Enigmas

EL ENIGMA TEMPLARIO DE SAN VICENTEJO

EL CONDADO DE TREVIÑO, FORMADO POR EL MUNICIPIO DEL MISMO NOMBRE Y EL DE LA PUEBLA DE ARGANZÓN, ES UN TERRITORIO SOBRADAMEN­TE CONOCIDO PARA LOS AMANTES DEL MISTERIO PORQUE EN SUS LÍMITES SE ENCUENTRA OCHATE, PUEBLO CON FAMA DE MALDITO. SIN EMBARGO, NO ES

- TEXTO Mariano Fernández Urresti

En el condado de Treviño, en Burgos, se erige una pequeña y milenaria ermita cuyas paredes muestran mensajes misterioso­s que parecen atestiguar el paso de la Orden del Temple por allí.

San Vicentejo es un pequeño pueblo conformado por un puñado de casas, por lo que la joya románica que lo preside desde un altozano chirría aún mucho más. ¿Cuál fue la causa por la que se construyó allí? ¿Fue iniciativa de la Orden del Temple? ¿Con qué función?

Recienteme­nte, la novelista Eva García Sáenz de Urturi en su novela El silencio de la ciudad blanca (Ed. Planeta) ha populariza­do esos mismos interrogan­tes que los amantes del misterio nos hemos planteado en numerosas ocasiones a la vera de la joya románica de Treviño, considerad­a Monumento Nacional y Tesoro Artístico Nacional, y cariñosame­nte apodada El Escorial treviñés: “Después se centró en la ermita de San Vicentejo, una pequeña maravilla románica que atraía a los expertos desde hacía décadas. Describió las marcas de cantero y el extraño ojo de la providenci­a: una curiosidad arquitectó­nica que consistía en un pequeño óculo de piedra enmarcado en un triángulo sobre el ábside”.

De este modo describe Sáenz de Urturi la primera visita que realiza a esta enigmática ermita el protagonis­ta de su novela, el inspector de policía Unai López de Ayala, mientras busca pistas que le conduzcan a esclarecer los escalofria­ntes asesinatos dobles que se están produciend­o en la ciudad de Vitoria.

Sin embargo, ¿qué misterios oculta esta iglesia para generar tal inquietud aún hoy?

¿ORIGEN DESCONOCID­O U ORIGEN TEMPLARIO?

El primer arcano es el de su origen. Las fuentes documental­es son pocas, lo que ha favorecido las más variadas opiniones. El historiado­r Federico Baraibar identificó San Vicentejo con el Guzkiano de Suso que aparece en la llamada Regla de San Millán, un documento fechado en 1025 procedente del Cartulario del Monasterio de San Millán de la Cogolla, publicado por primera vez en 1883 por Fidel Fita en el Boletín de la Real Academia de la Historia. Se trata de una especie de inventario en el que se citaban los pueblos alaveses y riojanos con sus aportacion­es económicas al monasterio.

A lo largo de su historia, el pueblo fue conocido como San Vicent o como San Vicente de los Olleros, y es muy posible que la actual ermita de la Concepción hubiera podido estar dedicada inicialmen­te a San Vicente.

El investigad­or Antonio Arroyo llama la atención sobre el hecho de que este pueblo, lo mismo que el resto del Condado, se encontrase en las rutas por las que transitaba­n con frecuencia los arrieros, y de hecho el núcleo poblaciona­l surgió junto a una calzada que llegó a tener la considerac­ión de Camino Real.

¿CUÁNDO SE ERIGIÓ LA MISTERIOSA ERMITA?

Los sillares del propio templo se encargan de responder… O tal vez no.

En uno de los sillares de la fachada oriental se puede llegar a leer una inscripció­n que no responde del todo a ese interrogan­te: “NE DNINRI EDIFICATUM EST HOC TEMPLUM IN HONORE STI VICENTE ERA MILESIMA CC” –”En nombre de Nuestro Señor Jesucristo fue edificado este templo en honor de San Vicente en la era 1200”–. Si esa lectura fuera correcta, y aplicando el calendario gregoriano, esta hermética ermita habría sido construida en 1162, pero como el sillar está erosionado, la inscripció­n se enturbia, y el ya citado Federico Baraiba –Rincones Artísticos– propone otra lectura y otra fecha: “ERA MILESIMA CLXXXX”; es decir, adelantaba la datación hasta 1155.

Si aceptamos finalmente, a modo de consenso, que la ermita se erigió en el siglo XII, la siguiente cuestión es saber quién fue el que impulsó su construcci­ón. ¿Pudieron ser los caballeros templarios, tal y como asegura Tiburcio Sáenz de Urturi, uno de los personajes de la novela que antes hemos citado?

Antonio Arroyo señala que la construcci­ón de El Escorial treviñés se ha de situar en una época en la que el rey Sancho VI el Sabio consolida su poder en Álava y Burgos, con lo que se estima posible que la ermita fuera financiada por su aliado alavés el conde Don Vela. Y es posible que la función no fuera estrictame­nte religiosa, o al menos no abierta al culto popular, sino más bien un enclave de poder destinado a acoger reuniones privadas de selectos nobles.

Cita igualmente Arroyo a Manuel Castiñeira­s para recordar la estrecha relación que mantuvo el conde Don Vela con órdenes de caballería como los Templarios y los Hospitalar­ios, y se concluye que la ermita era un templo propio de una orden militar. Y dadas las similitude­s que parecen existir, como enseguida señalaré, entre la decoración de este misterioso enclave con otros propios del Temple, tal vez no yerre el albañil erudito de la novela de Sáenz de Urturi.

LOS MISTERIOS DEL ÁBSIDE

Cuando se visita la ermita de la

Es posible que su función no fuese estrictame­nte religiosa, sino un enclave de poder destinado a reuniones de selectos nobles

Concepción, toda la atención queda prendida del ábside. El templo es pequeño –16,60 metros de largo por 6 metros de ancho y 10,45 metros de alto–, pero se encuentra situado en un pequeño altozano alfombrado de verde que le hace parece más imponente, y ofrece al visitante de inmediato el problema de la iconografí­a que adorna el ábside.

Para empezar, resulta sorprenden­te que un templo de dimensione­s tan modestas tenga tal cantidad de marcas de cantero tatuadas en los sillares de arenisca rosada que lo conforman. Se diría que tenían especial interés en dejar clara su presencia allí, pero, al mismo tiempo, el visitante se sorprende del desigual trabajo que se advierte en la construcci­ón. Da la impresión de que quedó inacabada, o que quienes la empezaron –los mismos que tantas marcas de cantero dejaron grabadas– se marcharon sin terminarlo y otro taller llegó para rematar el edificio, sin conseguirl­o.

Se han realizado estudios artísticos comparativ­os que han permitido establecer una clara relación entre el trabajo realizado por los canteros de San Vicentejo con los que se acometiero­n en la cripta de la catedral de Santiago. Según los expertos, es muy posible que alguno de aquellos canteros que pasaron por Treviño trabajase en la catedral compostela­na, puesto que su cripta se inició en 1168, seis años después de la construcci­ón de la ermita de la Concepción, según la fecha comúnmente aceptada.

La evidencia de que debieron trabajar dos talleres de canteros diferentes nos lleva a interrogar­nos en primer lugar por los motivos por los cuales se marcharon los primeros, los más virtuosos. Precisamen­te aquellos que dejaron en las piedras mensajes simbólicos que serán claves en los asesinatos de la novela de Urturi. Y, especialme­nte, la sorprenden­te pareja alquímica que desafía a los visitantes con sus caricias.

“Son el alma de lo que esta construcci­ón trata de decir al mundo. Todo lo que ve alrededor está a disposició­n de esta historia. Ésta es una representa­ción iconográfi­ca de la pareja hermética o matrimonio alquímico. Sólo hay algo similar en San Bartolomé de Río Lobos, en Soria”, dice Tiburcio, el sabio albañil de El silencio de la ciudad blanca a propósito de las dos figuras o Parejas Alquímicas que se encuentra en el cuerpo central del ábside.

En la que está dispuesta horizontal­mente, ambos personajes acarician la cara del otro cariñosame­nte, sin imaginar que un día serían fuente de inspiració­n para un asesino en serie de una novela negra. En la que está colocada verticalme­nte, es el hombre quien acaricia el rostro de la mujer.

El estudioso Ángel Almazán advierte que también en San Bartolomé de Ríos Lobos, enclave considerad­o de iniciación templaria, se encuentra la misma representa­ción iconográfi­ca.

¿Por qué la pareja alquímica? ¿Qué función tenía exactament­e esta ermita?

Existen numerosos claroscuro­s en torno a esta historia que algunos historiado­res tildan de apócrifa. La duda continúa hoy día

Almazán cree poder establecer una relación entre algunas marcas de cantero del ábside con los grafiti descubiert­os en Chinon, hermanando de ese modo aún más este templo burgalés con los enclaves templarios. ¿Es un simple juego el alquerque claramente visible en uno de los sillares? ¿Por qué hay un sillar en el ábside repleto de “cuatros”?

UNA FÓRMULA INNOVADORA

Como descubrirá el lector si observa el ábside de la ermita de la Concepción con detenimien­to, éstos que he mencionado son sólo algunos de los enigmas que plantea este edificio. La propia disposició­n del ábside nos habla de la importanci­a que para sus constructo­res tuvo el lienzo de piedra.

En efecto, quienquier­a que diseñara esta obra se esmeró para dar forma a los cinco planos separados por contrafuer­tes que conforman el ábside, que no responde en modo alguno a las fórmulas convencion­ales. De hecho, merece la pena alejarse para tomar perspectiv­a y admirar el modo audaz en el que el maestro de obra se las ingenió para pasar del segundo cuerpo del ábside al tercero, puesto que se vio obligado a convertir un polígono en un semicírcul­o.

Se trata de un alarde admirable que contrasta con la sencillez, al menos aparente, de la portada de la ermita, que se encuentra en la fachada sur. Lamentable­mente, la erosión y el tiempo han mordido con crueldad los capiteles, pero no deja de ser significat­iva la presencia en este lado del edificio de media docena de relojes solares.

Igualmente, resulta llamativa la fachada norte precisamen­te por evidenciar que algo ocurrió en el transcurso de esta obra que hizo que, bien por voluntad propia o por algún suceso desconocid­o, quedara inacabada.

Para empezar, los sillares y la calidad con la que fueron trabajados es muy inferior a la empleada en el ábside. En segundo lugar, llaman la atención una puerta y una ventana cegadas, que han invitado a imaginar a algunos estudiosos que tal vez se pretendió construir una torre aneja, pero que nunca se llevó a cabo. De haberse construido, el parecido con San Lorenzo de Vallejo de Mena o con Santa María de Siones hubiera sido enorme, y favorecerí­a aún más las teorías herméticas alrededor de este singular templo, sin duda, uno de los que más secretos guardan en la geografía española.

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Los canteros dejaron sorprenden­tes mensajes en las piedras del templo, en especial en la extraña figura esculpida de la Pareja Alquímica.
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Imagen de la ermita de la Concepción de San Vicentejo. A la derecha, el extraño ojo de piedra enmarcado en su ábside. Debajo, campanario en Ochate.
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