P&R: EL ME­TEO­RÓ­LO­GO

El te­le­vi­si­vo Ma­rio Pi­ca­zo nos ha­bla de bi­go­tes, tor­na­dos, mos­ca­tel, ser­pien­tes mor­tí­fe­ras, mar­car pa­que­te y en­se­ñar el cu­lo a 40º ba­jo ce­ro

FHM - - EDITORIAL -

Ma­rio Pi­ca­zo ti­ra de iso­ba­ras y de fren­tes ba­jos de pre­sión pa­ra ha­blar­nos de frío, ca­lor y de por qué los

hom­bres del tiem­po no acier­tan un ca­ra­jo.

Es­tás muy via­ja­do y tie­nes es­tu­dios, pe­ro no de­jas de ser un tío de Pue­blo. Ja­ja, sí, y aho­ra vi­vo en otro en la sie­rra. Soy de Pue­blo, que por cier­to tie­ne dos­cien­tos y pi­co mil ha­bi­tan­tes y es­tá en Co­lo­ra­do. ¿Qué po­ne en tu tar­je­ta: me­teo­ró­lo­go, co­mu­ni­ca­dor, empresario, di­vul­ga­dor? Ja­ja, an­te to­do soy me­teo­ró­lo­go, es la ba­se, y de ahí han ido sur­gien­do co­sas, la ma­yo­ría re­la­cio­na­das con la me­teo­ro­lo­gía. Aun­que sí es cier­to que me he me­ti­do en otros sa­raos. ¿Eres me­teo­ró­lo­go por vo­ca­ción? Sa­bía que se­ría al­go de Cien­cias, pe­ro a los 12 años me pre­sen­ta­ron la me­teo­ro­lo­gía y me en­tu­sias­mó. Me cons­truí mi es­ta­ción me­teo­ro­ló­gi­ca ca­se­ra y… has­ta hoy. ¿En qué país dan me­jor el tiem­po? Des­de el pun­to de vis­ta te­le­vi­si­vo, in­gle­ses, fran­ce­ses y ame­ri­ca­nos. Aquí hay bue­na es­cue­la pe­ro es un país com­pli­ca­do por... ¿Bus­can­do ex­cu­sas? ¡Jus­ti­fí­ca­te! Es­pa­ña es geo­grá­fi­ca­men­te com­pli­ca­da, tie­nes un mar frío co­mo el Atlán­ti­co, el Me­di­te­rrá­neo, mon­ta­ñas en to­das par­tes, so­mos el país más mon­ta­ño­so des­pués de Sui­za, va­lles que van de Nor­te a Sur y otros que van de Es­te a Oes­te… Eso ha­ce que ten­ga­mos una can­ti­dad de mi­cro­cli­mas que com­pli­can mu­cho la pre­dic­ción. ¿Tu ma­yor me­te­du­ra de pa­ta? Una vez, cuan­do el tiem­po se gra­ba­ba en

“Hu­bo ten­sión cuan­do es­tu­vi­mos si­guien­do a un tor­na­do que ma­tó a 185 per­so­nas. Son de­vas­ta­do­res”

be­ta­cam, se con­fun­die­ron y me­tie­ron la cin­ta de la se­ma­na an­te­rior. Ha­cía sol en to­da Es­pa­ña y el pro­nós­ti­co da­ba llu­vias en to­do el país. Lo vi des­de ca­sa y de­cía, “¡no pue­de ser, es­pe­ro que no me ha­ya vis­to mu­cha gen­te!”, pe­ro la gen­te lo vio y lo co­men­tó. De par­te de una ju­ga­do­ra de pá­del, ¿por qué no acer­táis más allá de tres días? No es que no acer­te­mos, es que los mo­de­los que ana­li­za­mos, a par­tir del ter­cer día, cam­bian. Es al­go ma­te­má­ti­co. En unos años las pre­vi­sio­nes que da­mos con exac­ti­tud pa­ra dos o tres días las da­re­mos pa­ra quin­ce. ¿No ha­béis pen­sa­do en fi­char a al­guien con ro­tu­ra de hue­sos? Ja­ja, te­ne­mos nues­tros con­tac­tos. Las ar­ti­cu­la­cio­nes con pro­ble­mas se con­traen con los cam­bios de hu­me­dad y si vie­ne un frente lo no­tan, es muy útil.

¿En qué ha cam­bia­do la in­for­ma­ción me­teo­ro­ló­gi­ca des­de que em­pe­zas­te? Mu­cho, cuan­do lle­gué a Te­le­cin­co ni si­quie­ra te­nían In­ter­net, fui el pri­me­ro jun­to con Pe­pe Navarro que la pe­di­mos. Aho­ra las pre­dic­cio­nes son más pre­ci­sas. Y en cuan­to a la for­ma, cuan­do lle­gué to­da­vía es­ta­ba el ma­pa de los ima­nes que se pe­ga­ban... En la par­te grá­fi­ca se ha no­ta­do mu­chí­si­mo. Re­co­nó­ce­lo, ¿no es un po­co ab­sur­do abrir un te­le­dia­rio en enero anun­cian­do “ha­ce frío” y en agos­to “ha­ce ca­lor”? To­tal­men­te de acuer­do. Es­ta dis­cu­sión la he te­ni­do mu­chas ve­ces con mis com­pa­ñe­ros de in­for­ma­ti­vos. Pri­me­ro, la me­teo­ro­lo­gía ven­de mu­cho, cuan­do hay un tem­po­ral ya ni te di­go, es un pi­co de au­dien­cia se­gu­ro. Se­gun­do, qui­zá ese día no hu­bie­ra mu­chas no­ti­cias re­le­van­tes. Y ter­ce­ro, ten­de­mos a ser sen­sa­cio­na­lis­tas: “¡Sie­te ba­jo ce­ro en Te­ruel!”. Hombre, es­ta­mos en enero, y en Te­ruel an­tes ha­cía quin­ce ba­jo ce­ro… Ca­na­les te­má­ti­cos, te­le­vi­sión, webs… ¿por qué gus­ta tan­to el tiem­po? Lla­ma la an­ten­ción. An­tes era la gen­te de cam­po la que la ne­ce­si­ta­ba la in­for­ma­ción y aho­ra los ur­ba­ni­tas de­pen­den del tiem­po por­que el ocio y los via­jes, son ca­ros. ¿Se­ma­na San­ta y puen­tes, ma­rro­na­zos? Sí, por­que siem­pre hay una si­tua­ción me­teo­ro­ló­gi­ca com­pli­ca­da. La Se­ma­na San­ta coin­ci­de con un cam­bio de lu­na, que con­lle­va un cam­bio de tiem­po.

Eres po­pu­lar, ¿te pre­gun­tan por la ca­lle? Sí. Mu­chas ve­ces no es que les im­por­te el tiem­po, es más en plan, “¡te he re­co­no­ci­do!”, pe­ro aún así les di­go la pre­vi­sión. Y en las redes so­cia­les es un bom­bar­deo cons­tan­te: “ten­go pá­del, ¿va a llo­ver el jue­ves?”. Twit­ter es una he­rra­mien­ta muy útil, nos en­te­ra­mos de fe­nó­me­nos muy es­pe­cí­fi­cos y lo­ca­les. ¿Se­rías ca­paz, co­mo Ma­riano Me­di­na, de ju­gar­te el bi­go­te por un pro­nós­ti­co? Fue Eu­ge­nio Martín Ru­bio, que aún vi­ve con ca­si 100 años. Sí, lo ha­ría, fí­ja­te que aun se le re­cuer­da. En mi ca­so me de­ja­ría bi­go­te. Ha­blan­do de bi­go­tes, ¿es el cam­bio cli­má­ti­co, co­mo di­ce Az­nar, una co­ña? No. Por des­gra­cia es un asun­to en el que con­flu­yen in­tere­ses po­lí­ti­cos. Pe­ro es­tá ocu­rrien­do. De he­cho, va­mos ha­cia un pe­río­do gla­cial, lo que pa­sa es que siem­pre an­tes de un pe­río­do gla­cial hay otro más cá­li­do, y es­tá cla­ro que la in­fluen­cia hu­ma­na lo ha ace­le­ra­do de for­ma in­creí­ble. El des­hie­lo del Ár­ti­co, el au­men­to del ni­vel del mar… En el Me­di­te­rrá­neo pu­die­ra su­ce­der que, por una subida de tem­pe­ra­tu­ra, se for­ma­sen hu­ra­ca­nes. Y en 100 o 200 años po­drían cam­biar las co­rrien­tes oceánicas que re­gu­lan el tiem­po en Eu­ro­pa, des­en­ca­de­nar una mi­ni era gla­cial y que hu­bie­ra hie­lo per­pe­tuo en el nor­te de Es­pa­ña. Fuias­te a Oym­ya­kon, el pue­blo mas frío de la tie­rra, ¿se pue­de ori­nar en la ca­lle? Rá­pi­do y si en­cuen­tras lo que hay que usar. ¿El cli­ma más in­fu­ma­ble de la tie­rra? Pa­ra mí, que odio el ca­lor, en Etio­pía hay un si­tio en el que de día la me­dia es de 45-46 gra­dos y de no­che no ba­jan de 40, es una olla a pre­sión. Pe­ro Te­rra­no­va, con ese frío, vien­to y niebla, no es un lu­gar muy agra­da­ble En tus via­jes por Cli­mas Ex­tre­mos, ¿has es­ta­do a pun­to de mo­rir? Mo­rir no, pe­ro hu­bo mo­men­tos de ten­sión per­si­guien­do tor­na­dos. Y en to­dos la­dos nos da­ban al­cohol. En Ata­ca­ma el mos­ca­tel, en Si­be­ria be­ben vod­ka co­mo agua y en Te­rra­no­va, que son ir­lan­de­ses, de to­do. Ca­si lo que más ha pe­li­gra­do ha si­do mi hí­ga­do. El cli­ma es un gran ase­sino, ¿a qué in­cle­men­cia le tie­nes más res­pe­to? A los tor­na­dos, de­vas­ta­do­res y muy di­fí­ci­les de pro­no­nos­ti­car. Las ca­sas, li­te­ral­men­te, vue­lan. Uno de los que se­guía­mos ma­tó a 185 per­so­nas. En Oklaho­ma, una ma­dre es­ta­ba con sus tres hi­jos en la ba­ñe­ra de su ca­sa con un col­chón en­ci­ma, la úni­ca al­ter­na­ti­va si no tie­nes só­tano. Su­je­tó a dos pe­ro uno sa­lió vo­lan­do y apa­re­ció a 15 km. ¿En­se­ñar el cu­lo es lo más lo­co que has he­cho de­lan­te de una cá­ma­ra? Ja­ja, sí, se ha vis­to has­ta en… Sa­bía yo que… ¡Y con el frío que ha­cía se gra­bó tres ve­ces! El di­rec­tor de­cía, “que no ha­bía mu­cha luz, va­mos a re­pe­tir­lo”. ¿¡Y es­te tío es mi ami­go!? Leí­do en un fo­ro: “Cuan­do sa­le con pan­ta­lo­nes cla­ros me­nu­do pa­que­te que pa­re­ce que tie­ne”. ¿Eres un sex sym­bol? Ja­ja, lo del pa­que­te es por un pan­ta­lón “de to­re­ro” que me po­nen los de es­ti­lis­mo y que creo que ya he po­di­do des­car­tar. ¿Ha­rías El úl­ti­mo su­per­vi­vien­te? Me gus­ta­ría ha­cer al­go nue­vo, pe­ro si me pi­den sus­ti­tuir al presentado­r... yo en­can­ta­do. Hi­cis­te Su­per­vi­vien­tes, ¿qué tal? Me tum­bó una sal­mo­ne­la ti­foi­dea. Y en la sel­va te de­cía al­guien, “ojo que aquí hay unas ser­pien­tes que si te pi­can tie­nes que ir an­tes de una ho­ra al hos­pi­tal”, ¡y es­tá­ba­mos a tres ho­ras! Fue una ex­pe­rien­cia y me gus­tó so­bre to­do por el te­ma de la na­tu­ra­le­za.

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