Expansión C. Valenciana - Sabado Int

Bruselas pacta un tope de 60 dólares al crudo ruso para mermar los ingresos de Putin

La Organizaci­ón de Países Exportador­es de Petróleo y sus socios se reúnen este domingo, y la duda es si mantendrán el recorte de 2 millones de barriles diarios pactado en octubre o recortarán aún más la producción.

- Pablo Cerezal.

El precio del petróleo cae un 30% desde junio y amenaza con perforar la cota de los 80 dólares

La cifra se revisará periódicam­ente y siempre quedará al menos un 5% por debajo del Brent

El mercado petrolero atraviesa uno de los momentos más convulsos, con unos precios en descenso por la carrera a la baja entre la oferta, recortada por los grandes exportador­es, y la demanda, hundida por la ralentizac­ión global y el continuo confinamie­nto de la economía China. Y en medio de estas turbulenci­as surgen dos nuevos elementos: el tope al petróleo ruso y la cumbre de la OPEP que tendrá lugar este domingo. El primero está diseñado como una herramient­a de precisión que tratará de atajar los ingresos de Moscú sin dañar al mismo tiempo el suministro de petróleo ruso al mercado global, algo que daría la puntilla a la economía de los países desarrolla­dos, pero la segunda podría desestabil­izar el mercado tanto al alza como a la baja.

La UE pactó ayer imponer un tope de 60 dólares al petróleo ruso, apenas tres días antes de que entre en vigor, el próximo lunes, el embargo del crudo de Rusia aprobado formalment­e en octubre. El techo de 60 dólares acordado, que duplica los 30 dólares que reclamaban países como Polonia, incluirá un mecanismo corrector para garantizar que ese límite se sitúe siempre un 5% por debajo del precio de mercado. El tope de los precios, que luego se trasladará a los países del G7, afectará al crudo transporta­do por mar pero no al que fluye por oleoductos tras la oposición de Hungría y otros países sin salida al mar muy dependient­es del oro negro de Moscú. Esto es, la UE prohibirá a las navieras europeas transporta­r el petróleo ruso a terceros países si se vende a un precio superior al fijado.

¿Por qué 60 dólares? En un principio se habló de establecer el límite en 70, pero las presiones de Polonia han conseguido recortar 10 dólares adicionale­s, lo que se adecua algo más al mercado actual. Hay que tener en cuenta que, aunque el barril cotiza en torno a los 85-86 dólares en la última semana, tras el cierre parcial del mercado europeo Rusia se ve obligada a vender el crudo con un descuento de entre 25 y 30 dólares a países como India o China, por lo que un tope más elevado no surtiría efecto. “El tope en los 60 dólares por barril supone una rebaja sustancial respecto al precio del Brent”, sostiene Gonzalo Escribano, director del Programa Energía y Clima del Real Instituto Elcano. Un punto en el que se dañarán los ingresos rusos pero no se reducirán sus incentivos a exportar crudo, porque “la idea es quitar renta a Rusia sin quitar petróleo del mercado para evitar un shock de los precios” como el que ha tenido lugar en el caso del gas, algo que se volvería en contra de los países occidental­es. Actualment­e, los países con mayor poder de negociació­n ya están pagando unos precios muy cercanos a estos por el petróleo ruso, pero de esta forma otros países más pequeños “aunque no cumplan el acuerdo, tienen un elemento de negociació­n para bajar los precios”. “Nadie pretende que el tope funcione [en cuanto a la rebaja de los precios del petróleo para los países europeos], pero sí que llevará a elevar los descuentos que Rusia hace al resto de los países”, lo que reducirá sus ingresos.

Aunque esto podría abrir una oportunida­d para que estos terceros países ejercieran de intermedia­rios, comprando petróleo ruso a 65 dólares y vendiéndol­o a 80 a Europa, por ejemplo, lo que mantendría la presión al alza sobre el Brent. Europa y el G7 guardan dos cartas para evitarlo: los fletes y los seguros. Dos productos controlado­s (en menor medida el primero y en mayor el segundo) por los países desarrolla­dos que quedarían vetados para los países que intenten ejercer de intermedia­rios. Para el caso de que los precios sigan en caída, por debajo de 60 dólares, está la salvaguard­a de que el tope se resvisará cada dos meses y quedará “al menos un 5% por debajo del precio de mercado”.

Sin embargo, el riesgo no es tanto que este tope no funcione correctame­nte como que su impacto será probableme­nte muy limitado. Rusia ha conseguido desviar sus exportacio­nes a otros países no europeos, con lo que, según advierten las agencias de tráding, el barril de petróleo de los Urales, la principal referencia para Rusia, ya cotiza en torno a 60 dólares. Y los grandes países como China e India han logrado en las últimas semanas precios incluso inferiores a estos. Es decir, el tope permitiría que otros países más pequeños también reclamen descuentos similares, pero el impacto para las cuentas de Moscú sería muy reducido porque la mitad de las exportacio­nes ya se dirige a estos dos países. Además, aunque el precio del petróleo se sitúe en niveles cercanos a la media histórica, el gas sigue disparado y supone una gran parte de los ingresos rusos por exportacio­nes. Y lo que es peor, es probable que vuelva a subir de precio el próximo invierno, conforme se recupere la demanda china y se complique el abastecimi­ento en Europa.

El pacto sobre este tope se produce a pocas horas de la cumbre de la OPEP+ (esto es, la OPEP y sus socios externos) este domingo. Y aunque a priori todo apunta a que el cártel mantendrá el recorte de 2 millones de barriles al día, no es una decisión sencilla y ninguna de las opciones está exenta de problemas. En primer lugar, la OPEP+ podría optar por mantener sus cuotas intactas, pero eso podría ser insuficien­te para evitar la caída de los precios ante una demanda languideci­ente. El petróleo acumula un descenso de más del 30% desde junio y esta semana ha estado cerca de perforar la cota psicológic­a de los 80 dólares, algo que los petroestad­os quieren evitar. Eso abre la puerta a dos alternativ­as que, aunque no se adopten este fin de semana, sí que podrían empezar a esbozarse.

La primera consiste en buscar un mayor recorte de cuotas, con el fin de reimpulsar los precios del crudo. Sin embargo, dado que la mayoría de los países ya están exportando por debajo de los niveles pactados, eso haría que todo el esfuerzo extra recayera sobre Arabia Saudí. Eso lleva a otra posibilida­d: reabrir el grifo del crudo para reducir los precios y, al menos, tratar de reimpulsar la economía de los consumidor­es y evitar mayores caídas de la demanda en el futuro. Esta opción parecía plausible, pero Riad la negó rápidament­e. Esto se debe a que los petroestad­os tienen una gran necesidad de ingresos para financiar los subsidios a la compra de alimentos, a que nadie en la OPEP quiere que se rompa el pacto con Moscú que llevó varios años cimentar, y a que los países fuera del cártel están teniendo muchas dificultad­es para llenar el hueco que Rusia ha dejado en el mercado. Por ello, la menos mala de las opciones de la OPEP parece ser ceñirse a lo acordado hace dos meses.

Quien espere que el tope a los precios del petróleo ruso vaya a servir para abaratar la factura energética de los países europeos muy probableme­nte se equivoca. El límite que la Unión Europea logró pactar finalmente ayer, situándolo en 60 dólares por barril, es una operación quirúrgica que trata de mermar los ingresos rusos sin afectar a sus exportacio­nes, evitando así que los precios se disparen, tal como ha sucedido en el mercado del gas, ya que eso agravaría la recesión a la que se enfrenta la economía comunitari­a este invierno. Durante los últimos meses, el cierre parcial del mercado europeo en represalia por la invasión de Ucrania ha forzado a Moscú a buscar nuevos destinos para su crudo: la manera de conseguirl­o ha sido ofrecer grandes descuentos a grandes potencias como China e India. El objetivo del precio máximo fijado por la UE es que los países más pequeños, con menos capacidad para negociar con Rusia, tengan una herramient­a con la que lograr precios más asequibles. Sin embargo, la eficacia de esta medida será limitada, dado que la mitad de las exportacio­nes de petróleo ruso se dirigen hacia los dos gigantes asiáticos, que han llegado a pagar mucho menos de lo que plantea Europa. Por otro lado, el gran problema para los países de la UE no es tanto el coste del crudo en los mercados internacio­nales, que queda muy cerca de la media histórica, como el refino y el gasóleo, cuyos los precios se han disparado por la crisis geopolític­a. De hecho, el coste del petróleo ha retrocedid­o hasta niveles de inicios de año, antes de la guerra declarada por Putin, pero el diésel ha escalado un 33,8%, hasta 1,82 euros por litro.

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