Hu­go Sil­va

El sex sym­bol es­pa­ñol man­da un re­ca­di­to so­bre el pre­cio del ci­ne, nos cuen­ta su mo­rreo con Ma­rio Ca­sas y se ha­ce el lo­co con las chi­cas

FHM - - ¡A JUGAAAAAAA­R! - La pe­lí­cu­la Mu­sa­ra­ñas se es­tre­na el 25 de di­ciem­bre en ci­nes de to­da Es­pa­ña.

Mu­sa­ra­ñas es una pe­lí­cu­la di­fí­cil de cla­si­fi­car. Un po­co de Lor­ca, un po­co de Al­mo­dó­var, unas go­tas de post­gue­rra y al­go de Mi­sery de Step­hen King, ¿es­tás de acuer­do?

Sí, es un po­co mez­cla de gé­ne­ros, y de mu­chas his­to­rias que han si­do im­por­tan­tes en la li­te­ra­tu­ra, pe­ro siem­pre den­tro de una pe­lí­cu­la clá­si­ca de te­rror psi­co­ló­gi­co.

Y ade­más, un fi­nal bas­tan­te go­re... ¿Crees que es una cin­ta pa­ra to­das las sen­si­bi­li­da­des?

Es la tra­ca fi­nal, y sa­le to­do. Es una ca­sa que es­tá a pun­to de es­ta­llar y to­do es acor­de con la ele­gan­cia del film.

En Mu­sa­ra­ñas adop­tas el rol de hombre ob­je­to más que de castigador, ¿có­mo te preparaste pa­ra el pa­pel?

Álex de la Igle­sia, el pro­duc­tor, di­ce que soy la chi­ca de la pe­lí­cu­la de te­rror. A tra­vés de mi per­so­na­je el es­pec­ta­dor va iden­ti­fi­cán­do­se con la víc­ti­ma, pe­ro lo he pa­sa­do muy bien gri­tan­do, asus­tán­do­me… y era tan fá­cil enamo­rar­se del per­so­na­je de Na­dia de San­tia­go co­mo ate­rro­ri­zar­se con el de Ma­ca­re­na Gó­mez.

Re­cuer­do el pa­se de la pe­lí­cu­la en Sit­ges y po­cas ve­ces he vis­to tan­tas ova­cio­nes se­gui­das a una so­la ac­triz, ¿crees que Ma­ca­re­na es­tá pa­ra ga­nar el Go­ya?

Es un per­so­na­je pa­ra op­tar al Go­ya, por su­pues­to. En mi opi­nión de­be­ría es­tar no­mi­na­da por­que es un tra­ba­ja­zo y un per­so­na­je pa­ra el que ha na­ci­do, y que en­tien­de des­de lo más pro­fun­do.

Por cierto, siem­pre se te han atri­bui­do ro­man­ces con com­pa­ñe­ras de re­par­to, ¿qué hay de verdad y qué de le­yen­da en ese his­to­rial?

Bueno… Hay mu­cha li­te­ra­tu­ra en to­do eso, así que no hay que de­jar­se lle­var por lo que se pu­bli­ca en de­ter­mi­na­dos si­tios.

Eres ma­dri­le­ño, del ba­rrio de San Blas. Un en­torno muy hu­mil­de en aque­lla épo­ca, ¿vie­ne de ahí tu preo­cu­pa­ción por las cau­sas so­cia­les?

No lo sé. Creo que es por có­mo me han edu­ca­do. Me han in­cul­ca­do la hu­mil­dad y el res­pe­to, e in­ten­to ser cohe­ren­te con ello.

¿Es verdad que lle­gas­te a plan­tear­te ha­cer­te elec­tri­cis­ta cuan­do eras muy jo­ven?

De he­cho lo es­tu­dié y fue mi ofi­cio du­ran­te un pe­río­do pe­que­ño, ya que es el ofi­cio de bue­na par­te de mi fa­mi­lia. ¡Pe­ro ya no me acuer­do ni de la ley de Ohm! [ri­sas]

¿Y cuán­do te das cuen­ta de que po­días vi­vir de la ac­tua­ción?

Cuan­do em­pie­zo a es­tu­diar tea­tro no me lo plan­teo. Yo que­ría vi­vir de es­to y en el fon­do de mi co­ra­zón sa­bía que po­día. Te­nía cla­ro que no que­ría tra­ba­jar de al­go que no me gus­ta­ba. Es­tu­dia­ba de día, tra­ba­ja­ba de no­che, y cuan­do tie­nes una ilu­sión pue­des con to­do.

En los co­mien­zos de tu ca­rre­ra, ¿en qué ac­to­res te fi­ja­bas?

So­bre to­do en Eduard Fer­nán­dez, que me fas­ci­na­ba en aque­lla épo­ca, en Ja­vier Bar­dem… Aun­que siem­pre he te­ni­do de­vo­ción por Al Pa­cino. Aho­ra que eres un per­so­na­je fa­mo­so, ¿có­mo con­si­gues ha­cer una vi­da nor­mal sin sen­tir­te aco­sa­do por la pren­sa del co­ra­zón? Ni lo pien­so. In­ten­to ha­cer mi vi­da nor­mal y no ha­go ca­so a lo que se pu­bli­ca, por­que sue­le obe­de­cer a lo que quie­re ven­der una re­vis­ta. So­mos per­so­na­jes, nos po­nen tra­mas co­mo en una fo­to­no­ve­la de las de an­tes. En tu tiem­po li­bre te gus­ta dis­fru­tar del ci­ne y el tea­tro en Ma­drid. ¿Cuál es tu opi­nión so­bre la cri­sis de es­pec­ta­do­res? ¿Crees que el ci­ne es ca­ro, en com­pa­ra­ción con las de­más op­cio­nes de ocio exis­ten­tes? Creo que el IVA que se ha im­pues­to a la cul­tu­ra es ca­ro y po­co prác­ti­co. Cual­quie­ra que va­ya al ci­ne a ver una pe­li, y lue­go in­vi­te a su no­via a una ce­na por muy ba­ra­ta que sea, le van a dar un buen pa­lo, y no es ne­ce­sa­rio. La cul­tu­ra de­be­ría es­tar apo­ya­da, pa­re­ce que es un lu­jo y es un de­re­cho. Una sociedad sin cul­tu­ra es muy pe­li­gro­sa. Uno de tus pri­me­ros pa­pe­les lar­gos fue en la inefa­ble Men­ti­rasy­gor­das, ¿has­ta qué pun­to

re­fle­ja la reali­dad de la ju­ven­tud es­pa­ño­la?

Hay de to­do. Hay cha­va­les que es­tán to­do el fin de se­ma­na de fies­ta y otros que ha­cen vo­lun­ta­ria­dos. No creo que re­fle­je el es­ta­do de la sociedad. Dro­gas ha ha­bi­do siem­pre, y siem­pre las ha­brá. En los 80 por ejem­plo... ¡ima­gí­na­te!

Más ade­lan­te, en Lo­sa­man­tes­pa­sa­je­ros cum­plis­te el sue­ño de tra­ba­jar con Al­mo­dó­var, ¿cuál es el si­guien­te ob­je­ti­vo?

Vol­ver a tra­ba­jar con Al­mo­dó­var [ri­sas]. Pe­ro tam­bién con Álex de la Igle­sia, Ro­dri­go Cor­tés, Ba­yo­na, Ur­bi­zu… Hay gen­te muy bue­na pa­ra tra­ba­jar en es­te mun­di­llo.

Con Álex, en Las bru­jas de Zu­ga­rra­mur­di, apar­te de la ex­tra­or­di­na­ria se­cuen­cia ini­cial, se re­cuer­da tu mo­rreo for­zo­so con Ma­rio Ca­sas. ¿Có­mo os lo to­mas­teis los dos? Bien, una co­sa anec­dó­ti­ca, di­ver­ti­da… Cuan­do ter­mi­na­mos la pri­me­ra to­ma, Álex di­jo: “Sa­béis cuál va a ser el plano más im­por­tan­te del trái­ler, ¿verdad?”. Pre­gun­ta clá­si­ca pe­ro inevi­ta­ble, ¿qué les gus­ta a las mu­je­res de ti? No ten­go ni la más re­mo­ta idea, y qui­zás sea eso. Eres un fa­ná­ti­co de las ga­fas de sol, ¿al­gún con­se­jo pa­ra la pró­xi­ma tem­po­ra­da? Es­to es un po­co per­so­nal, pe­ro hay una ten­den­cia a lo vin­ta­ge. Ca­da vez se va más atrás, ya es­ta­mos ca­si en los años 20. Yo creo que aca­ba­re­mos qui­tan­do la mon­tu­ra a las del abue­lo y po­nien­do unos bue­nos cris­ta­les. No exa­ge­ro. Ter­mi­na­mos con un clá­si­co de FHM, ¿a qué chi­ca, com­pa­ñe­ra de re­par­to o no, te gus­ta­ría ver en la por­ta­da de nues­tra re­vis­ta? ¿A qué chi­ca? A Carmen Ma­chi.

A CUAL­QUIE­RA QUE VA­YA AL CI­NE Y LUE­GO IN­VI­TE A SU NO­VIA A CE­NAR, LE VAN A DAR UN BUEN PA­LO

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