Un re­loj de Ome­ga y una ‘su­per­top’ por la que no pa­sa el tiem­po.

Nos reuni­mos con una ESTRELLA del fir­ma­men­to de las su­per­mo­de­los pa­ra co­no­cer la co­lec­ción ‘Cons­te­lla­tion Man­hat­tan’, de Ome­ga, y pa­ra­mos el re­loj pa­ra ha­blar con la ‘top’ so­bre la fa­mi­lia y el con­cep­to de atem­po­ra­li­dad.

ELLE (Spain) - - SUMMARIO - POR LAU­RA SOMOZA

«EL TIEM­PO HAY QUE VALORARLO Y SABER INVERTIRLO, POR­QUE NO SE RECUPERA»

Cindy Craw­ford (Illi­nois, 1966) no es só­lo una mujer Ome­ga: es tam­bién la me­jor em­ba­ja­do­ra de la fir­ma des­de que es­ta le dio la bien­ve­ni­da en 1995: «Es un ho­nor lle­var más tiem­po ca­sa­da con Ome­ga que con mi ma­ri­do –ríe la top–, ¡y nun­ca nos he­mos pe­lea­do! Bromeo: Ran­de –Ger­ber, al que se unió en 1998– es mi prín­ci­pe azul. Lo que más me gus­ta de mi re­la­ción con la en­se­ña es que em­pe­cé con ella cuan­do era joven y ha con­ti­nua­do con­mi­go. Sí, ha res­pe­ta­do mi ma­du­rez. Ade­más, apre­cio su es­pí­ri­tu fi­lan­tró­pi­co, ese que los ha lle­va­do a com­pro­me­ter­se con di­fe­ren­tes cau­sas so­li­da­rias –des­de 2011 co­la­bo­ran con Or­bis In­ter­na­tio­nal–; me sien­to una pri­vi­le­gia­da por ha­ber po­di­do re­co­rrer mun­do a su la­do». Es­ta vez el des­tino es Shang­hái, ciu­dad ele­gi­da por Ome­ga pa­ra el lan­za­mien­to de su co­lec­ción Cons­te­lla­tion Man­hat­tan, en la que han vis­to la luz 101 nue­vos mo­de­los fe­me­ni­nos, pie­zas que con­ser­van la iden­ti­dad del icó­ni­co di­se­ño ori­gi­nal pe­ro con in­no­va­cio­nes: co­lo­res de es­fe­ra di­fe­ren­tes, co­mo el azul y el cas­ta­ño con ce­pi­lla­do so­lar; bor­des bi­se­la­dos, di­ver­sos es­ti­los de bra­za­le­tes deluxe... «Me pa­re­ce una pro­pues­ta muy fe­me­ni­na, ele­gan­te y atem­po­ral. Más que re­lo­jes, son jo­yas que pue­des lle­var día y no­che. Me en­can­ta la for­ma que la ca­sa tie­ne de rein­ven­tar­se a sí mis­ma». Y es que, pa­ra Cindy, la lí­nea Cons­te­lla­tion, crea­da en 1952, po­see un va­lor muy es­pe­cial, que va más allá del di­se­ño. «Mi pri­me­ra cam­pa­ña con Ome­ga fue con mo­ti­vo del re­lan­za­mien­to de Cons­te­lla­tion, en 1995, con el fo­tó­gra­fo Herb Ritts. En aquel mo­men­to sen­tí que nues­tros va­lo­res de mar­ca eran los mis­mos y que, tras la pri­me­ra ci­ta –suel­ta una car­ca­ja­da–, la re­la­ción iba pa­ra ra­to». Con­fie­sa que, a lo lar­go de es­tos años, ha ate­so­ra­do más de 15 re­lo­jes Ome­ga, en­tre los que, apar­te del que sir­vió pa­ra se­llar su co­la­bo­ra­ción, des­ta­ca el Sea­mas­ter. Y, si en las fa­mi­lias los re­lo­jes sal­tan de ge­ne­ra­ción en ge­ne­ra­ción, en el ca­so de Cindy ocu­rre lo mis­mo con las cam­pa­ñas. Así, en 2017 sus hi­jos, Kaia y Pres­ley, pa­sa­ron a for­mar par­te de las fi­las de la compañía co­mo ima­gen. Y Cons­te­lla­tion Man­hat­tan se dio a co­no­cer con una ins­tan­tá­nea de la fa­mi­lia al com­ple­to (Ri­chard in­clui­do). «Mu­chas em­pre­sas tra­tan de con­tar his­to­rias que no son creí­bles; sin em­bar­go, la nues­tra es real: mis hi­jos han cre­ci­do for­man­do par­te de Ome­ga. To­do tie­ne sen­ti­do. Ado­ro la ima­gen por­que mi fa­mi­lia ya es par­te de es­ta otra fa­mi­lia. El tiem­po es el ma­yor lu­jo –con­ti­núa–; re­sul­ta im­po­si­ble com­prar­lo y vol­ver atrás, y es lo úni­co que no ad­qui­ri­mos con los años. Por eso con la ma­du­rez he apren­di­do a invertirlo y a va­lo­rar la ca­li­dad de ca­da ins­tan­te. Mi ma­yor fe­li­ci­dad es es­tar en la pla­ya de Ma­li­bú, mi ho­gar, con los míos». Sí, en su es­ta­do natural. «Ja­más pien­so en mí co­mo una estrella. Me le­van­to por la ma­ña­na y ha­go mi tra­ba­jo, el que sea ese día. Hay una idea de la gen­te acer­ca de la mo­de­lo Cindy Craw­ford, pe­ro yo tra­ba­jo pa­ra ella. Y el equi­po con el que es­té en ese mo­men­to tam­bién. Tra­ba­ja­mos pa­ra Cindy Craw­ford».

Cindy Craw­ford y su hi­ja, Kaia Ger­ber

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