ha­cer el agos­to

Se aca­ba­ron los cu­rros tus co­ña­zo mien­tras va­cas. co­le­gas es­tán de Con es­tos ga­na­rás pas­ta y da­rás en­vi­dia...

FHM - - SUMARIO - tex­to: Cris­tian gonzáLez y Co­va L. Ca­nCio

Na­da de ofi­ci­nas, ni de mo­re­nos de fle­xo ama­ri­llen­tos. Es­tos tíos tie­nen los me­jo­res tra­ba­jos ve­ra­nie­gos.

Pe­dro Mén­dez obe­ge­ro Edad: 25 Tiem­po en el cu­rro: diez años

el he­cho de en­se­ñar a per­so­nas a sur­fear y te­ner co­mo ofi­ci­na la Pla­ya de Ta­pia son co­sas que no tie­nen pre­cio y ha­cen de es­te cu­rro uno de los me­jo­res que ha­cer en los me­ses de ve­rano. Pro­ba­ble­men­te la peor par­te es la de te­ner que tra­ba­jar los fin­des, la tem­po­ra­da hay que ha­cer­la a fon­do y te­ne­mos que adap­tar­nos a las va­ca­cio­nes de los que se ani­man a pro­bar­lo. des­pués de una dé­ca­da en­tre olas dan­do cla­ses, he te­ni­do la suer­te de no te­ner nin­gún apu­ro es­tan­do en el agua: so­mos bas­tan­te es­tric­tos con lo del ra­tio alumno/pro­fe­sor. Las pi­ca­du­ras de los es­ca­ra­po­chos [pe­ces es­cor­pión] sue­le ser lo más gra­ve que su­fren nues­tros chi­cos, ¡pe­ro les pa­sa a ellos y a to­dos! las anéc­do­tas que he­mos vi­vi­do has­ta aho­ra son mi­les. Te­ne­mos alum­nos des­de los seis has­ta los 50-60 años así que os po­déis ima­gi­nar. Te cuen­tan sus li­gues o in­clu­so un ni­ño te can­ta una canción de La Pan­to­ja en mi­tad de la cla­se por­que di­ce que es su fa­vorita. el surf es un de­por­te muy sano que re­quie­re es­tar en un muy buen es­ta­do fí­si­co. Eso uni­do a ha­cer­lo en pleno con­tac­to con la na­tu­ra­le­za y en una pla­ya tan bo­ni­ta co­mo es la de Ta­pia lo ha­ce muy in­tere­san­te. ¡En­gan­cha! ¿Y en cuan­to al li­go­teo? Pues no nos va­mos a men­tir… Es­tá cla­ro que el surf es­tá de mo­da y eso ayu­da. Ha­brá de to­do, se­gu­ro que mu­chos lo uti­li­za­rán pa­ra eso… En cuan­to a mí, va­mos a de­jar­lo del 10 al 20... en un 15 [ri­sas]. lo más sa­tis­fac­to­rio de es­te cu­rro pa­ra mí es que es al­go que ya ha­cía des­de ni­ño. Me que­do con el po­der trans­mi­tir mis co­no­ci­mien­tos y ayu­dar a nue­vos sur­fis­tas.

Apren­de a sur­fear con uno de los cur­si­llos de Pe­dro en la Es­cue­la de Surf Pi­can­te, en Ta­pia de Ca­sa­rie­go, As­tu­rias.

The Mam­bo Brot­hers Edad: Ch­ris­tian, 32; Alan, 30 Tiem­po en el cu­rro: Dos años y me­dio (co­mo dúo)

Si te ani­ma­ras a ve­nir al Ca­fé Mam­bo es­ta­rías con cien­tos de per­so­nas que aplau­den mien­tras atar­de­ce. Y creed­nos, esa ima­gen que­da pa­ra la me­mo­ria, no se bo­rra fá­cil­men­te... Nos gus­ta pin­char mú­si­ca que di­vier­ta. La ma­yo­ría es mú­si­ca hou­se, pe­ro te­ne­mos al­gu­nas in­fluen­cias de Ibi­za que ha­ce que no sea de­ma­sia­do ‘dar­kroom’. Tam­bién nos gus­tan te­mas del 2000: ¡los ha­bía muy bue­nos! Los clubs ibi­cen­cos son di­fe­ren­tes. En la is­la, to­do el mun­do es­tá de va­ca­cio­nes. En la pis­ta de bai­le, la gen­te reac­cio­na a ca­da canción, se lo quie­ren pa­sar en gran­de. Es un sue­ño pa­ra cual­quier Dj po­der to­car allí. Nues­tra ma­dre es es­co­ce­sa y nues­tro pa­dre es­pa­ñol, pe­ro no­so­tros na­ci­mos en Ibi­za. Nues­tro acento es una lo­cu­ra, pe­ro na­die es per­fec­to. La is­la ha ido cam­bian­do, pe­ro la esen­cia si­gue sien­do la mis­ma. La gen­te ha­bla sobre “la nue­va Ibi­za”, pe­ro si vas ha­cia el nor­te, to­da­vía que­da un res­qui­cio de lo hip­pie. Pue­des ir a una pla­ya tran­qui­la y re­la­jar­te con tus co­le­gas sin que ha­ya ni ras­tro de dis­co­te­cas ni res­tau­ran­tes ex­clu­si­vos. Eso sí, el fi­nal de la tem­po­ra­da pa­ra los de aquí es ge­nial. Te­ne­mos un des­can­so, to­do el mun­do es­tá fe­liz y la gen­te vie­ne pa­ra sa­lir la úl­ti­ma no­che. El am­bien­te es una pa­sa­da y el cli­ma si­gue sien­do per­fec­to. Aun­que pen­sar que ha­brá mu­chos ami­gos que no ve­re­mos en cin­co o seis me­ses nos pon­ga tris­to­nes... Un lu­gar se­cre­to que siem­pre re­co­men­da­mos es For­men­te­ra. Es una is­la muy pe­que­ña a 25 mi­nu­tos de Ibi­za y tie­ne la me­jor pla­ya de Eu­ro­pa. En Ibi­za te­ne­mos la Ca­la Gra­cio­ne­ta. Es la pla­ya más pe­que­ña de la is­la, pe­ro tam­bién es nues­tra pre­fe­ri­da. Bai­la con los Mam­bo Brot­hers en el Ca­fé Mam­bo, Ibi­za. ca­fe­mam­boi­bi­za.com

Mi­guel Mi­guel Edad: 34 Tiem­po en el cu­rro: Ocho años

En ve­rano tra­ba­jo bas­tan­te por­que hay mu­chos chi­rin­gui­tos de pla­ya que ha­cen mo­nó­lo­gos y lue­go tam­bién en Ma­drid hay mu­cho cu­rro du­ran­te los me­ses de ca­lor, sobre to­do los días de dia­rio más que el fin de se­ma­na. Lo bueno de es­tar en ac­ti­vo du­ran­te es­tas fe­chas es que nos or­ga­ni­za­mos muy bien. Te­ne­mos una ru­ta y siem­pre pi­lla­mos unos días de pla­ya y, aun­que siem­pre tie­nes que es­tar pen­dien­te del re­loj, es ge­nial por­que via­jas, vas a bue­nos ho­te­les... La ma­yor pe­ga que le en­cuen­tro es cuan­do vas a al­gún si­tio a ac­tuar y te ha­ce ma­lo. Sa­li­mos de una ru­ti­na de es­tar me­ti­dos en un tea­tro de Ma­drid y, si te ofre­cen ir por ahí a tra­ba­jar y de pron­to te ha­ce ma­lo, se lle­va re­gu­lar. Tam­bién es ver­dad que te pier­des los pla­nes de fin de se­ma­na con los co­le­gas mu­chas ve­ces. In­ten­ta­mos liar­les pa­ra que ven­gan con no­so­tros, pe­ro es que ya se sa­ben mis mo­nó­lo­gos de ca­rre­ri­lla [ri­sas]. Ríe con él du­ran­te el ve­rano los sá­ba­dos des­de las 19:30 con su show en La Cho­ci­ta del Lo­ro, Gran Vía, 70, Ma­drid.

Pe­ke Edad: 41 Tiem­po en el cu­rro: 30 años

Los me­ses de ju­nio a sep­tiem­bre son bas­tan­te du­ros. No con­ta­mos los ki­ló­me­tros, más bien con­ta­mos las ho­ras y es­ta­mos en cua­tro o cin­co ho­ras de ca­rre­te­ra. Lo úni­co bueno de cu­rrar en ve­rano es cuan­do se abre el te­lón. Ese mo­men­to es im­pre­sio­nan­te por­que el pú­bli­co ti­ra mu­cho de no­so­tros y la gen­te en ve­rano vi­ve mu­cho las fies­tas y hay más tu­ris­mo, por lo que la gen­te vie­ne de to­das par­tes. Lo que más nos gus­ta es ver ese es­pec­tácu­lo ca­da vez que se abre el te­lón. Lo peor son dos co­sas. Lo pri­me­ro la ca­rre­te­ra, que es lo que más mie­do nos da por­que vie­nes de no­che, can­sa­do tras la ac­tua­ción... Y des­pués el no po­der es­tar con la fa­mi­lia. Los ni­ños tie­nen va­ca­cio­nes y quie­ren ir a la pla­ya o la pis­ci­na y cues­ta por­que es­tás de gi­ra. Lo más sa­tis­fac­to­rio es el pú­bli­co. Ca­da vez que aca­ba la ac­tua­ción se acer­can al es­ce­na­rio, vie­nen al backs­ta­ge y te lle­nan de re­ga­los o fe­li­ci­ta­cio­nes... El aplau­so ya es el me­jor pre­mio pe­ro me que­do con ese mo­men­to, cuan­do aca­ba la ac­tua­ción y ves la can­ti­dad de gen­te que quie­re co­no­cer­te, una fo­to con­ti­go, un au­tó­gra­fo y te traen to­do ti­po de re­ga­los... ¡Es una pa­sa­da por­que además co­no­ces gen­te de mu­chos si­tios! Te das cuen­ta que eres un ído­lo pa­ra mu­chos ni­ños, gen­te ma­yor o per­so­nas que tie­nen pro­ble­mas en la vi­da dia­ria y van a la ac­tua­ción pa­ra des­co­nec­tar de esos pro­ble­mas. Ese es nues­tro gran pre­mio. Un día nos que­da­mos sin com­bus­ti­ble en ca­rre­te­ra. Yo soy el chó­fer y no me que­dó otra que echar­me a co­rrer por­que ha­bía una ga­so­li­ne­ra a dos ki­ló­me­tros y me­dio y además era una au­to­pis­ta y de no­che. Tu­ve que ir yo mien­tras los com­pa­ñe­ros dor­mían en el bus. Los DJs y dis­co­te­cas móviles fun­cio­nan pe­ro a al­tas ho­ras de la ma­dru­ga­da. La or­ques­ta se adap­ta a to­das ho­ras y a to­dos los pú­bli­cos. Un DJ pue­de pin­char to­do ti­po de mú­si­ca pe­ro no hay una pues­ta en es­ce­na co­mo te­ne­mos las or­ques­tas con un mon­ta­je es­pec­ta­cu­lar, una pues­ta en es­ce­na ele­gan­te, una co­reo­gra­fía, can­tan­do en di­rec­to... Es un es­pec­tácu­lo muy va­ria­do e im­pac­tan­te que sin du­da re­co­mien­do a al­guien que no ha­ya ve­ni­do nun­ca a ver una. Si quie­res mo­ver el es­que­le­to con Pe­ke y la or­ques­ta Olym­pus, en­té­ra­te de su ac­ti­vi­dad en su pá­gi­na web or­ques­taolym­pus.net

Jo­sé Cla­vel Edad: 25 Tiem­po en el cu­rro: Diez años

En ve­rano el ni­vel de cu­rro va­ría un mon­tón. A lo me­jor en un día de agos­to pue­do ha­cer lo que no ha­ce­mos en to­do un mes de enero. Ma­yo­ri­ta­ria­men­te los clien­tes son es­pa­ño­les y qui­zá en torno a un 20% ex­tran­je­ros. Pe­ro el 80% res­tan­te son de aquí, la ma­yo­ría ma­dri­le­ños. Lo me­jor de cu­rrar en ve­rano es el cli­ma. El sol, el mar... Co­mo la gen­te vie­ne de va­ca­cio­nes, vie­ne de buen ro­llo y es bas­tan­te com­pli­ca­do que ha­ya al­gún pro­ble­ma. Se lo to­man to­do con un po­qui­to más de hu­mor que si por ejem­plo es­tás tra­ba­jan­do en un res­tau­ran­te y la co­mi­da se re­tra­sa. Y eso es bas­tan­te de agra­de­cer. Lo peor es que las jor­na­das que te­ne­mos mu­chas ve­ces ocu­pan to­dos los días de la se­ma­na co­men­zan­do a las ocho de la ma­ña­na y co­mo ten­gas in­mer­sión noc­tur­na, aca­bas ca­si a la una de la ma­dru­ga­da. Y al día si­guien­te otra vez, es un tra­ba­jo que des­gas­ta mu­cho fí­si­ca­men­te. No­so­tros ofre­ce­mos des­de lo más bá­si­co que es el bau­ti­zo de bu­ceo, du­ran­te el cual te lle­va­mos una ma­ña­na a co­no­cer de pri­me­ra mano lo que es el bu­ceo con bo­te­llas, has­ta lo que es el bu­ceo téc­ni­co o de ins­truc­tor. To­do lo que ten­ga que ver con me­ter la ca­be­za den­tro del agua te lo po­de­mos ofre­cer [ri­sas]. Te­ne­mos un aba­ni­co de clien­te­la muy am­plio. La fran­ja más nor­mal es­tá en­tre los 25 años y los 45 pe­ro te­ne­mos clien­tes asi­duos que es­tán por en­ci­ma de los 70 años. Es una ac­ti­vi­dad que des­gas­ta mu­cho fí­si­ca­men­te por to­do lo que lle­va al­re­de­dor. Pa­ra el clien­te no es tam­po­co ago­ta­dor por­que tan so­lo tie­ne que ve­nir, co­ger su equi­po y mon­tar al bar­co pa­ra sa­lir a bu­cear. Pe­ro pa­ra el que es­tá tra­ba­jan­do, es muy can­sa­do. Des­cu­bre las pro­fun­di­da­des del Me­di­te­rrá­neo con Jo­sé y los cur­sos que ofre­ce Ni­sos Be­ni­dorm en la lo­ca­li­dad. ni­sos­be­ni­dorm.com

Da­vid Ji­mé­nez Edad: 44 Tiem­po en el cu­rro: 25 años

Pa­ra un or­ga­ni­za­dor de fes­ti­va­les, el ve­rano es la es­ta­ción más mo­vi­di­ta. Aun­que sea un tra­ba­jo du­ro, mez­clas un po­co el te­ma de ocio y re­la­cio­nes pú­bli­cas. Y quie­ras que no, te da la opor­tu­ni­dad de es­tar con ami­gos y tam­bién con gen­te a la que ad­mi­ras y de la que has si­do fan du­ran­te mu­chí­si­mos años, ac­tuan­do al la­do de ti. La peor par­te sin du­da es la ten­sión a la que es­tás so­me­ti­do por­que al fi­nal, tra­ba­jas to­do el año pa­ra tres días. Y además, tie­nes que coor­di­nar mu­chos equi­pos pa­ra que to­do sal­ga co­mo de­be. Lo de las con­di­cio­nes cli­ma­to­ló­gi­cas tam­bién po­dría­mos aña­dir­lo a la lis­ta os­cu­ra de es­te cu­rro… Pe­ro por su­pues­to siem­pre lo pre­fe­ri­ré a es­tar en una ofi­ci­na sen­ta­do de 9 a 3 to­dos los días. Eso no va con­mi­go. He te­ni­do la suer­te de tra­ba­jar con mu­chos ar­tis­tas de soul mí­ti­cos. Lo que me han lle­ga­do a con­tar en per­so­na sobre las si­tua­cio­nes ra­cis­tas que han vi­vi­do en Es­ta­dos Uni­dos ha­ce años y a ve­ces aho­ra, que mu­chos de ellos co­no­cie­ron a Mar­tin Lut­her King... No sé, com­par­tir esas ex­pe­rien­cias son co­sas úni­cas en la vi­da. Lo que atrae a las per­so­nas a asis­tir a un fes­ti­val es el con­cep­to de “vi­vir el mo­men­to”. Aho­ra es­ta­mos ade­cua­dos a te­ner­lo to­do al al­can­ce de la mano a tra­vés de In­ter­net y esa sen­sa­ción de car­pe­diem sa­bien­do lo fu­gaz que es, pue­de ser lo que lla­ma más. Por muy bue­na ca­li­dad que ten­ga la cá­ma­ra de tu iPho­ne, es im­po­si­ble re­trans­mi­tir tal cual un fes­ti­val. Eso se vi­ve. Lo más sa­tis­fac­to­rio es ver có­mo la gen­te dis­fru­ta de tu tra­ba­jo. Una vez se me acer­có una chi­ca con lá­gri­mas en los ojos mien­tras to­ca­ba TheIm­pres­sions y me di­jo que ha­bía he­cho su sue­ño reali­dad. No de­ja de ser un ne­go­cio, pe­ro im­pli­ca una par­te sen­ti­men­tal que es im­por­tan­te tan­to pa­ra los que asis­ten co­mo pa­ra mí. Da­vid es pro­mo­tor de fes­ti­va­la­zos co­mo Black is Back (25-26 de ju­nio, Ma­drid) y V de Va­la­rés (12-14 de agos­to, Pla­ya de Va­la­rés, Pon­te­ce­so, A Co­ru­ña).

Nick Ayers Edad: 24 Tiem­po en el cu­rro: Ocho años

Ser so­co­rris­ta es uno de los me­jo­res tra­ba­jos del mun­do. Vas a la pla­ya a las 10 de la ma­ña­na y es to­da pa­ra ti. Aun­que si tie­nes no­via pue­des te­ner al­gún pro­ble­ma por ello... Si es­tás en pe­li­gro en el mar, flo­ta de es­pal­das y na­da con un bra­zo que pa­se por en­ci­ma de tu ca­be­za. In­vier­te tu ener­gía en per­ma­ne­cer sobre el agua, en lu­gar de in­ten­tar mo­ver­te. Al­gu­na co­rrien­te te arras­tra­rá y te lle­va­rá de vuel­ta a la ori­lla. Cuan­do en­tras en pá­ni­co es cuan­do pue­des aho­gar­te. La se­gu­ri­dad es el me­jor tra­ta­mien­to que po­de­mos ofre­cer. Cuan­do res­ca­ta­mos a al­guien siem­pre va­mos bro­mean­do de vuel­ta a la pla­ya. Pa­so seis me­ses del año en Eu­ro­pa. Los otros seis los pa­so en el he­mis­fe­rio sur tra­ba­jan­do co­mo so­co­rris­ta o pa­ra un club de surf, así que vi­vo en un ve­rano con­ti­nuo des­de ha­ce sie­te años. Cuan­do res­ca­tas a al­guien que es­tá cer­ca de aho­gar­se pue­des ver el mie­do en sus ojos. Se aga­rra­rán a cual­quier co­sa, por eso lle­va­mos siem­pre el sal­va­vi­das a mano. No in­ten­to ha­cer­me el hé­roe por­que no pue­do ayu­dar a na­die si es­toy muer­to. Ase­gú­ra­te ca­da vez que va­yas a me­ter­te en el mar de que hay un so­co­rris­ta en la pla­ya. Evi­ta siem­pre na­dar con ban­de­ra ro­ja. Úni­ca­men­te pa­so mie­do cuan­do es­toy so­lo en el agua y me voy ha­cia lo más pro­fun­do. Pe­ro siem­pre es­ta­mos bien cus­to­dia­dos por la lan­cha de sal­va­men­to RNLI. En cuan­to es­cu­cha­mos el ru­gir de su mo­tor, sa­be­mos que to­do va a sa­lir bien.

Los chi­cos de RNLI lan­zan su cam­pa­ña ‘Res­pe­ta el Agua’ pa­ra re­du­cir las muer­tes en la cos­ta. Vi­si­ta rnli.org

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