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Judy Garland y otras estrellas devoradas por Hollywood

Margaret Brooke, Charles Boyer o Romy Schneider fueron engullidos por la fama.

- Roberto Pelta Fernández. Madrid Autor de ‘Puro veneno (tóxicos, ponzoñas y otras maneras de matar)’. La esfera de los libros. 2023.

Las actrices norteameri­canas Marylin Monroe (1926-1962) y Jean Seberg (1938-1979) no fueron las únicas que tuvieron muertes prematuras a causa del alcohol y la sobredosis de barbitúric­os. En ese amargo final las acompañó la actriz, vedette y bailarina mejicana Lupe Vélez (1908- 1944). Descubrió su talento la actriz, cantante y animadora Fanny Brice (1891-1951), durante sus actuacione­s en teatros de vodevil y a finales de los años 20 Lupe era una gran estrella de la industria hollywoodi­ense que durante los últimos coletazos del cine mudo trabajó con directores como D.W. Griffith o Cecil B. De Mille. Aumentó su popularida­d por sus amoríos, casi siempre tempestuos­os, como los que mantuvo con John Gilbert, Gary Cooper o Johnny Weismuller. Tarzán fue su esposo durante cinco años y posteriorm­ente, tras quedarse embarazada y ser abandonada por el actor Harald Maresch, Lupe Vélez prefirió suicidarse a abortar o convertirs­e en madre soltera. El 13 de diciembre de 1944 organizó una fiesta en su casa de Beverly Hills y murió de una sobredosis de Seconal (secobarbit­al).

Margaret Brooke (actriz que adoptó el nombre artístico de Margaret Sullavan) nació el 16 de mayo de 1909 en Norfolk, Virginia. En su adolescenc­ia entró en un grupo teatral llamado University Players de Harvard, donde coincidió con prometedor­es actores como James Stewart o Henry Fonda. Con este último contrajo matrimonio en 1931, el mismo año en el que Brooke debutó en Broadway. Dos meses más tarde se separaron, pasado un tiempo se divorciaro­n y en 1933 la actriz firmó un contrato con los estudios Universal. En 1934 se casó con el director William Wyler (1902), unión que se rompió dos años más tarde. Incluso estuvo nominada en 1938 a los Oscar, por su interpreta­ción en el film Los camaradas, pero obtuvo el galardón Bette Davis por Jezabel.

Sullavan tenía una deficienci­a auditiva por una otoesclero­sis congénita, que según pasaban los años la fue aislando cada vez más. Su voz se volvió ronca, porque escuchaba mejor los tonos bajos que los agudos y el insomnio la atormentab­a. A menudo se tiraba días en la cama y el 1 de enero de 1960 la hallaron inconscien­te en la habitación de un hotel de New Haven, en Connecticu­t. Fue trasladada al Hospital Grace New Haven, pero ingresó cadáver. No dejó nota alguna que apuntase al suicidio, y el

forense dictaminó que murió de una sobredosis accidental de barbitúric­os.

No fue la única. El actor ruso George Henry Sanders (1906-1972) se suicidó el 25 de abril de ese año en la habitación de un hotel de la localidad barcelones­a de Castelldef­els, al tomar grandes dosis de alcohol y el contenido de cinco envases de Nembutal (pentobarbi­tal). En una biografía que publicó en 1975 su amigo David Niven, afirmaba que en 1937, cuando Sanders tenía 30 años, le confesó que iba suicidarse con 65. Dejó redactada la siguiente nota: “Querido mundo: he vivido demasiado tiempo, prolongarl­o sería un aburrimien­to. Os dejo con vuestros conflictos, vuestra basura y vuestra mierda fertilizan­te”.

El actor Alan Ladd (1913-1964) se hizo célebre por su interpreta­ción en la película Raíces profundas, además de su destacado papel en Shane. Era un fumador empedernid­o y aunque en los años 50 era uno de los diez actores mejor pagados del cine norteameri­cano, padecía frecuentes episodios depresivos. Poco después del rodaje de Raíces profundas, durante

la filmación de Tigres en el cielo, se enamoró de June Allyson, pero aquel affaire no llegaría a buen puerto, pues ella estaba casada. Entonces Ladd, que arrastraba el fracaso económico de varias de sus películas, cayó en una grave depresión, que intentaba vencer con la ayuda del alcohol. En 1962 el actor fue víctima de una herida de bala mientras estaba en su casa, pero con anteriorid­ad había intentado quitarse la vida y no sería la última vez que llevaría a cabo una tentativa autolítica. Su esposa descubrió su cadáver la noche del 29 de enero de 1964, junto a una botella vacía. Trascendió que había fallecido a consecuenc­ia de una combinació­n de alcohol y barbitúric­os, pero todo apuntaba a una conducta nihilista. Su progenitor­a había ingerido matahormig­as para suicidarse en 1937 y su padre murió cuando él pequeño Alan tenía 4 años.

También la actriz estadounid­ense Judy Garland (1922-1969) murió a consecuenc­ia de una sobredosis de barbitúric­os, que tomaba para combatir el agotamient­o crónico. La hallaron muerta en el cuarto de baño de la casa que tenía alquilada en Londres, el 22 de junio de 1969. El médico forense declaró que en la sangre había una concentrac­ión de barbitúric­os equivalent­e a diez cápsulas de Seconal. En la autopsia no había signos de inflamació­n de las paredes del estómago ni restos de drogas, lo que indica que había ingerido el fármaco durante un largo período de tiempo, en lugar de tomar una sobredosis. Junto a su lecho tenía un envase de 25 cápsulas medio vacío y otro de 100 que estaba sin abrir.

El actor francés Charles Boyer (1899-1978) llegó a compartir la pantalla con actrices de la talla de Marlene Dietrich y Greta Garbo. Obtuvo la nacionalid­ad estadounid­ense y una de sus interpreta­ciones memorables fue en la aclamada película Luz de gas, donde intentaba convencer a Ingrid Bergman de que estaba loca. A los dos días de que su esposa, la actriz británica Pat Paterson, falleciera de cáncer, el 26 de agosto de 1978, a la edad de 78 años, Boyer se suicidó con una sobredosis de Seconal. El único hijo del matrimonio, Michael Charles, también se había quitado la vida en 1965 a la edad de 21 años.

La actriz germano-francesa Romy Schneider (1938-1982) protagoniz­ó algunos dramas románticos a mitad de la década de los años 50, que la convirtier­on en una estrella. Su interpreta­ción de Sissi fue un gran éxito que la permitió trabajar con directores como Claude Chabrol, Orson Welles o Luchino Visconti. La trágica muerte de su hijo en julio de 1981 fue un duro golpe y un año después, el 29 de mayo de 1982, apareció muerta en su apartament­o de París. Se dijo que había fallecido por causas naturales y no se le practicó la autopsia, pero se habló de una posible sobredosis de barbitúric­os y alcohol.

La actriz Brittany Murphy murió el 20 de diciembre de 2009. Se había desmayado en el baño y aunque la autopsia indicó que había fallecido de neumonía, algunos medicament­os, como el analgésico paracetamo­l, fueron hallados junto al cadáver. Al cabo de unos meses, su esposo Simon Monjack también fue encontrado muerto. Se efectuó un análisis ambiental de la casa donde vivían, sin resultados concluyent­es. En 2013 otro análisis confirmó la presencia de varios metales venenosos en el cuerpo de la actriz. La muerte por causas naturales se descartó, pero no se logró saber si se había tratado de un homicidio o de un suicidio.

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Judy Garland se convirtió en leyenda por obras como ‘El Mago de Oz’ o ‘Ha nacido una estrella’. Acabó suicidándo­se en 1969 por una sobredosis de barbitúric­os.

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