JORDI MOLLÀ

El ac­tor ha­bla de ca­brear a Di­ca­prio, ha­cer siem­pre de ma­lo y ‘Call of Duty’

FHM - - P&R -

¿No te can­sa ha­cer pa­pe­les que son siem­pre la va­ria­ción del ar­que­ti­po del his­pano nar­co­tra­fi­can­te? ¿Por qué a Johnny Depp le ofre­cen siem­pre pa­pe­les exa­ge­ra­dos, con más­ca­ras? Es un bau­tis­mo que te ha­ce el pú­bli­co y con el que hay que tran­si­gir. Si en un con­cier­to, U2 se pu­sie­ran a to­car Sexy Mot­her­fuc­ker en vez de sus éxi­tos tí­pi­cos, la gen­te se que­ja­ría, y con ra­zón, por­que han ido a un con­cier­to de U2, no de Prin­ce. Hay muy po­cos que con­si­guen li­brar­se de las eti­que­tas, es un pa­so evo­lu­ti­vo muy com­pli­ca­do. Pe­ro sin em­bar­go, U2 cambiaron, han pa­sa­do por dis­tin­tas eta­pas, es de­cir, que pue­de ha­cer­se. En­ton­ces te va­mos a ir vien­do en pa­pe­les que se ale­jan de lo que hi­cis­te en Blow, por ejem­plo. Aho­ra ten­go un pa­pel en una co­me­dia in­die muy di­ver­ti­da en la que ha­go de un aza­fa­to de vuelo muy ma­ri­ca. En Es­pa­ña due­le más por­que se co­no­cen más pe­lí­cu­las mías y se sa­be que pue­do ha­cer otras co­sas, pe­ro el mer­ca­do de Holly­wood es­tá muy com­par­ti­men­ta­do y es com­pli­ca­do huir del en­ca­si­lla­mien­to. Pues tu tra­ba­jo más re­cien­te ha si­do pa­ra un vi­deo­jue­go, el nue­vo Call of Duty na­da me­nos. En él le pres­tas tu voz a Me­nén­dez, el –có­mo no– gran vi­llano cen­troa­me­ri­cano. ¿Te gus­ta ju­gar? Há­bla­nos del tra­ba­jo que has he­cho con tu voz. ¿Te re­sul­ta com­pli­ca­do dar for­ma a un per­so­na­je so­lo a tra­vés de ella? Cuan­do pre­pa­ro un per­so­na­je, la voz es lo pri­me­ro que tra­ba­jo. Si no en­cuen­tro la voz, no en­cuen­tro el cuer­po del per­so­na­je. Creo que la pro­nun­cia­ción de una pa­la­bra es­pe­cí­fi­ca, un tic con un acen­to con­cre­to te pue­de dar la cla­ve so­bre có­mo es un per­so­na­je. De ni­ño te­nía fa­ci­li­dad pa­ra imi­tar vo­ces y acen­tos, y fue eso lo que me de­ci­dió a ser ac­tor. Otra oca­sión en la que lo he he­cho ha si­do con una pe­lí­cu­la de ani­ma­ción rusa en 3D que se es­tre­na es­te año, en la que hi­ce de vi­llano y apro­ve­ché que era de di­bu­jos ani­ma­dos pa­ra pa­ro­diar mi pa­pel tí­pi­co de vi­llano. Has tra­ba­ja­do con dos ico­nos ab­so­lu­tos de FHM, dos ído­los, dos ti­ta­nes: Michael Bay y Vin Die­sel en la nue­va de Rid­dick. ¿En qué se di­fe­ren­cian? De Bay me sor­pren­dió que las es­ce­nas que mon­ta en sus pe­lí­cu­las son de ver­dad, no hay na­da di­gi­tal. Es de­cir, que si ves a un co­che caer des­de lo al­to, el co­che es­tá ca­yen­do de ver­dad. Es lo con­tra­rio de Rid­dick, que es to­do post­pro­duc­ción y efec­tos di­gi­ta­les. Pa­sa co­mo con Noche y Día de Tom Crui­se y Ca­me­ron Diaz, en la que tam­bién hi­ce de ma­lo. En las fa­mo­sas es­ce­nas de los San­fer­mi­nes hu­bo co­sas que To­do cla­ro. Ha­ble­mos de al­go más es­pe­cí­fi­co: ha­ce unos años, nues­tro di­rec­tor hi­zo de fi­gu­ran­te en una pe­lí­cu­la tu­ya. Cuén­ta­nos al­gu­na his­to­ria di­ver­ti­da de fi­gu­ran­tes. Me en­can­tan los fi­gu­ran­tes: mu­chas ve­ces no son ac­to­res pro­fe­sio­na­les y de­la­tan que es­tán en una pe­lí­cu­la. Por eso, El gua­te­que es una de mis pe­lí­cu­las fa­vo­ri­tas. Hay una anéc­do­ta de Vo­la­vé­runt, de Bi­gas Lu­na, en la que un fi­gu­ran­te, un se­ñor ma­yor, so­lo te­nía que pa­sar an­dan­do por de­lan­te de la cá­ma­ra en una es­ce­na al ai­re li­bre, pe­ro siem­pre se equi­vo­ca­ba y mi­ra­ba a cá­ma­ra, o de­ja­ba de an­dar an­tes de tiem­po. Y así cha­fó ocho o nue­ve to­mas. Has­ta que Bi­gas Lu­na se ca­breó y le di­jo que hi­cie­ra el fa­vor de an­dar mi­ran­do al fren­te y no de­jar de an­dar has­ta que no oye­ra “Cor­ten”. Pues se hi­zo, y sa­lió bien el plano. Y cuan­do bus­ca­ron al fi­gu­ran­te no apa­re­cía por nin­gun la­do: no ha­bía oí­do ese “Cor­ten” y ha­bía an­da­do dos ki­ló­me­tros has­ta un des­cam­pa­do. Pa­ra ter­mi­nar, nos gus­ta­ría que nos con­fir­ma­ras al­go que to­dos sa­be­mos: que exis­te una sec­ta de ac­to­res es­pa­ño­les afin­ca­dos en Holly­wood que te­néis sa­lu­dos se­cre­tos y pa­la­bras cla­ve. Hom­bre, es nor­mal que cuan­do te en­cuen­tras con otros es­pa­ño­les, de lo que ha­blas y com­par­tes es lo es­pa­ñol, por­que es lo que tie­nes en co­mún. Yo soy muy ami­go de Pe­né­lo­pe Cruz y Ja­vier Bar­dem des­de que los co­no­cí en Ja­món, Ja­món, y es nor­mal que que­de­mos pa­ra to­mar al­go... pe­ro no hay tan­tas fies­tas y de­sen­freno en Holly­wood co­mo se cree. Hu­bo una vez que Ja­vier y Pe­né­lo­pe me di­je­ron “Oye, va­mos a ca­sa de Leo­nar­do Di­Ca­prio, que da una fies­ta y tal”. Así que di­je que va­le, que a ca­sa de Di­Ca­prio. Una vez allí se hi­zo una fies­ta muy sen­ci­lla, pa­ra po­ca gen­te, y ju­ga­mos a un jue­go muy sen­ci­lli­to de car­tas, no re­cuer­do las re­glas, pe­ro ha­bía un mo­men­to en el que ha­bía que ta­par­se los ojos. Pe­ro yo así hi­ce tram­pa y mi­ré en­tre los de­dos. Me pi­lló Leo­nar­do Di­Ca­prio y se en­fa­dó mu­chí­si­mo, pe­ro es que las re­glas son pa­ra rom­per­las. Cuan­do tie­nes el apre­tón, tie­nes que ir al ba­ño pa­ra sol­tar­lo. Es­to es así. Call of Duty: Black Ops II sa­lea­la­ven­tael11 de­no­viem­bre­pa­raPC,Xbox360­yPS3

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