EL MI­TO DE LAS EDA­DES

Enigmas - - APÓCRIFA -

La más an­ti­gua es una do­ra­da es­tir­pe de hom­bres mor­ta­les que vi­vían co­mo dio­ses. No se can­sa­ban y no en­ve­je­cían. Te­nían nu­me­ro­sos de­lei­tes y su muer­te era co­mo su­mir­se en un sue­ño.

La se­gun­da ra­za que crea­ron los dio­ses fue la de pla­ta. Vi­vían en in­ma­du­rez mu­chos años. No da­ban cul­to ade­cua­do a los dio­ses y “más tar­de los hun­dió Zeus por­que no da­ban las hon­ras de­bi­das”.

Lue­go, Zeus creó la es­tir­pe del bron­ce, for­ma­da de gen­te te­rri­ble y vi­go­ro­sa. Só­lo les in­tere­sa­ba la gue­rra. A pe­sar de ser se­res tre­men­dos, se ex­tin­guie­ron víc­ti­mas de sus pro­pias ma­nos.

Hu­bo una cuar­ta es­tir­pe, jus­ta y vir­tuo­sa, la de los hé­roes y se­mi­dio­ses. Pre­ce­die­ron a los hu­ma­nos y al­gu­nos mu­rie­ron y otros fue­ron apar­ta­dos de los hom­bres.

Fi­nal­men­te, Zeus creó una quin­ta es­tir­pe, la de los hom­bres que exis­ten hoy so­bre la tie­rra. Es la es­tir­pe del hie­rro, siem­pre lle­nos de fa­ti­gas y mi­se­rias, aun­que tam­bién go­zan de al­gu­nas ale­grías.

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