce. Des­de aquí ha sa­li­do la his­to­ria de Por­tu­gal: la ar­ma­da por­tu­gue­sa, los des­cu­bri­mien­tos. En lí­nea rec­ta lle­gas a Man­hat­tan, pue­des ir al mun­do… La poética por­tu­gue­sa tie­ne mu­cho que ver con la idea del via­je. Una ex­po­si­ción es un via­je, en­la­za con la di­rec­ción que to­ma tu ima­gi­na­ción. Yo via­jo mu­cho por mi tra­ba­jo y cuan­do es­toy en ca­sa sien­to que és­te es mi puer­to, des­de aquí sal­go con mis obras y lle­go a nue­vos destinos, que son los puer­tos de la cul­tu­ra. Los mu­seos y las ga­le­rías son pun­tos de en­cuen­tro con otras cul­tu­ras y tam­bién de in­ter­cam­bio, de apren­di­za­je.

“Mi ca­sa es mi puer­to, des­de aquí via­jo y lle­go a nue­vos destinos, los mue­lles de la cul­tu­ra”

¿Qué as­pec­tos del jar­dín son los que te in­tere­san? Es­ta vi­vien­da tie­ne al­go de ca­sa de ve­ra­neo, en lo cual tie­ne gran in­fluen­cia la pre­sen­cia de la naturaleza. És­te era un jar­dín con­so­li­da­do cuan­do com­pré la ca­sa ha­ce cin­co años, y mu­chos de los ár­bo­les y plan­tas ya es­ta­ban, co­mo los na­ran­jos y li­mo­ne­ros. Es­tos cí­tri­cos for­man par­te de la tra­di­ción por­tu­gue­sa, son sím­bo­los de for­tu­na, po­der y ri­que­za. Por otra par­te, vi­vir con un jar­dín tam­bién ha si­do muy im­por­tan­te pa­ra mi tra­ba­jo. Aquí he po­di­do am­pliar mi obra y des­de que vi­vo en es­ta ca­sa ha­go más obra de ex­te­rior. Mu­chas es­cul­tu­ras las ins­ta­lo en el jar­dín tem­po­ral­men­te, me per­mi­te ver có­mo se re­la­cio­nan con lo que las ro­dea, có­mo se com­por­tan con el vien­to, con la llu­via, el sol… ¿Te con­si­de­ras una per­so­na do­més­ti­ca? Me in­tere­sa mu­cho ese te­rri­to­rio, mu­chas de mis obras tie­nen que ver con los ob­je­tos do­més­ti­cos y su re­con­tex­tua­li­za­ción en otra di­men­sión. En la ca­sa apren­dí co­sas de mi obra que son fun­da­men­ta­les pa­ra mi tra­ba­jo. ¿Qué te in­tere­sa en de­co­ra­ción? El interiorismo es una dis­ci­pli­na en la que hay que re­la­cio­nar mu­chas co­sas. El tra­ba­jo de los ar­tis­tas y los co­mi­sa­rios se ba­sa en es­ta­ble­cer una re­la­ción en­tre las obras y lo que las ro­dea. No es so­lo una re­la­ción fí­si­ca o es­té­ti­ca, sino tam­bién una re­la­ción con­cep­tual, intelectual, que bus­ca crear un dis­cur­so. Esa es la di­fe­ren­cia en­tre el co­mi­sa­rio o ar­tis­ta y el de­co­ra­dor. ¿Tie­nes un es­ti­lo en de­co­ra­ción? Es­ta ca­sa cam­bia con­ti­nua­men­te. Me gus­ta vi­vir con mis obras du­ran­te un tiempo, pues me per­mi­te ex­pe­ri­men­tar y dis­fru­tar de mi tra­ba­jo en un am­bien­te que no es pú­bli­co. Es­te jue­go de lo pú­bli­co y lo privado es­tá siem­pre pre­sen­te. Lo privado es mi ca­sa y lo pú­bli­co es mi vi­da en los mu­seos. Es­to da más pro­fun­di­dad a mi tra­ba­jo por­que me re­la­ciono con las obras en dis­tin­tos mo­men­tos del día.

“El ex­te­rior siem­pre es­tá pre­sen­te en ca­sa, el en­cuen­tro en­tre el río y el océano, en­tre la ciu­dad y el mar... en­tre lo cons­cien­te y lo in­cons­cien­te ”

Pue­do ver­las con di­fe­ren­te luz, en va­rios con­tex­tos, en fies­tas, con mu­cha gen­te, con po­ca… Y es in­tere­san­te oír los co­men­ta­rios de la gen­te que nos vi­si­ta. Re­sul­ta al­go así co­mo una de­co­ra­ción di­ná­mi­ca. ¿Cuál es tu me­to­do­lo­gía al abor­dar el interiorismo en ca­sa? No di­fie­re de una ex­po­si­ción. En am­bos ca­sos se pre­sen­ta un dis­cur­so en­tre vo­lú­me­nes y có­mo se re­la­cio­nan en­tre ellos. En una ex­po­si­ción, la obra com­par­te es­pa­cio con otras y con la ar­qui­tec­tu­ra que las ro­dea. En ca­sa in­ter­vie­nen ob­je­tos, mue­bles, co­lo­res, tex­ti­les... Al fin y al ca­bo, en los dos ca­sos se pre­sen­ta una com­po­si­ción de vo­lú­me­nes y co­lo­res. Es­ta ca­sa sirve de la­bo­ra­to­rio de ex­pe­rien­cias.

“A tra­vés de mi obra bus­co po­si­ti­var y reivin­di­car tan­to la ima­gen de lo por­tu­gués co­mo mi pro­pia iden­ti­dad

Es una ex­ten­sión del ta­ller, a una es­ca­la mas ín­ti­ma. La re­la­ción con los mue­bles es muy par­ti­cu­lar. Por ejem­plo, una cama es un vo­lu­men ho­ri­zon­tal muy gran­de, que com­pi­te con cualquier co­sa que ins­ta­las jun­to a ella, com­por­tán­do­se de un mo­do muy dis­tin­to al que lo ha­ce una si­lla, una có­mo­da o una me­sa. ¿Cuál es tu es­tan­cia fa­vo­ri­ta? La ver­dad es que de­pen­de mu­cho del mo­men­to. Me en­can­ta mi dor­mi­to­rio, es co­mo un sa­lón, pe­ro tam­bién me gus­ta mu­cho el ex­te­rior, un pe­que­ño pa­tio de al la­do de la co­ci­na… Hay op­cio­nes, no po­dría que­dar­me con uno so­lo. Lo que es im­por­tan­te pa­ra mí es que no me sien­to res­trin­gi­da. ¿Tra­ba­jas des­de ca­sa? En mi dor­mi­to­rio ten­go una me­sa de tra­ba­jo mi­ran­do al río. Me gus­ta di­bu­jar des­de la tranquilidad, con esa mi­ra­da al ho­ri­zon­te. ¿Cuá­les son tus ma­te­ria­les fa­vo­ri­tos? Aquí es­tá pre­sen­te la naturaleza, los ma­te­ria­les or­gá­ni­cos, los tex­ti­les, la ce­rá­mi­ca... to­dos ellos, ele­men­tos que in­ter­vie­nen en mi obra. Con la ce­rá­mi­ca ten­go una re­la­ción especial. A tra­vés de nues­tra ce­rá­mi­ca pue­des ha­cer un recorrido por la his­to­ria de Por­tu­gal y apre­ciar las dis­tin­tas in­fluen­cias y acon­te­ci­mien­tos.

La pa­sión por los te­ji­dos y bor­da­dos tra­di­cio­na­les por­tu­gue­ses es­tá tan pre­sen­te en su obra co­mo en su ca­sa. So­bre la cama, col­cha y al­moha­das rea­li­za­das en fiel­tro con una téc­ni­ca ca­si ex­tin­gui­da que se man­tie­ne ex­clu­si­va­men­te en el pue­blo de Ni­sa. El co­ra­zón que co­ro­na la cama es una obra de Vas­con­ce­los con re­cuer­dos de ami­gos y familiares. En su fa­mi­lia hay bas­tan­tes ar­tis­tas y es cos­tum­bre in­ter­cam­biar obras de ar­te co­mo re­ga­los en Na­vi­dad. ¿Qué pe­rio­dos del ar­te te in­tere­san más? To­dos pe­ro uno de los que más in­flu­ye en mi obra es el ba­rro­co. Es una pa­la­bra por­tu­gue­sa ( ba­rrô­co). Me ins­pi­ro mu­cho en los ma­te­ria­les de esa épo­ca: ma­de­ra, ta­llas do­ra­das, ce­rá­mi­ca, aun­que los uti­li­zo de una for­ma con­tem­po­rá­nea, tra­yen­do la tra­di­ción a la ac­tua­li­dad. ¿Có­mo te pre­pa­ras pa­ra el día a día? Prac­ti­qué ká­ra­te de los 8 a los 28 años (lle­gué a ser pro­fe­sio­nal). Te da un sen­ti­do de organización, de tra­ba­jo de equi­po y de per­se­ve­ran­cia. Pa­ra una com­pe­ti­ción, te pre­pa­ras mu­cho an­tes, igual que pa­ra la ex­po­si­ción en el Gug­gen­heim que em­pe­cé a pre­pa­rar ha­ce dos años. Me ha en­se­ña­do a man­te­ner un rit­mo, una idea y lle­gar a re­sul­ta­dos. En el mun­do del ar­te hay una com­pe­ti­ti­vi­dad muy al­ta. La Bie­nal de Ve­ne­cia son las Olim­pia­das del Ar­te.

En el mun­do del ar­te hay una com­pe­ti­ti­vi­dad muy al­ta. La Bie­nal de Ve­ne­cia son las Olim­pia­das del Ar­te”

Joa­na Vas­con­ce­los po­ne en va­lor con su tra­ba­jo ofi­cios y téc­ni­cas en desuso o co­mo la po­pu­lar téc­ni­ca del gan­chi­llo, que to­ma su ori­gen en el con­tex­to de lo do­més­ti­co for­man­do par­te de una tra­di­ción cul­tu­ral. En es­ta se­rie pre­sen­ta El­bes­tia­rio­de­por­ce­la­na de Bor­da­llo Pin­hei­ro, (lan­gos­tas, can­gre­jos, serpientes, ca­be­zas de ca­ba­llo o de to­ro...) cu­bier­tas de re­des de cro­chet, con las que do­mes­ti­ca a es­tas fie­ras, crean­do un ima­gi­na­rio su­rrea­lis­ta. Tí­tu­lo de la obra: Her­cu­lano, 2014.

En el dor­mi­to­rio, so­bre la có­mo­da da­ne­sa de los años 50, la obra Pi­ga­lle, 2011, com­bi­na si­nuo­sas for­mas te­ji­das con la­na usan­do la téc­ni­ca del gan­chi­llo, crean­do una ba­rro­ca com­po­si­ción de for­mas y co­lo­res. La ar­tis­ta po­sa sen­ta­da en un ban­co de cue­ro de los Ea­mes. De­trás, Ti­ger, obra de Ro­bert Lon­go y, a su la­do, lien­zo de Antonio Pa­lo­lo.

La li­nea­li­dad de la ca­sa acom­pa­ña el ho­ri­zon­te. El jar­dín y la pis­ci­na le dan un ai­re de ca­sa ve­ra­nie­ga. Tem­po­ral­men­te se ins­ta­lan es­cul­tu­ras de ex­te­rior pa­ra probar la es­ca­la y su re­la­ción con los ele­men­tos que la ro­dean. Obra Fon­ta­ne­la­ver­mel­ha[red­fon­ta­ne­la], 1999, rea­li­za­da en fibra de vi­drio. Un de­ta­lle de la es­tan­te­ría del sa­lón (ima­gen de arri­ba, a la de­re­cha): pe­que­ños ob­je­tos de ce­rá­mi­ca que Joa­na co­lec­cio­na de las tien­das de los mu­seos que vi­si­ta; fo­to­gra­fía de Vas­con­ce­los cuan­do era pe­que­ña; pin­tu­ra de su abue­la, (que em­pe­zó a pin­tar cuan­do se que­dó viu­da) y un di­bu­jo de su ma­dre, que es­tu­dió interiorismo.

Mu­chas de sus obras, (arri­ba, a la iz­da.), son fun­cio­na­les co­mo la lám­pa­ra es­cul­tu­ra Ru­bra, 2016, en cris­tal de Mu­rano; de­lan­te, ja­rrón de Bor­da­llo Pin­hei­ro y chai­se­lon­gue LC4, de Le Cor­bu­sier. Jun­to a una obra de Vic­tor Va­sa­rely, (iz­da.), la­gar­to Al­cân­ta­ra, 2008, de Vas­con­ce­los, una de las mu­chas pie­zas en la que in­te­gra por­ce­la­nas de la fir­ma por­tu­gue­sa Bor­da­llo Pin­hei­ro por las que sien­te pa­sión. En el sa­lón, (so­bre es­tas lí­neas), la ar­tis­ta po­sa con ves­ti­do y cha­que­ta de Is­sey Mi­ya­ke, uno de sus di­se­ña­do­res fa­vo­ri­tos. “Me en­can­ta Mi­ya­ke, siem­pre me lle­vo al­gu­nos en los via­jes, ade­más de ser có­mo­dos y ale­gres, sa­len de la ma­le­ta im­pe­ca­bles”. Al la­do, la obra Mag­ma, (2015), con azu­le­jos.

Tea­tra­li­dad y color inun­dan la ca­sa de Joa­na Vas­con­ce­los. En el co­me­dor creó un am­bien­te re­co­gi­do con unas grue­sas cortinas que lo se­pa­ran del sa­lón. La es­cul­tu­ra Mag­ma, 2015, es una mues­tra de la ri­que­za de ma­te­ria­les que in­te­gran su obra.

Los can­gre­jos van y vie­nen de pa­seo por el co­me­dor de su ca­sa. “És­te es nue­vo, se lla­ma Ro­sa­li­na. An­tes ha­bía uno ne­gro y pre­via­men­te hu­bo otro blan­co. Me gus­ta vi­vir con ellos du­ran­te un tiempo pues me per­mi­te ex­pe­ri­men­tar y ver có­mo fun­cio­nan”. La va­ji­lla es una edi­ción especial pro­du­ci­da por Vis­ta Ale­gre, con di­se­ño su­yo, pa­ra la ce­na de inau­gu­ra­ción de su ex­po­si­ción en el Pa­la­cio de Ver­sa­lles. An­tes que ella, tam­bién fue­ron in­vi­ta­dos a ex­po­ner allí Jeff Koons y Ta­kas­hi Mu­ra­ka­mi.

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