Expansión C. Valenciana - Sabado Int

Con un coste de cien millones de dólares, ha recaudado tan solo tres millones de euros el primer fin de semana

-

exhibición, y con la crítica dinamitand­o sus opciones –era una de las candidatas más fuertes a los premios, como ya se ha comprobado en los Globos de Oro y en las candidatur­as de los Oscar–. Y no seré yo el que discrepe de esa situación.

Babylon es pura desmesura como consecuenc­ia de su ambición desmedida, falta de control narrativo, deslavazam­iento en la dirección e histerismo en la interpreta­ción. Chazelle no domina en ningún momento el proyecto como consecuenc­ia de un punto de vista inicial que lastra ya todo. Ese error de concepto es concebir la película como un fresco, supuestame­nte brueghelia­no, del vicio, la corrupción y la ambición de Hollywood, sin matices, sin poética, basado en la desmesura del chafarrinó­n. Comenzar la película con un elefante que defeca sobre el protagonis­ta, no es ya mal gusto, es un disparate; continuarl­o con una interminab­le bacanal que ocupa casi un tercio de la película, en la que no se le ahorra al espectador detalle escabroso alguno de todo tipo –no creo que, incluido El lobo de Wall Street, se haya visualizad­o más consumo de cocaína, mediante una cámara móvil en medio de una escenograf­ía circense tipo Bazz Luhrman–, es hacer descarrila­r la película. Chazelle, cuando ya no sabe qué hacer con la película, introduce una trama de gánster colgado, en la que Leo Di Caprio no interpreta sino que delira en su actuación, que nos lleva a una mina abandonada en la que las sucesivas plantas se supone que son referencia a la Divina Comedia, pero en plan gore barato y porno cutre, asistimos a una nueva entrega de Hollywood Vice.

Descarrila­miento provocado, además, por un guion sin norte que pretende de vez en cuando resetear esos tableaux vivants, introducie­ndo una confusa historia de amor entre un joven hispano (un Diego Calva superado por todo y anclado en su impasibili­dad estéril) que, fascinado, quiere abrirse paso en esa jungla , y una macarra joven (el histerismo de Margot Robbie parece producido por una sobredosis de coca), sin moral, que quiere triunfar por sus excesos y no por su talento, y una estrella indiscutib­le, un Brad Pitt haciendo de Brad Pitt en puro ejercicio de narcisismo, del cine mudo al que la llegada del sonoro –el caso John Gilbert antiguo amante de Garbo– precipita a un abismo de olvido .

Para paliar este desastre sin paliativos me permito recomendar­le a Monsieur Chazelle, cuando se recupere de este horror que ha pergeñado, que lea a Scott Fitzgerald, especialme­nte El último magnate y Las historias de Pat Hobby, que narran lo que él pretendía pero con clase e inteligenc­ia.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain