CREA­TI­VI­DAD, MAR­CA DE LA CA­SA “No quie­ro co­ci­nar co­mo lo ha­cía en El Bu­lli. Ese sue­ño ya lo vi­ví”

PRE­MIO NA­CIO­NAL DE GAS­TRO­NO­MÍA 2018 AL ME­JOR JE­FE DE CO­CI­NA, AL FREN­TE DE SEIS RES­TAU­RAN­TES CON EL GRU­PO ELBARRI Y OTROS CUAN­TOS PRO­YEC­TOS EN PERS­PEC­TI­VA, AL­BERT ADRIÀ NO PA­RA. MI­RAR HA­CIA ATRÁS NO ES LO SU­YO

Esquire (Spain) - - Gastro: - Tex­to GEMMA CAR­DO­NA Fo­to­gra­fía CÈSAR NU­ÑEZ

El her­mano pe­que­ño de Fe­rran Adrià cuen­ta con una me­dia son­ri­sa que lo úni­co que él que­ría era mon­tar una pe­que­ña em­pre­sa y ser fe­liz. “Pe­ro... ¡la que he lia­do!”. Y es que en me­nos de diez años di­ri­ge seis res­tau­ran­tes y los pro­yec­tos, ideas y pro­pues­tas se amon­to­nan en su me­sa (y en su ca­be­za). En to­dos, la exi­gen­cia es siem­pre má­xi­ma. ESQUIRE: Es­te mes de oc­tu­bre abres una pas­te­le­ría en Lon­dres. ¿Una vuel­ta a tus orí­ge­nes co­mo re­pos­te­ro? AL­BERT ADRIÀ: Aho­ra que lo di­ces, es cu­rio­so, sí. Co­mo ce­rrar el círcu­lo. Abri­mos en pleno cen­tro. Es una es­pe­cie de sa­lón de té. Su es­pe­cia­li­dad se­rá la tar­ta de que­so del Tic­kets, por­que to­do el mun­do que la prue­ba alu­ci­na. Es­toy muy ilu­sio­na­do. ESQ: Tam­bién has ini­cia­do otro pro­yec­to in­tere­san­te: el Ba­car­dí In­no­va­tion Lab. AA: Sí, un ta­ller crea­ti­vo de coc­te­le­ría en el que nos lo va­mos a pre­gun­tar to­do, co­mo hi­ci­mos en El Bu­lli. Por ejem­plo, ¿qué ti­po de hie­lo en­fría más? ¿Cuál se des­ha­ce más rá­pi­do? Se­gu­ra­men­te nos lle­va­re­mos sor­pre­sas y sa­be­mos que hay mu­cho por ha­cer. Bus­ca­re­mos dar he­rra­mien­tas pa­ra que los coc­te­le­ros de to­do el mun­do pue­dan in­no­var. ESQ: Y pa­ra el año que vie­ne, más tra­ca. AA: Sí, des­de lue­go. ¡No nos va­mos a abu­rrir! Pri­me­ro abri­mos res­tau­ran­te en Nue­va York, y en sep­tiem­bre el nue­vo Bu­lli. Cuan­do lle­gue el mo­men­to nos vol­ca­re­mos to­dos. Fe­rran ya me ha di­cho que no me es­té con ton­te­rías, que nos va a ne­ce­si­tar y que si es im­pe­ra­ti­vo... ¡nos se­cues­tra­rá! ESQ: De­cían que Enig­ma era el nue­vo Bu­lli. AA: Sí, yo fui el pri­me­ro en de­cir­lo, pa­ra que la gen­te en­ten­die­ra que iba a to­pe. Enig­ma es la guin­da del pas­tel, pe­ro ne­ce­si­ta ma­du­rar. En su na­tu­ra­le­za es­tá no pa­rar­se. El pro­ble­ma es que voy len­to por­que tam­bién ten­go que de­di­car­me a mis otros res­tau­ran­tes. Calcu­lo unos cin­co años pa­ra ga­nar cre­di­bi­li­dad. Lo que no pa­ro de pre­gun­tar­me es có­mo se­ría El Bu­lli de 2018. Por­que no quie­ro mi­rar al pa­sa­do y co­ci­nar co­mo cuan­do es­ta­ba en el de 2008. Ya vi­ví ese sue­ño. No pue­do vi­vir de lo con­se­gui­do. ESQ: Cla­ro, no ol­vi­de­mos que la crea­ti­vi­dad y tú vais de la mano. AA: Sí, ser crea­ti­vo es una ne­ce­si­dad que res­pon­de a la cu­rio­si­dad que ten­go. Si uno es cu­rio­so, se pre­gun­ta co­sas y, des­pués, las in­ves­ti­ga. Yo me lla­mo Adrià, e his­tó­ri­ca­men­te mi ape­lli­do vie­ne de la mano de la crea­ti­vi­dad. En es­te sen­ti­do me sien­to muy có­mo­do con ella. Pe­ro es cier­to que es una ago­nía es­tar ahí, con Tic­kets en el 50 Best, Enig­ma en la lis­ta de los cien en su pri­mer año... Y, por des­gra­cia, ser así com­por­ta que los ne­go­cios sean me­nos ne­go­cios. ESQ: ¿En qué sen­ti­do? AA: El mo­vi­mien­to ge­ne­ra pér­di­das; la ru­ti­na, por el con­tra­rio, crea se­gu­ri­dad y ne­go­cio. No es lo mis­mo te­ner la mis­ma car­ta du­ran­te un año que ir pe­rió­di­ca­men­te cam­bian­do pla­tos. ESQ: O sea, que te com­pli­cas la vi­da. AA: A ver, tam­po­co quie­ro ser un már­tir de la crea­ti­vi­dad. Yo me le­van­to ca­da día, me mi­ro al es­pe­jo y me di­go que soy un afor­tu­na­do. Me obli­go a ha­cer­lo. Pe­ro pa­ra que es­to ti­re ade­lan­te sé que ten­go que en­con­trar un equi­li­brio en­tre ima­gi­na­ción y ru­ti­na. Lo que he con­se­gui­do has­ta aho­ra es mu­cho. ESQ: Y en muy po­co tiem­po. AA: Mi­ran­do con pers­pec­ti­va, aho­ra mis­mo no sé có­mo lo hi­ce ni có­mo aguan­té. Yo que­ría te­ner una pe­que­ña em­pre­sa. Ser fe­liz y, a ser po­si­ble, ga­nar di­ne­ro. Y mi­ra, sin que­rer­lo... ¡la que es­ta­mos vol­vien­do a liar! [ríe]. So­mos así. He­mos he­cho lo­cu­ras que otros ni se plan­tea­rían. ESQ: Ya no po­drás ser ese out­si­der bía gus­ta­do ser... AA: Es ver­dad. Ya no mo­lo, ¿eh? [ríe]. Es que con 48 años ya no to­ca lle­var pen­dien­te. Ya lo lle­vé en su día. Aho­ra me he vuel­to bas­tan­te in­tro­ver­ti­do y se­rio. Aun­que lo im­por­tan­te es sen­tir­te jo­ven, y yo men­tal­men­te lo soy, y mu­cho. ESQ: ¿En qué mo­men­to vi­tal es­tás? AA: De ma­du­rez. Voy a co­rrer a dia­rio. Con ello he ba­ja­do pe­so y me en­cuen­tro mu­cho me­jor. ¡Y he re­des­cu­bier­to Bar­ce­lo­na! Lue­go, le ha­go el desa­yuno a mi hi­jo. Le de­di­co tiem­po de ca­li­dad. Tam­bién en mi co­ci­na hay ma­du­rez. No co­ci­nas igual con 48 que con 28. A los vein­te tie­nes me­nos co­no­ci­mien­to, pe­ro eres más ex­plo­si­vo y crees que to­do es po­si­ble.

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