Da­ni Rovira

El ma­la­gue­ño po­ne las cartas so­bre la me­sa y nos ha­bla de su nue­va pe­li, ta­tua­jes, Tin­der y sus an­he­los de in­te­pre­tar a un ma­lo ma­lo­te

FHM - - MODA -

Haz­nos un pe­que­ño spoi­ler de El­fu­tu­ro­yano es­lo­quee­ra... has­ta don­de se pue­da leer. Es la his­to­ria de un hom­bre gris que es­tá vien­do pe­que­ños fra­ca­sos en mu­chos ám­bi­tos de su vi­da y de re­pen­te su tra­ba­jo con­sis­te en ser un fu­tu­ró­lo­go, en ser un per­so­na­je to­tal­men­te dis­tin­to. Hay cier­tas eda­des, co­mo a los cua­ren­ta, en la que exis­te una crisis exis­ten­cial y si no es­tás ha­cien­do lo que te gus­ta es un mo­men­to en que te plan­teas cosas por­que es­tás en la mi­tad de tu vi­da. Es­te hom­bre ve que con su ma­dre la co­sa no va bien, con el tra­ba­jo tam­po­co, ni con sus hi­jos… Cuén­ta­nos al­go so­bre la pre­pa­ra­ción del per­so­na­je. ¿Pa­sas­te una eta­pa co­mo ayu­dan­te de San­dro Rey o Ara­mis Fus­ter? [Ri­sas] Ten­go que de­cir que pa­ra pre­pa­rar­me el pa­pel del fu­tu­ró­lo­go fui bas­tan­te ins­tin­ti­vo. Con to­do lo que yo he ido vien­do, por­que to­do el mun­do he­mos vis­to co­si­tas en la te­le, me he he­cho mi pro­pio per­so­na­je por­que tam­po­co que­ría pa­re­cer­me a na­die. Lo que si que es ver­dad es que con el per­so­na­je de Kar-El exis­tió una co­sa du­ran­te el ro­da­je que creo que ha ser­vi­do mu­cho y es que yo, co­mo Da­ni Rovira, le odio. Y eso apor­ta­ba al per­so­na­je al­go di­fe­ren­te. ¿Al­gu­na vez en la vi­da real has ido a ver a un adi­vino o te han echa­do las cartas? ¡No, qué va! Lo tí­pi­co que una ami­ga es me­dio bru­ji­lla y te lee la mano o te echa las cartas pe­ro eso de ir a un si­tio y gas­tar­me el di­ne­ro, no. Y no soy to­tal­men­te es­cép­ti­co, so­la­men­te creo que el 0,5% de los que ha­cen es­tas cosas son los que lo ha­cen de ver­dad, el res­to me pa­re­ce una far­sa. La com­pli­ca­ción es­tá en sa­ber quién es el que lo ha­ce de ver­dad [ri­sas]. ¿Có­mo te has vis­to con ese look nór­di­co rompe­dor ru­bio y con ojos azu­les? Odio­so, es un per­so­na­je que yo en mi vi­da odia­ría. Apar­te que no es muy real, pa­re­ce un po­co Gu­ti en la épo­ca en que iba a Ibiza to­do el ra­to [ri­sas]. No era real pe­ro se bus­ca­ba eso. Es un per­so­na­je odio­so pe­ro co­mo se sa­be que es men­ti­ra, me pa­re­cía un po­co mi­se­ra­ble. Pe­ro sí que es ver­dad que en cuan­to a se­gu­ri­dad y de­ter­mi­na­ción, es­te per­so­na­je es bru­tal y es lo que Car­los bus­ca en su vi­da con su ál­ter ego. En­ton­ces des­car­tas ese look ru­bio pa­ra la vi­da real, ¿no? Cuan­do em­pe­za­ba a ha­cer­me las prue­bas de ves­tua­rio nos hi­zo gra­cia la idea de una vez que es­tu­vié­ra­mos así sa­lir una no­che por Oviedo o por Las Pal­mas pe­ro es que odia­ba tan­to al per­so­na­je... Ade­más las len­ti­llas me in­co­mo­da­ban un mon­tón y era to­do tan in­có­mo­do que yo en cuan­to ter­mi­na­ba el ro­da­je lo pri­me­ro que que­ría era qui­tar­me to­do y ser yo. ¿Hay al­gu­na otra pro­fe­sión ex­cén­tri­ca que te gus­ta­ría in­ter­pre­tar? Si con­ta­mos co­mo pro­fe­sión ser si­ca­rio... Me gus­ta­ría un ti­po de pro­fe­sión que lle­va­ra una per­so­na­li­dad im­plí­ci­ta, de ma­lo ma­lo­te. De re­pen­te ser un ase­sino a suel­do o al­go así. Una es­pe­cie de Ke­vin Spa­cey en Hou­seo­fCards, es­te per­so­na­je hi­jo de pu­ta que in­de­pen­dien­te­men­te de la pro­fe­sión no de­ja de ha­cer el mal me atrae mu­cho, ha­cien­do que em­pa­ti­cen con él. En es­te nú­me­ro lle­va­mos un re­por­ta­je de los pe­rros más fa­mo­sos de Ins­ta­gram. ¿Le ha­rías un per­fil a tus pe­rros o no lle­ga­rías a tan­to? Me pa­re­ce gra­cio­so y es ver­dad que me lo he plan­tea­do pe­ro no ten­go tiem­po. Ten­go dos pe­rros muy gra­cio­sos e in­clu­so en mi pro­pio Ins­ta­gram subo fo­tos y en los co­men­ta­rios sue­lo ha­blar co­mo si fue­ran ellos. Tam­bién lle­va­mos un es­pe­cial de ta­tua­jes. ¿Te has he­cho al­guno del que lue­go te ha­yas arre­pen­ti­do? No, ten­go dos pe­que­ños y bas­tan­te mo­des­tos pe­ro a la ho­ra de ha­cér­me­los te­nía la se­gu­ri­dad de que siem­pre me acom­pa­ña­rían. Yo siem­pre di­go que cuan­do ten­ga ochen­ta años, si es que lle­go, me ta­tua­ré to­do el cuer­po con los ta­tua­jes más lo­cos. Ahí se­rá cuan­do se­gu­ra­men­te me dro­gue, me ti­re de un avión y me de­ja­ré zum­bar por un ne­gro [ri­sas]. Me mo­la mu­cho ver ta­tua­jes bru­ta­les en otra pe­ña pe­ro es lo tí­pi­co de que me gus­ta ver­lo en otro pe­ro en mí, no. Si tu­vie­ras que adi­vi­nar tu ve­jez... ¿Có­mo la ima­gi­na­rías? Es­pe­ro no re­ti­rar­me nun­ca. Lo que sí re­zo a la Na­tu­ra­le­za es pa­ra que los años que vi­va, los vi­va bien por­que soy muy mal en­fer­mo. No me gus­ta­ría te­ner mu­chos acha­ques por­que soy muy ca­gue­ta. Pe­ro me ima­gino, si la ca­be­za me fun­cio­na, es­tar ha­cien­do lo que me gus­ta ha­cer has­ta úl­ti­ma ho­ra. Y ta­tua­do a to­pe [ri­sas]. Una ayu­di­ta. ¿Nos das una for­ma ori­gi­nal de rom­per el hie­lo en Tin­der? No he usa­do ni Grindr ni Tin­der... Usé el Kin­der pa­ra co­mér­me­lo y po­co más [ri­sas]. Pe­ro por­que me pi­lló tar­de y em­pa­re­ja­do. No sé muy bien có­mo fun­cio­na pe­ro me pa­re­ce muy di­ver­ti­do. Me da co­ra­je que me ha­ya pi­lla­do con pa­re­ja y sien­do un per­so­na­je pú­bli­co por­que ima­gí­na­te que de re­pen­te me me­to yo en el Tin­der... Es me­jor que va­ya con una careta de Pi­ka­chu [ri­sas]. Ven­ga que va­mos con la úl­ti­ma pre­gun­ta. Re­co­mién­da­nos una se­rie a la que en­gan­char­nos en sep­tiem­bre pa­ra pa­sar la de­pre­sión post-va­ca­cio­nal. Yo es­toy vien­do aho­ra Hou­se of Cards, que me pa­re­ce una se­rie ma­ra­vi­llo­sa. Aun­que sea muy de po­lí­ti­ca y la Ca­sa Blan­ca y a la gen­te le pue­da dar un po­co de pe­re­za, real­men­te es bru­tal. No sé has­ta que pun­to se­rá real, ima­gino que es­ta­rá bas­tan­te exa­ge­ra­do, pe­ro me en­gan­cha bas­tan­te esa se­rie. El fu­tu­ro ya no es lo que era con Da­ni Ro vi­ra­se es­tre­na en los ci­nes es­pa­ño­les el 16 de sep­tiem­bre

cuan­do ten­ga 80 años, si lle­go, me ta­tua­ré to­do el cuer­po con los ta­tua­jes más lo­cos

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