“Pre­gun­té a mi hi­ja de 4 años si que­ría que Bél­gi­ca ga­na­ra el Mun­dial. Llo­ró y me con­tes­tó:“Pa­pá, ¡soy in­gle­sa!”

Esquire (Spain) - - Grooming -

de la co­lec­ti­vi­dad co­mo esen­cia. ESQ: Para en­tre­nar, ¿es me­jor, o al me­nos re­co­men­da­ble, ha­ber si­do an­tes ju­ga­dor? RM: Creo que ayu­da para en­ten­der el jue­go y los sen­ti­mien­tos de los ju­ga­do­res. ESQ: ¿ Qué cua­li­da­des ha de te­ner un buen en­tre­na­dor? RM: La ca­pa­ci­dad de sa­ber con­tro­lar a un gru­po y do­tar­lo de cla­ri­dad. Ha de ser una fgu­ra con mu­cho sen­ti­do co­mún. Y te­ner cla­ro que el fút­bol es co­sa de ju­ga­do­res, no de en­tre­na­do­res. Nues­tra fun­ción es mo­ver bien las pie­zas para que ellos pue­dan de­mos­trar sus ca­pa­ci­da­des. Es una cues­tión de equi­li­brio. ESQ: ¿ Es com­pli­ca­do ges­tio­nar el ego de las es­tre­llas? RM: Sí, lo es. El fút­bol es un re­fe­jo de la so­cie­dad. En cual­quier em­pre­sa pa­sa lo mis­mo. Ha de ha­ber una bue­na ar­mo­nía: es la cla­ve de to­do. El éxi­to en el fút­bol no es lo que ha­ces para ti, sino lo que ha­ces para el que tie­nes al la­do. ESQ: Fuis­te el ter­cer en­tre­na­dor es­pa­ñol de la Pre­mier. ¿Qué su­pu­so aque­llo? RM: El fut­bol bri­tá­ni­co es muy ex­tre­mis­ta. Si no les gus­ta lo que vie­ne de fue­ra se cie­rran a una ve­lo­ci­dad de vér­ti­go. Yo he te­ni­do la suer­te de que les gus­tó lo que vie­ron de mí. Ha si­do un pe­rio­do de 265 par­ti­dos se­gui­dos en la Pre­mier, que es un ver­da­de­ro lo­gro.

COM­PE­TI­TI­VO HAS­TA EN CA­NI­CAS

ESQ: Sa­lió tu nom­bre para di­ri­gir la se­lec­ción es­pa­ño­la... RM: Es un re­fe­ren­te mun­dial, pe­ro no tie­ne sen­ti­do opi­nar por­que yo ten­go con­tra­to con otra se­lec­ción que me ha da­do mu­chas ale­grías y con la que ten­go un acuer­do en vi­gor. Me re­no­va­ron an­tes del Mun­dial, lo que de­mues­tra un gra­do de con­fan­za to­tal. ESQ: ¿Qué te pa­re­ce Luis En­ri­que co­mo nue­vo se­lec­cio­na­dor de Es­pa­ña? RM: Una muy bue­na elec­ción. An­tes se es­co­gían en­tre­na­do­res na­cio­na­les que es­ta­ban en la rec­ta fnal de sus ca­rre­ras. ¡Gran error! La vi­da me ha de­mos­tra­do que par­ti­ci­par en una Eu­ro­co­pa o un Mun­dial es lo me­jor que le pue­de pa­sar a un pro­fe­sio­nal del fút­bol. Luis En­ri­que es­tá en un gran mo­men­to de su ca­rre­ra: es jo­ven pe­ro tie­ne mu­cha ex­pe­rien­cia. Dos fac­to­res fun­da­men­ta­les. ESQ: Cuen­tan que eres muy cruyf­fis­ta... RM: La ma­ne­ra que tu­vo Cruyff de en­ten­der el fút­bol ha si­do fun­da­men­tal en mi for­ma­ción co­mo en­tre­na­dor. Ad­mi­ro tam­bién mu­cho a gen­te co­mo Pep Guar­dio­la por su tra­yec­to­ria y su ex­ce­len­cia por es­te de­por­te. ESQ: ¿Hay al­gu­na es­tre­lla a la que te gus­ta­ría en­tre­nar? RM: No. Quie­ro an­tes co­no­cer a la per­so­na para sa­ber si me gus­ta­ría sa­car lo me­jor de él. Me in­tere­sa mu­cho ave­ri­guar quién hay den­tro del fut­bo­lis­ta. ESQ: ¿Qué opi­nas del VAR? RM: Para mí es fun­da­men­tal. El tra­ba­jo más com­pli­ca­do en un par­ti­do es sin du­da el del ár­bi­tro, y to­do lo que ayu­de a fa­ci­li­tar su la­bor es bien­ve­ni­do. En el Mun­dial ha si­do muy po­si­ti­vo. ESQ: ¿Qué es lo me­jor que te ha da­do el fut­bol a ni­vel per­so­nal? RM: Des­cu­brir el mundo. Ser fe­liz es va­lo­rar lo que tie­nes. Y el fut­bol me lo ha da­do ab­so­lu­ta­men­te to­do. ESQ: Di­cen por ahí que de ni­ño no te gus­ta­ba per­der ni a las ca­ni­cas... RM: Es cier­to, des­de pe­que­ño he si­do muy com­pe­ti­ti­vo [ri­sas]. Yo creo que es al­go que lle­vo en los genes, des­de mi na­ci­mien­to. Es cier­to que el en­torno pue­de po­ten­ciar­lo, pe­ro creo que for­ma par­te de nues­tra per­so­na­li­dad. Mi pa­dre tam­bién era muy com­pe­ti­ti­vo. ESQ: Tu mu­jer es es­co­ce­sa y tu hi­ja in­gle­sa. ¿Esa di­ver­si­dad te en­ri­que­ce? RM: ¡Por su­pues­to! No te­ne­mos nin­gún pro­ble­ma en te­ner con­ver­sa­cio­nes en­ri­que­ce­do­ras de nues­tros orí­ge­nes. So­mos una fa­mi­lia de cu­rio­sos. ESQ: Tu hi­ja tie­ne cua­tro años. ¿Es tu fan nú­me­ro uno? RM: Du­ran­te el Mun­dial, Bél­gi­ca e In­gla­te­rra se cru­za­ron dos ve­ces. Le pre­gun­té si apo­ya­ría a Bél­gi­ca, pe­ro se pu­so a llo­rar y me con­tes­tó: “Pa­pá, ¡soy in­gle­sa!”[ri­sas]. Aun así, sé que se ale­gró de que lle­gá­ra­mos tan le­jos en el Mun­dial. ESQ: ¿Qué es­tás le­yen­do ac­tual­men­te? RM: Me en­can­ta la li­te­ra­tu­ra que tra­ta la di­ver­si­dad cul­tu­ral. Aho­ra es­toy con uno de la Uni­ver­si­dad de Leu­ven. Me ayu­da mu­cho a en­ten­der las reacciones y las emo­cio­nes de un ves­tua­rio. Quie­ro ver el fút­bol a tra­vés de la vi­da. Lo que pa­sa en la vi­da pa­sa en el ves­tua­rio, y al re­vés. Si pue­des lle­gar a en­ten­der la di­ver­si­dad cul­tu­ral que hay de­trás de las reacciones hu­ma­nas pue­des en­ten­der a tus ju­ga­do­res. Así de sim­ple. ESQ: ¿Si­gues vol­vién­do­te lo­co por unos bue­nos ca­ra­co­les? RM: Soy un apa­sio­na­do de els car­gols a la llau­na. Ade­más, ¡ es un pla­to que so­lo pue­do co­mer cuan­do re­gre­so a ca­sa!

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