To­ni Ser­vi­llo

PO­SI­BLE­MEN­TE EL ME­JOR AC­TOR DE ITA­LIA, AUN­QUE NO SE LO TEN­GA CREÍ­DO. ES SO­LO UN HOM­BRE DE PUE­BLO QUE AMA EL TEA­TRO, DI­CE. LLE­GA A MA­DRID CON SU OBRA ‘EL­VI­RA’

Esquire (Spain) - - ■ Best Version - TEXTO ANXELA RO­DRÍ­GUEZ FO­TO­GRA­FÍA AGF

SOY NAPOLITANO, PE­RO NO SOY UN ‘TI­FO­SI’. El fútbol no me vuel­ve lo­co. Pue­de que para mu­chos es­te ras­go de mi per­so­na­li­dad sea de­cep­cio­nan­te, pe­ro no me con­mue­ve el de­por­te. Cuan­do no es­toy tra­ba­jan­do, me en­can­ta es­cu­char música clá­si­ca, de eso sí soy un gran apa­sio­na­do.

HE TER­MI­NA­DO EL RO­DA­JE DE ‘LORO’, DON­DE SOY SIL­VIO BER­LUS­CO­NI. Ha si­do fan­tás­ti­co po­der ro­dar la quin­ta pe­lí­cu­la con Pao­lo So­rren­tino, pe­ro has­ta ahí pue­do leer. La cin­ta es­tá aún en fa­se de ela­bo­ra­ción, así que no pue­do pro­nun­ciar­me al res­pec­to. Ten­dréis que es­pe­rar a ver­la.

SO­RREN­TINO Y YO MIRÁNDONOS A LOS OJOS… GA­NAR EL OS­CAR FUE IN­CREÍ­BLE. Esa sí fue una ve­la­da inol­vi­da­ble, la que los dos vi­vi­mos en Los Án­ge­les. Fue de lo­cos. 2014. La gran be­lle­za es­ta­ba no­mi­na­da al Os­car a la Me­jor Pe­lí­cu­la Ex­tran­je­ra y lo ga­nó. So­rren­tino y yo no sa­lía­mos de nues­tro asom­bro; la sa­tis­fac­ción era in­men­sa, pe­ro al mis­mo tiem­po nues­tra mi­ra­da era de una gran in­cre­du­li­dad (ri­sas). Pao­lo no es un in­ven­tor de imá­ge­nes, es mu­cho más que eso. Es un ex­tra­or­di­na­rio es­cri­tor de diá­lo­gos, un guio­nis­ta ex­ce­len­te. Cual­quier ac­tor se en­cuen­tra ma­ra­vi­llo­sa­men­te con él y yo, tras ha­ber he­cho cin­co pe­lí­cu­las jun­tos, pue­do ade­más de­cir que te­ne­mos una ver­da­de­ra y pro­fun­da amis­tad.

MI OBRA ‘EL­VI­RA’ ES UN COM­BA­TE CUER­PO A CUER­PO. Es un ca­ra a ca­ra en­tre ac­triz y maes­tro he­cho de du­das, dul­zu­ra, com­pli­ci­dad, in­com­pren­sión. Va mu­cho más allá de una sim­ple lec­ción de tea­tro; los dos pro­ta­go­nis­tas es­tán su­mi­dos en un pro­ce­so de bús­que­da do­lo­ro­sa so­bre el enig­ma que es el per­so­na­je de El­vi­ra. Y, mien­tras bus­can el mis­te­rio de es­te per­so­na­je, al mis­mo tiem­po tra­ba­jan so­bre sí mis­mos, ha­cien­do una in­mer­sión en su pro­pio in­te­rior. Un via­je en el que el pú­bli­co es­tá lla­ma­do a par­ti­ci­par.

NO SOY DE ESOS TI­POS QUE PRE­TEN­DEN ABARCARLO TO­DO. En tea­tro he di­ri­gi­do en in­nu­me­ra­bles oca­sio­nes y si­go ha­cién­do­lo, pe­ro no creo que me hi­cie­se fe­liz di­ri­gir una pe­lí­cu­la, por­que no sien­to en ab­so­lu­to que sea un me­dio de ex­pre­sión para mí. Don­de sí sé que pue­do desa­rro­llar­me más y me­jor es a tra­vés de la in­ter­pre­ta­ción.

ES DI­FÍ­CIL MAN­TE­NER VI­VO EL TEA­TRO por­que lu­cha con­tra mu­chos me­dios: la te­le­vi­sión, el ci­ne, in­ter­net, los mó­vi­les… Pe­ro no creo que va­ya a des­apa­re­cer nun­ca, por­que en el cen­tro del tea­tro es­tá el hom­bre en co­ne­xión di­rec­ta con otros hom­bres. No es que el ci­ne sea un ar­te me­nor, pe­ro el tea­tro es el ar­te prin­ci­pal del au­tor. Su es­cue­la.

NO PO­DRÍA EXIS­TIR EN HOLLY­WOOD. Para un ac­tor, na­cer en Ná­po­les es una for­tu­na por­que es una cit­tà aper­ta: se en­tre­ga por com­ple­to. No me ima­gino le­jos de la li­te­ra­tu­ra, la his­to­ria o la ex­tra­or­di­na­ria tra­di­ción na­po­li­ta­na. Vi­vo en Ca­ser­ta, una pe­que­ña ciu­dad a me­dia ho­ra de Ná­po­les, don­de en­sa­yo ca­da obra que sa­le de mi com­pa­ñía de tea­tro; esa lo­ca­li­dad es siem­pre el pri­mer es­ce­na­rio y de allí, voy al res­to del mundo.

NO VI­VO DE CA­RA A LA GA­LE­RÍA. Tra­ba­jo en tea­tro y ha­go pe­lí­cu­las de au­tor, pe­ro ten­go una vi­da sen­ci­lla. No creo que sea di­fe­ren­te a la de cual­quier otra per­so­na que se de­di­que a cual­quier otra pro­fe­sión.

SI DE­JO DE GUS­TAR, ME VOY. Me apar­ta­ría y vol­ve­ría a em­pe­zar to­do des­de el prin­ci­pio. Sin as­pa­vien­tos. El éxi­to no es una ob­se­sión para mí y creo que no hay nin­gún se­cre­to de­trás de él, bá­si­ca­men­te por­que no lo per­si­go. Si lle­ga, fan­tás­ti­co, si no lo ha­ce, de igual ma­ne­ra vi­vo bien y tran­qui­lo. No me con­di­cio­na.

ES­TU­DIÉ PSICOLOGÍA an­tes de em­pe­zar mi ca­rre­ra tea­tral, por­que ya des­de el co­le­gio cul­ti­va­ba es­te in­te­rés por la men­te, las emo­cio­nes, la conciencia y la in­cons­cien­cia. Ad­qui­rí unos co­no­ci­mien­tos que me han re­sul­ta­do muy úti­les y ne­ce­sa­rios para mi tra­ba­jo.

VI­VI­MOS DES­ORIEN­TA­DOS. Si bien no me atre­vo a ha­cer un aná­li­sis del es­ta­do de la sociedad ac­tual, sí di­ría que nos guía una enor­me con­fu­sión. Des­co­no­ce­mos a dón­de nos lle­va to­do lo que es­ta­mos ha­cien­do.

PUE­DO VI­VIR SIN LA ‘MAM­MA’. La fa­mi­lia para mí no es ni más ni me­nos im­por­tan­te que para los de­más. Los es­te­reo­ti­pos del clá­si­co ita­liano li­ga­do a la mam­ma, la non­na o la co­ci­na no son para na­da imá­ge­nes con las que me sien­ta iden­ti­fi­ca­do. Pre­fie­ro pro­fun­di­zar un po­co más.

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