EL ATLE­TA MO­TO­RI­ZA­DO

FHM - - FARSANTES DE AÚPA -

Cuán­do: Ma­ra­tón de los Jue­gos Olím­pi­cos de San Louis, 1904.

Có­mo: En co­che. Aun­que pa­rez­ca in­creí­ble, Fred Lorz re­co­rrió al me­nos 14 de los 40 ki­ló­me­tros de la prue­ba más ex­tre­ma de los Jue­gos en el co­che de su má­na­ger. Se­gún el pro­pio tes­ti­mo­nio de Lorz, es­ta­ba a pun­to de re­ti­rar­se tras los pri­me­ros 15 ki­ló­me­tros cuan­do su re­pre­sen­tan­te le re­co­gió en co­che pa­ra lle­var­le al ho­tel, pe­ro el au­to­mó­vil se ave­rió y de­ci­dió ter­mi­nar la ca­rre­ra de nue­vo a pie. La mar­ca, 3 ho­ras y 13 mi­nu­tos en una prue­ba mar­ca­da por unas con­di­cio­nes in­fer­na­les. En aque­lla épo­ca, los co­rre­do­res só­lo po­dían in­ge­rir lí­qui­dos en los ki­ló­me­tros 9 y 18 del re­co­rri­do, y el se­gun­do cla­si­fi­ca­do en me­ta, Thomas Hicks, lo­gró so­bre­po­ner­se a los des­fa­lle­ci­mien­tos gra­cias a un cóc­tel de cla­ra de hue­vo, brandy y es­tric­ni­na (que en la ac­tua­li­dad se con­si­de­ra do­pa­je). Pe­se a to­do, sus 3 ho­ras y 28 mi­nu­tos si­guen sien­do la peor mar­ca en esa dis­tan­cia en unos Jue­gos.

Por qué: La glo­ria olím­pi­ca era un ca­ra­me­lo de­ma­sia­do ape­ti­to­so. Lo más pro­ba­ble es que el bueno de Lorz lle­ga­ra a la me­ta, y al ver­se fo­to­gra­fia­do con Alice Roo­se­velt, ya no hu­bie­ra vuel­ta atrás, y fue sus­pen­di­do por un año. Eso sí, el año si­guien­te ga­nó el ma­ra­tón de Bos­ton con la exe­len­te mar­ca de 2:38:25.2: Hicks no pu­do ni man­te­ner­se en pie pa­ra re­ci­bir la co­ro­na de la se­ño­ra Roo­se­velt y se re­ti­ró del atle­tis­mo pa­ra siem­pre.

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