Re­bel­de y li­bre, así es la ‘chi­ca del ca­ble’ Ana Fer­nán­dez.

Su pa­pel en ‘Las chi­cas del ca­ble’ la ha ca­ta­pul­ta­do al éxi­to den­tro y fue­ra de nues­tras fron­te­ras. La ac­triz es un es­pí­ri­tu LI­BRE que res­pi­ra re­bel­día y sin­ce­ri­dad. Ha­bla­mos con ella al calor de la chi­me­nea.

ELLE (Spain) - - SUMMARIO - POR MARÍA LAUTENSCHLAEGER. FO­TOS: MA­RIO SIE­RRA. REA­LI­ZA­CIÓN: SYLVIA MONTOLIÚ

Ana Fer­nán­dez (Ma­drid, 1989) es un tor­be­llino. O, co­mo ella mis­ma di­ce, «chi­qui­ti­ta, ru­bi­ta y ra­bio­sa», igual que la Cam­pa­ni­lla que lle­va ta­tua­da en la es­pal­da. Se no­tan el ca­rác­ter y la fuer­za en cuan­to la ac­triz cru­za la puer­ta de la ca­ba­ña en la que he­mos or­ga­ni­za­do la se­sión. Es pura ener­gía, una mez­cla ex­plo­si­va de fe­mi­ni­dad, op­ti­mis­mo y re­bel­día. Qui­zá por eso se ha­ya con­ver­ti­do en una ex­per­ta a la hora de in­ter­pre­tar a per­so­na­jes con ca­rác­ter, des­de la So­fía de Cues­tión de se­xo has­ta la San­dra de Los pro­te­gi­dos, la se­rie que le con­ce­dió la po­pu­la­ri­dad. Hoy es re­co­no­ci­da gra­cias a su bri­llan­te in­ter­pre­ta­ción de Car­lo­ta Ro­drí­guez de Se­ni­llo­sa en Las chi­cas del ca­ble, con quien com­par­te una só­li­da in­de­pen­den­cia y una fuer­te per­so­na­li­dad, vir­tu­des de las que ha­ce ga­la en ca­da res­pues­ta de la en­tre­vis­ta. Ana ha­bla sin ta­pu­jos tan­to de su profesión co­mo de su vi­da jun­to a Adrián Ro­ma, can­tan­te del gru­po Mar­lon. Por en­ci­ma de to­do, tie­ne las co­sas cla­ras.

¿Cómo es Ana Fer­nán­dez?

Se­gún pa­san los años, voy te­nien­do más aris­tas. Con­for­me cre­ce­mos, des­cu­bri­mos nue­vas fa­ce­tas, y yo estoy en ese pro­ce­so. Tal vez sea por­que me acer­co a la dé­ca­da de los 30 y me en­cuen­tro en una es­pe­cie de re­vo­lu­ción in­ter­na. Em­pe­zas­te a es­tu­diar in­ter­pre­ta­ción muy joven, a los 14 años. ¿Tan cla­ra era tu vo­ca­ción de ac­triz?

No. Só­lo sa­bía que me lo pa­sa­ba muy bien y que me ayu­da­ba a afron­tar cier­tos te­mas de mi preado­les­cen­cia;

es una épo­ca com­pli­ca­da pa­ra to­dos, y a mí me to­có en­fren­tar­me con los com­pa­ñe­ros que se me­tían con­mi­go por ser más ba­ji­ta. So­bre el es­ce­na­rio me sen­tía muy li­bre y, de al­gu­na for­ma, per­dí ese mie­do. Al prin­ci­pio, no me lo plan­teé co­mo un tra­ba­jo. Sa­lió po­co a po­co.

Des­pués de Los pro­te­gi­dos pa­sas­te una tem­po­ra­da sin pro­yec­tos. ¿Apren­dis­te al­go de aque­llo?

Sí, mu­cho, per­so­nal y la­bo­ral­men­te. Por ejem­plo, a va­lo­rar los mo­men­tos en los que es­tás tra­ba­jan­do, a no te­ner mie­do a de­cir las co­sas y, so­bre to­do, que es fun­da­men­tal en­con­trar un equi­li­brio en­tre tu fa­ce­ta pri­va­da y tu ca­rre­ra.

Sin em­bar­go, aho­ra vi­ves el éxi­to de Las chi­cas del ca­ble. ¿Qué ha su­pues­to la se­rie pa­ra ti? Fue la pri­me­ra pro­duc­ción de Net­flix en Es­pa­ña, y, cuan­do em­pe­za­mos, éra­mos unos no­va­tos: el ni­vel de pro­mo­ción nos sor­pren­dió mu­cho. Lo que más va­lo­ro es no te­ner que es­tar ago­bia­da por las au­dien­cias o por que pue­dan can­ce­lar el pro­yec­to. Y, por su­pues­to, abre un mon­tón de puer­tas. An­tes eras co­no­ci­do en tu país; aho­ra lle­vas tu car­ta de pre­sen­ta­ción por to­do el mun­do.

Con la pro­yec­ción in­ter­na­cio­nal que apor­tan las pla­ta­for­mas así, ¿te plan­teas dar el sal­to a Holly­wood?

Es que ya no hay un sal­to. No exis­ten las fron­te­ras. Una vez que es­tás en el círcu­lo de Net­flix, te pue­den lla­mar pa­ra un cas­ting pa­ra Nar­cos o The Crown, por ejem­plo. Es más, cuan­do es­tu­vi­mos en sus ofi­ci­nas, en Los Án­ge­les, nos pre­gun­ta­ron: «Des­pués de Las chi­cas del ca­ble, ¿qué os ape­te­ce ha­cer?». Y eso no lo ha­bía oí­do nun­ca.

¿Qué fa­ce­tas com­par­tes con tu personaje, Car­lo­ta?

Una for­ta­le­za y una re­bel­día que mu­chas ve­ces no se en­tien­den. La gen­te sue­le em­pa­ti­zar con fi­gu­ras más dé­bi­les o sen­si­bles. Car­lo­ta no es así, yo tam­po­co. En ese as­pec­to, a ve­ces he per­ci­bi­do cier­ta in­com­pren­sión por ser di­rec­ta y de­cir lo que pien­so. Y, de re­pen­te, ver que ella es uno de los per­so­na­jes más que­ri­dos pre­ci­sa­men­te por eso me ha­ce sen­tir­me apo­ya­da, me­nos so­la en mu­chos mo­men­tos.

Tam­bién te ha con­ver­ti­do en un icono pa­ra las per­so­nas LGTBI. ¿Cómo lle­vas esa res­pon­sa­bi­li­dad?

Es de agra­de­cer ver que vamos evo­lu­cio­nan­do. Que ha­ya ca­da vez más per­so­na­jes ho­mo­se­xua­les en la fic­ción, es­pe­cial­men­te en pla­ta­for­mas que lle­gan a tan­tos paí­ses –in­clui­dos si­tios don­de aún exis­te dis­cri­mi­na­ción–, es fan­tás­ti­co.

Car­lo­ta es una gran fe­mi­nis­ta. ¿Tú tam­bién?

(Asien­te con fir­me­za). Se­ría pa­ra de­di­car­le una en­tre­vis­ta en­te­ra só­lo al te­ma... Exis­te tan­to de­ba­te que siem­pre que una ac­triz se pro­nun­cia so­bre ello sur­ge con­tro­ver­sia. Ya da co­mo mie­do opi­nar. Lo que es­tá cla­ro es que, du­ran­te to­da la his­to­ria, se ha pro­du­ci­do una ofen­sa sis­te­má­ti­ca ha­cia la mujer. Creo que ese tra­to siem­pre ha si­do, en

par­te, por te­mor: cuan­do tie­nes mie­do, ata­cas. Por lo tan­to, que aho­ra se ha­ya desata­do es­ta re­vo­lu­ción me pa­re­ce al­go ma­ra­vi­llo­so, y oja­lá con­si­ga­mos avan­zar. De­be­mos em­pe­zar por res­pe­tar­nos en­tre las mu­je­res, que so­mos las pri­me­ras que nos pi­sa­mos con­ti­nua­men­te. Tam­bién en­cuen­tro cla­ve la edu­ca­ción: ne­ce­si­ta­mos tra­ba­jar el te­ma des­de ni­ños. Por su­pues­to, los per­so­na­jes pú­bli­cos te­ne­mos una gran res­pon­sa­bi­li­dad. Sin em­bar­go, pa­re­ce que las re­des so­cia­les es­tán es­pe­ran­do a que di­gas al­go, aun­que sea mí­ni­mo, pa­ra ma­cha­car­te. Y tam­bién so­mos se­res hu­ma­nos: den­tro de una con­ver­sa­ción pue­des ex­pre­sar­te mal, por ejem­plo. Al fi­nal, lo que se va a con­se­guir es que pre­fi­ra­mos ca­llar­nos. Co­mo au­to­crí­ti­ca, aña­di­ré que pien­so que, cuan­do opi­ne­mos, lo me­jor se­rá que lo ha­ga­mos con pro­pie­dad, sien­do cons­cien­tes de que lo que de­ci­mos pue­de lle­gar a mu­cha gen­te.

Mu­chas ac­tri­ces se han que­ja­do de si­tua­cio­nes de de­sigual­dad. ¿Es tu ca­so? Co­mo en to­dos los tra­ba­jos, exis­ten di­fe­ren­cias. Por ejem­plo, sa­la­ria­les. El sal­to en el ca­so de los hom­bres se pro­du­ce mu­cho más rá­pi­do; no­so­tras te­ne­mos que cu­rrár­nos­lo más y, a ve­ces, in­clu­so pa­re­ce que hay que dar las gra­cias.

Tú no has pa­ra­do. Aho­ra em­pie­zas a ro­dar con Jo­sé Luis Gar­ci.

Sí, la pre­cue­la de El crack. Me asus­ta­ba no po­der com­pa­ti­bi­li­zar­lo con Las chi­cas del ca­ble, pe­ro es un personaje pe­que­ño. Ha­cer ci­ne y que en­ci­ma sea con es­ta emi­nen­cia... No pue­des de­cir que no.

Te has atre­vi­do con un dúo mu­si­cal con tu chi­co. ¿Cómo fue la ex­pe­rien­cia?

Su­ce­dió por ca­sua­li­dad. Cuan­do com­po­ne, me pi­de que le ha­ga los co­ros. Un día me di­jo: «¿Y si can­tas tú una par­te?».

¿Te has plan­tea­do de­di­car­te a ello?

Nun­ca se sa­be. Al fi­nal, es otra fa­ce­ta ar­tís­ti­ca, y ten­go un mú­si­co y com­po­si­tor en ca­sa, con un mi­cro a mi dis­po­si­ción (ri­sas).

¿Qué des­ta­ca­rías de Adrián?

Lo pa­sa­mos muy bien jun­tos, nos reí­mos mu­cho. Y eso, a ve­ces, cuan­do ter­mi­na la lu­na de miel ini­cial, no re­sul­ta na­da fá­cil.

“Siem­pre que una ac­triz ha­bla de fe­mi­nis­mo se crea con­tro­ver­sia. Pa­re­ce que las re­des so­cia­les es­tán es­pe­ran­do a que co­me­tas el mí­ni­mo error pa­ra ma­cha­car­te

¿Qué te pre­gun­ta­rías a ti mis­ma?

¡Si me va a du­rar mu­cho más tiem­po es­ta es­pe­cie de cri­sis hor­mo­nal de los 30! (Ri­sas). La ver­dad es que hay mo­men­tos en los que no me aguan­to ni yo.

¿Con qué sue­ña Ana Fer­nán­dez?

Con es­tar mu­cho tiem­po en la ca­si­ta a la que nos he­mos mu­da­do, que es ma­ra­vi­llo­sa. Con tra­ba­jar mu­cho –pa­ra po­der pa­gar la ca­sa, cla­ro– y, an­tes de pa­sar a la fa­se de re­pro­duc­ción (ri­sas), via­jar a un par de si­tios, lan­zar­me a la aven­tu­ra con Adrián. En lo pro­fe­sio­nal, uno de mis de­seos es do­blar una pe­lí­cu­la de di­bu­jos ani­ma­dos. Pe­ro es un círcu­lo muy ce­rra­do, en el que no hay cas­tings: te lla­man di­rec­ta­men­te. Siem­pre he pues­to vo­ces y me en­can­ta­ría pro­bar. Se­ría ge­nial. ■

Jer­sey de Iro y bra­gui­ta de se­da de Oys­ho. Las man­tas y las al­fom­bras son de Za­ra Ho­me.

Jer­sey de Levi’s y pa­ñue­lo de se­da al cue­llo de Her­mès.

SI QUIE­RES VER ELVÍDEO DE LA PRO­DUC­CIÓN, ENTRA EN www.elle.es Jer­sey de John Rich­mond y cal­ce­ti­nes de Birkenstock. Las man­tas y al­fom­bras son de Za­ra Ho­me.

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