¿Y si so­lo pu­die­ras es­cu­char una can­ción has­ta el fi­nal de los tiem­pos, cuál ele­gi­rías?

El MC ali­can­tino nos ha­bla de su nue­vo dis­co de te­lo­near a roc­ke­ros, el ba­lón de Mi­chael Jor­dan y Jai­me Gil de Bied­ma

FHM - - INTERIORES -

Re­cuer­do uno en el Roc­kó­po­lis de Ali­can­te, en el 94, con to­do gru­pos de rock, aun­que eran cha­va­les. Y yo co­gí una cin­ta de cas­set­te, mis ba­ses gra­ba­das en el sin­te­ti­za­dor y mi par de hue­vos y me pu­se a ra­pear de­lan­te de la pe­ña y de los roc­ke­ros. Y a la gen­te le mo­ló bas­tan­te, aun­que es­ta­ba ner­vio­sí­si­mo. Su­per­me­ga­un­der­ground, pe­ro bru­tal. Y aho­ra lan­zas Los via­jes in­mó­vi­les, ¿qué va­mos a en­con­trar en él? No es un dis­co de rap, eso es lo pri­me­ro. Es un dis­co de o poe­sía oral in­ter­pre­ta­da. Ha sur­gi­do de ma­ne­ra es­pon­tá­nea, de tex­tos que iba es­cri­bien­do, so­bre to­do en via­jes y de ahí el nom­bre. Y al es­cri­bir­los y des­cu­brir mu­chas co­sas del ha­blé con mi ma­na­ger y es­to fue cre­cien­do has­ta con­ver­tir­se en un dis­co en el que re­ci­to poe­sía con un de­ter­mi­na­do rit­mo y me he apo­ya­do en Moi­sés P. Sán­chez que es un pe­da­zo de pia­nis­ta de jazz y un elen­co de mú­si­cos bru­ta­les. Yo se­gui­ré ha­cien­do rap pe­ro es­to es un al­to en el ca­mino. Oye, y ha­blan­do de via­jes ¿cuál es el me­jor si­tio al que has via­ja­do nun­ca? Uf, mu­chos, pe­ro el pri­me­ro que me vie­ne a la ca­be­za es Ja­pón. Es­tu­ve tres se­ma­nas en ca­sa de un ami­go ja­po­nés, con su fa­mi­lia y vi­ví la vi­da de allí y fue bru­tal. Y si te pa­gá­ra­mos un bi­lle­te de avión aho­ra mis­mo, ¿dón­de te irías? Bue­na pre­gun­ta… lo más le­jos po­si­ble. Nue­va Ze­lan­da me atrae mu­cho, con mu­chos cho­ques y una na­tu­ra­le­za bru­tal. Pe­ro ya que es­ta­mos ima­gi­nan­do, las ho­ras de avión me las pa­so por el fo­rro di­rec­ta­men­te. La no­ta de pren­sa nos chi­va que la ciu­dad es tu fuen­te de ins­pi­ra­ción. ¿Qué más te ins­pi­ra? Lle­vas más de vein­te años me­ti­do en la mú­si­ca ya, ¿có­mo em­pe­zó to­do? El pri­mer dis­co sa­lió en el año 2000, pe­ro an­tes, con las ma­que­tas y sin ser pro­fe­sio­nal pues sí, vein­te o vein­tiún años lle­vo. Me me­tí en el hip hop por­que ju­ga­ba al bás­ket, la gen­te del par­que ha­cía gra­fit­tis, te em­pie­zan a po­ner cin­tas, te gus­tan… así em­pe­zó to­do, en mi ca­sa con los co­le­gas has­ta que ter­mi­nas de­di­cán­do­te a es­to. Ha pa­sa­do. Y aquí es­toy. So­bre to­do por ser ca­be­zón y cu­rrár­me­lo al má­xi­mo. ¿Re­cuer­das tu pri­mer con­cier­to? Cuan­do co­jo la es­pon­ja me ins­pi­ro con un le­tre­ro que veo, un li­bro, una con­ver­sa­ción… Y co­mo soy un ur­ba­ni­ta ob­ser­vo mu­cho, me co­mo el ta­rro… co­mo to­do el mun­do, su­pon­go, pe­ro yo saco mis pro­pias con­clu­sio­nes y las pa­so al pa­pel. Co­mo te­ra­pia me sir­ve mo­go­llón. Sí, bueno, es­cu­cho mu­cho rap y cuan­do pon­go la es­pon­ja se me in­te­gran mu­chos ar­tis­tas en la ca­be­za. Pe­ro el que crea que en­tro a la ducha y me pon­go a ra­pear… pues no es así. Hay momentos en los que pien­sas que has per­di­do to­do el ta­len­to pe­ro hay otros in­creí­bles. Me voy a mo­jar, aun­que la gen­te se sor­pren­da, pe­ro se­ría la ban­da so­no­ra en­te­ra de de En­nio Mo­rri­co­ne y el te­ma de amor de esa ban­da es tan bo­ni­to que su­pon­go que me que­da­ría con él.

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