Por­que el Ma­ta­rre­yes lo va­le.

No he­mos con­se­gui­do ‘spoi­ler’ de ‘Jue­go de tro­nos’, pe­ro hay vi­da más allá, y Ni­ko­laj Cos­ter-wal­dau ya ha em­pe­za­do a pre­pa­rar­la cui­dan­do su as­pec­to. Ahí lo de­ja­mos

Esquire (Spain) - - Sumario - POR BE­GO­ÑA DO­NAT

Re­sis­ti­mos un ca­ra a ca­ra con el vi­llano más que­ri­do de Jue­go de tro­nos.

La ten­ta­ción es de­ma­sia­do gran­de. Ni­ko­laj Cos­ter-wal­dau (Rud­kø­bing, Di­na­mar­ca, 1970) y su son­ri­sa la­di­na aguar­dan en una ha­ma­ca con los pies en­te­rra­dos en la are­na de la pla­ya. El ac­tor vi­si­ta la Cos­ta Azul en ca­li­dad de em­ba­ja­dor de L’oréal París pa­ra pro­mo­cio­nar la lí­nea de pro­duc­tos de cui­da­do facial Men Ex­pert. Las pu­bli­cis­tas de la mar­ca me han ins­ta­do a for­mu­lar­le má­xi­me tres pre­gun­tas so­bre la úl­ti­ma tem­po­ra­da de Jue­go de tro­nos. El fe­nó­meno glo­bal lle­ga a su fn, el tiem­po se ha pa­ra­do en la Ri­vie­ra fran­ce­sa y el hom­bre que ten­go fren­te a mí co­no­ce el des­tino del in­ces­tuo­so y con­tri­to Jai­me Lan­nis­ter.

ES­QUI­RE: Y tú, ¿por qué lo va­les? NICOLAJ COS­TER-WAL­DAU: To­dos lo va­le­mos. Esa es la co­sa. Ten­dría­mos que dis­po­ner de las mis­mas po­si­bi­li­da­des pa­ra dis­fru­tar de una bue­na vi­da. De­be­ría de­pen­der del esfuerzo, de có­mo afec­tas a la gen­te que te ro­dea... [ri­sas]. Yo qué sé. No soy pu­bli­cis­ta. ESQ: Te crió tu ma­dre, cre­cis­te jun­to a dos her­ma­nas y has te­ni­do dos hi­jas, ima­gino que la igual­dad de gé­ne­ro es­tá fue­ra de du­da. NCW: Se te han ol­vi­da­do mis dos pe­rras [an­cha son­ri­sa]. Me re­sul­ta tan ob­vio... Es jus­to y re­le­van­te pa­ra las mu­je­res, y fa­vo­re­ce igual­men­te a los hom­bres. Las so­cie­da­des en que a las chi­cas se las em­po­de­ra, fo­re­cen. A es­ca­la glo­bal nos en­fren­ta­mos a gran­des re­tos: el cam­bio cli­má­ti­co, la de­sigual­dad eco­nó­mi­ca, y pa­ra re­sol­ver­los ne­ce­si­ta­mos to­mar to­dos par­te por igual. ESQ: Tu ma­dre fue li­bre­ra. ¿Cuán­tos li­bros te­níais en ca­sa? NCW: Mu­chos. Pro­bé un tiem­po Kind­le y pen­sé: “¡Qué guay! Ten­go to­dos es­tos li­bros me­ti­dos aquí den­tro”. Pe­ro no es la mis­ma ex­pe­rien­cia. Mi ma­dre siem­pre es­ta­ba le­yen­do, to­da­vía lo ha­ce. Y cuan­do ves que tu ma­má lo ha­ce, la imi­tas. Es de las me­jo­res co­sas que co­noz­co. Un buen li­bro ex­pan­de tu mun­do. ESQ: ¿Cuá­les fue­ron los más im­por­tan­tes pa­ra ti de ni­ño? NCW: Mi ma­dre me le­yó un cuen­to de Astrid Lind­gren lla­ma­do Los her­ma­nos Co­ra­zón de León. Es una his­to­ria pre­cio­sa so­bre dos ni­ños en un mun­do de fan­ta­sía, so­bre el bien con­tra el mal des­de una pers­pec­ti­va in­fan­til. ESQ: ¿Y de los que leís­te tú? NCW: Me en­can­ta­ban los pro­ta­go­ni­za­dos por ni­ños que re­suel­ven mis­te­rios y se ha­cen car­go del tra­ba­jo de los adul­tos. ESQ: ¿Eres una per­so­na fe­liz o es po­se? NCW: Soy más un va­so me­dio lleno que me­dio va­cío. Es sor­pren­den­te pen­sar en la can­ti­dad de gen­te afec­ta­da por de­pre­sión en los úl­ti­mos años en los paí­ses oc­ci­den­ta­les. No sé por qué su­ce­de es­to, la ver­dad. Cla­ra­men­te, el di­ne­ro no com­pra la fe­li­ci­dad, pe­ro es­tá su­ce­dien­do un cam­bio. ESQ: ¿En qué sen­ti­do? NCW: La gen­te jo­ven se dis­tan­cia de ese sis­te­ma de va­lo­res. Y los re­tos a los que nos en­fren­ta­mos pa­san por de­jar de con­su­mir tan­tí­si­mo y de gas­tar tan­ta ener­gía. La gen­te vuel­ve hoy día de va­ca­cio­nes de un país po­bre sor­pren­di­da por lo ale­gres que es­tán sus ha­bi­tan­tes, lo cual es una mi­ra­da lle­na de pre­jui­cios. Ese es nues­tro problema: con­si­de­rar que el éxi­to eco­nó­mi­co equi­va­le a la fe­li­ci­dad. Y has­ta aquí mi dis­cur­so. ESQ: ¿Por qué crees que Di­na­mar­ca en­ca­be­za año tras año el ran­king de paí­ses más fe­li­ces del mun­do? NCW: Creo que es un buen si­tio. Por su­pues­to, hay mu­cho que me­jo­rar, pe­ro exis­te un gran ni­vel de igual­dad so­cial. Los brazos más fuer­tes han de sos­te­ner a los más dé­bi­les. ESQ: Has es­cri­to, pro­du­ci­do y pro­ta­go­ni­za­do. Me pre­gun­to si di­ri­gir en­tra tam­bién en tus pla­nes. NCW: Sí, pe­ro un pa­si­to de­trás de otro. Aho­ra que Jue­go de tro­nos lle­ga a su fn voy a dis­po­ner de más tiem­po. Lo echa­ré de me­nos, pe­ro es­toy ilu­sio­na­do con lo que es­tá por ve­nir. ESQ: En­tre las me­jo­res pre­rro­ga­ti­vas que te ha pro­cu­ra­do Jue­go de tro­nos, ¿qué lu­gar ocu­pa ha­ber apa­re­ci­do en un epi­so­dio de Los Sim­pson? NCW: Fue ge­nial. Te­nía dos o tres fra­ses y me die­ron el guion au­to­gra­fa­do. La pri­me­ra pá­gi­na la ten­go en­mar­ca­da. ESQ: ¿Có­mo te gus­ta­ría que mu­rie­ra Ja­mie Lan­nis­ter? NCW: ¿ Por qué pien­sas que Ja­mie va a mo­rir? O, me­jor, ¿por qué crees que yo quie­ro que se mue­ra? ESQ: ¿Has fan­ta­sea­do con ello? NCW: De vie­jo, en una re­si­den­cia. ESQ: Tan­to Emi­lia Clar­ke co­mo Kit Ha­ring­ton han de­cla­ra­do que cuan­do le­ye­ron el fnal de la se­rie se que­da­ron en shock. ¿Cuál fue tu reac­ción? NCW: Me sor­pren­dió, por­que hay co­sas que ya ha­bía pre­vis­to, pe­ro tam­bién gran­des sor­pre­sas. Les co­men­té a Da­vid (Be­nioff) y a D. B. (Weiss) que no po­dían ha­ber he­cho un me­jor tra­ba­jo al re­ma­tar la se­rie. ESQ: ¿Qué vas a ha­cer con las ha­bi­li­da­des que has apren­di­do a lo lar­go de es­tos años? NCW: Es­pe­ro se­guir mon­tan­do a ca­ba­llo y ma­ne­jar­me con mi mano iz­quier­da. ESQ: ¿Qué pue­des ha­cer aho­ra que eres zur­do? NCW: Es­cri­bir, aun­que pa­re­ce la ca­li­gra­fía de un ni­ño de seis años. Y ma­ne­jar­me con la es­pa­da en la mano iz­quier­da me ayuda mu­cho en mis ta­reas de jar­di­ne­ría. Aho­ra pue­do uti­li­zar am­bas pa­ra lu­char con­tra las ma­las hier­bas. ESQ: ¿Qué re­cuer­do te vas a guar­dar? NCW: Me gus­ta­ría que­dar­me la mano, pe­ro no me la quie­ren dar [lo di­ce en­fu­rru­ña­do]. Pe­ro bueno, me lle­vo los re­cuer­dos, que son lo más im­por­tan­te.

“Apa­re­cer en los ‘Los Sim­pson’ ha si­do ge­nial. Te­nía dos o tres fra­ses y me die­ron el guion au­to­gra­fia­do. Lo ten­go en­mar­ca­do”

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