¿Có­mo na­ce tu amor por la mon­ta­ña? ¿Ya de pe­que­ño an­da­bas es­ca­lan­do co­sas o te sa­le la ve­na más ade­lan­te?

A sus 57 años, el al­pi­nis­ta vas­co no pier­de la pa­sión por la mon­ta­ña y nos ha­bla del Hi­ma­la­ya, de par­ti­das de mus y de tu­ris­mo ver­ti­cal

FHM - - P&R -

Uno em­pie­za des­de pe­que­ñi­to. La cul­tu­ra y la tra­di­ción de mon­ta­ña que te­ne­mos en el País Vas­co ha he­cho que sal­ga­mos mu­chí­si­mos al­pi­nis­tas. Re­cor­de­mos que fui­mos pio­ne­ros en acu­dir al Hi­ma­la­ya, con aque­lla pri­me­ra ex­pe­di­ción vas­ca al Eve­rest en 1974. Yo em­pie­zo de pe­que­ño de la mano de mi ai­ta y con 14 años ya co­mien­zo a co­no­cer el mun­do ver­ti­cal y de ahí, ya voy a los Pi­ri­neos, los Pi­cos de Eu­ro­pa, los Al­pes... ¿Cuán­tas ve­ces has vis­to de cer­ca la gua­da­ña de la muer­te? Cla­ro que he vis­to de cer­ca la muer­te, por­que es­tas co­sas ocu­rren, pa­san y son así. El que se de­di­ca a es­te de­por­te, a es­te ne­go­cio, ya sa­be lo que hay. Qui­zá sea­mos de otra pas­ta los que nos de­di­ca­mos a es­ta ac­ti­vi­dad. Se pa­san mo­men­tos di­fí­ci­les y du­ros, que pien­sas que no vas a ba­jar... Y esas co­sas nun­ca se ol­vi­dan, pe­ro se apar­can y acu­des de nue­vo al Hi­ma­la­ya. Cuan­do es­táis en el cam­po ba­se, ¿qué ha­céis pa­ra ma­tar el ra­to? Leer fi­lo­so­fía, ju­gar al mus, re­zar... Pues un po­co de to­do. Leer, ver pe­lí­cu­las, an­dar sal­sean­do en la co­ci­na, en otros la­dos... En fin, son mo­men­tos de re­la­ja­ción que ha­ces mu­chas co­sas. En­tre­te­ner­te con otras ex­pe­di­cio­nes, con otra gen­te, con otros gru­pos, co­ci­nar en mi ca­so, que me gus­ta mu­cho. To­do ese ti­po de co­sas. Res­pec­to a la pre­pa­ra­ción, ¿qué pe­sa más? ¿El fí­si­co o ser más du­ro que una pie­dra men­tal­men­te ha­blan­do? Bueno, va­le to­do. No pa­ra la pre­pa­ra­ción, sino pa­ra su­bir una mon­ta­ña de 8.000 me­tros. Evi­den­te­men­te es un tán­dem en­tre con­di­ción fí­si­ca y psi­co­ló­gi­ca. Las mon­ta­ñas se suben con las pier­nas pe­ro tam­bién con la ca­be­za, con la men­te y con la ex­pe­rien­cia que uno ha ad­qui­ri­do du­ran­te tan­tos años. ¿Qué te da la mon­ta­ña que te ha­ce vol­ver una y otra vez pe­se a arries­gar tu sa­lud? Pues eso es una pa­ra­do­ja, por­que efec­ti­va­men­te aún pa­sán­do­lo mal, tie­nes ga­nas de vol­ver. Si va­mos en lo po­si­ti­vo, a mí me lo da to­do. Mi tra­ba­jo, mi for­ma­ción, mi cul­tu­ra, mi for­ma de vi­vir... Es­toy to­tal­men­te vin­cu­la­do a la mon­ta­ña, en to­dos los sen­ti­dos es­tric­tos: tra­ba­jo co­mo guía de mon­ta­ña, ha­go ex­pe­di­cio­nes, doy char­las mo­ti­va­cio­na­les... A la mon­ta­ña se lo de­bo to­do. Aun­que sea una pre­gun­ta un tan­to ob­via, ¿hay vi­da más allá de la mon­ta­ña pa­ra Jua­ni­to? Hom­bre, cla­ro que hay vi­da más allá, ¡fal­ta­ría dis­tin­to a lo que es­ta­mos ha­cien­do aho­ra. En el la­do con­tra­rio, el mo­men­to más tris­te que te ha­yan de­ja­do las as­cen­sio­nes es... Los com­pa­ñe­ros que he per­di­do en el Hi­ma­la­ya. Com­pa­ñe­ros di­rec­tos con los que he es­ca­la­do du­ran­te mu­chos años. 2x14x8000. Ex­plí­ca­nos qué sig­ni­fi­ca. Lo que di­ce la pro­pia pa­la­bra. Re­pe­tir de nue­vo las ca­tor­ce cum­bres más al­tas de la Tie­rra en dos oca­sio­nes. Aho­ra mis­mo me res­tan cua­tro y

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.