Kei­ra Knightley, por Co­let­te y El cas­ca­nue­ces y los cua­tro reinos.

Ca­da vez más or­gu­llo­sa de no aten­der a los pre­jui­cios de los de­más, Kei­ra Knightley es­tre­na es­te mes ‘El cas­ca­nue­ces y los cua­tro reinos’ y ‘Co­let­te’. En la pri­me­ra, nos su­mer­ge en un mun­do de fan­ta­sía. En la se­gun­da, se trans­for­ma en la em­ble­má­ti­ca es­cri

Fotogramas - - SUMARIO - Por Ro­ger Sal­vans (Lon­dres).

Abu­rri­dos y sin la fo­to que per­se­guían, los pa­pa­raz­zi aban­do­nan la boca­calle del West End que lle­va al Soho Ho­tel. Kei­ra Knightley (Lon­dres, 1985) los ha bur­la­do una vez más. Pan co­mi­do pa­ra una ac­triz que ha do­ma­do el vo­raz ape­ti­to de la ma­qui­na­ria holly­woo­dien­se y usa su es­ta­tus de es­tre­lla co­mo y cuan­do le con­vie­ne. ¿Aban­do­nar la fran­qui­cia que la lan­zó a la fa­ma cuan­do es­ta iba a la de­ri­va? He­cho. ¿Apar­car los ro­da­jes más de un año pa­ra de­di­car­se a su re­cién for­ma­da fa­mi­lia? He­cho. ¿An­ti­ci­par­se a la ola de em­po­de­ra­mien­to fe­me­nino y los mo­vi­mien­tos #MeToo y #Ti­me­sUp lle­van­do al ci­ne la vi­da de la es­cri­to­ra fran­ce­sa Co­let­te? Es­tá cla­ro: he­cho. Aho­ra mis­mo, rue­do las pe­lí­cu­las que que­ría ha­cer cuan­do ha­ce 15 años ro­dé la pri­me­ra Pi­ra­tas del Ca­ri­be. Pro­fe­sio­nal­men­te, es­toy don­de que­ría es­tar cuan­do em­pe­cé. Hoy. No sé dón­de es­ta­ré den­tro de otros 15 años. Jo­der. Ni idea. Que­de­mos de nue­vo pa­ra ha­blar­lo, ¿va­le?

UNA PER­SO­NA­LI­DAD NO­TA­BLE

Pa­ra ser un icono de la mo­da y mu­sa del per­fu­me Co­co Ma­de­moi­se­lle de Cha­nel, Knightley des­po­tri­ca co­mo un ca­mio­ne­ro. Mier­da. Có­mo me due­len los pies, di­ce al arran­car el en­cuen­tro. Me ha­bía pues­to unos za­pa­tos de ta­cón. A los 20 mi­nu­tos he da­do un tras­pié y no me he ro­to la cris­ma de mi­la­gro. Así que… ¡Adiós ta­co­na­zos!, bro­mea mos­trán­do­nos unos Ox­ford de un do­ra­do bri­llan­te de la fir­ma Ni­cho­las Kirk­wood. Aun­que, pa­ra re­lu­cien­te, su tra­ba­jo en Co­let­te, bio­pic di­ri­gi­do por Wash West­mo­re­land (Siem­pre Ali­ce) de la fran­ce­sa Si­do­nie-Ga­brie­lle Co­let­te, no­ve­lis­ta, pe­rio­dis­ta y ar­tis­ta to­tal que es­can­da­li­zó al Pa­rís de la Be­lle Épo­que. Ha­bía leí­do Gi­gi (lle­va­da al ci­ne en 1958 por Vin­cen­te Min­ne­lli), Ché­ri y El fin de Ché­ri, que, jo­der, me en­can­ta­ron. Pe­ro no sa­bía na­da de su bi­se­xua­li­dad o de que su ma­ri­do se lle­va­ra to­do el cré­di­to de su tra­ba­jo. Cuan­do lo des­cu­brí, me di­je: ¡Jo­der, es­ta sí es una bue­na his­to­ria!

EL AL­MA DE LA FIES­TA

Bue­na y ex­ten­sa. Por eso el film se con­cen­tra en un epi­so­dio con­cre­to: el ma­tri­mo­nio de Co­let­te con Willy, apo­do de Henry Gaut­hier-Vi­llars, crí­ti­co mu­si­cal y no­ve­lis­ta de éxi­to gra­cias al ba­ta­llón de es­cri­to­res que tra­ba­ja­ban en la som­bra pa­ra él. Pe­ro si ese es el mar­co, el co­ra­zón del film es el des­per­tar bi­se­xual de Co­let­te y la rup­tu­ra con Willy cuan­do es­ta de­ci­de to­mar las rien­das de su ca­rre­ra co­mo es­cri­to­ra y re­ve­lar a to­do el mun­do que ella es la au­to­ra de Clau­di­ne, la sa­ga que con­vir­tió a Willy en una es­tre­lla li­te­ra­ria. Hay mu­chos hom­bres co­mo Willy, ar­gu­men­ta Knightley. Tíos do­mi­nan­tes que tie­nen que so­bre­sa­lir y con los que yo en mi puta vi­da es­ta­ría en una re­la­ción. Pe­ro pue­des en­ten­der por qué ellos es­ta­ban jun­tos. Willy te­nía ca­ris­ma, era el al­ma de la fies­ta. Pe­ro… le arre­ba­tó su voz. La pri­vó de te­ner su pro­pia iden­ti­dad y se apro­ve­chó de ella, le ro­bó su obra. Y aquí lle­ga­mos a la cla­ve del te­ma, cuan­do Co­let­te lle­ga al pun­to en el que es­ta­ba a na­da de con­ver­tir­se en su víc­ti­ma, da un pa­so ade­lan­te. Has­ta en­ton­ces, Co­let­te no se sen­tía la víc­ti­ma en esa re­la­ción. En el mo­men­to en el que es cons­cien­te de que, si si­gue, lo se­rá, se lar­ga. Me en­can­ta ese ti­po de fuer­za en un per­so­na­je.

EL CEN­TRO DE TO­DAS LAS MI­RA­DAS

Knightley ve a Co­let­te co­mo al­guien que vi­vía la vi­da de la for­ma que desea­ba. Que es­ta­ba co­mo­dí­si­ma sien­do quien era y, por su­pues­to, muy dis­tin­ta a mí. Ella dis­fru­ta­ba sien­do el cen­tro de aten­ción, se nu­tría de esa ener­gía y ado­ra­ba ar­mar un es­cán­da­lo. Yo no, ríe la ac­triz. Yo, si no es­toy tra­ba­jan­do, es de­cir, ro­dan­do o de pro­mo­ción, soy su­per­fe­liz pa­san­do inadvertida, sin que na­die me es­cu­che, me vea o me fo­to­gra­fíe. Co­let­te an­he­la­ba, se nu­tría de la fa­ma. Su vi­da es tan in­creí­ble que da­ría pa­ra una se­rie co­mo The Crown. Ade­más, am­bien­ta­da en la Be­lle Épo­que que fue un pe­río­do sal­va­je de la hos­tia, ríe. El film, ro­da­do en el ve­rano de 2017 en Bu­da­pest des­pués de que la pro­duc­ción se re­tra­sa­ra un año de­bi­do al na­ci­mien­to de Edie, la hi­ja de Knightley, pa­re­ce cortado a me­di­da de los tiem­pos que co­rren. Em-

“EN EL MO­MEN­TO EN EL QUE CO­LET­TE ES CONS­CIEN­TE DE QUE PUE­DE SER UNA VÍC­TI­MA, SE LAR­GA. ME EN­CAN­TA ESA FUER­ZA EN UN PER­SO­NA­JE”

pe­za­mos an­tes de la irrup­ción del #MeToo y el #Ti­me­sUp, ex­pli­ca. Un ti­ming ideal, pe­ro por­que ha si­do so­lo aho­ra cuan­do los me­dios ha­béis per­mi­ti­do que el feminismo y el aco­so fue­ran par­te de la con­ver­sa­ción. Es­te es el po­der de la pren­sa: fi­jar una agen­da, cul­tu­ral y so­cial, de de­ba­te… Ha­cer LA pre­gun­ta. Yo era una ado­les­cen­te cuan­do me di cuen­ta de que el mun­do no era igual pa­ra to­dos. Pe­ro si no se ha­bla de ello, día tras día, el pro­ble­ma pa­re­ce que se des­va­ne­ce. Y no es así.

LA RA­ZÓN DE (CA­SI) TO­DO

Knightley, de la mis­ma ma­ne­ra que no sa­be dón­de es­ta­rá den­tro de 10 años –¿Di­ri­gien­do? Des­de fue­ra pa­re­ce muy fá­cil. La par­te crea­ti­va no me asus­ta, es to­do el po­li­ti­queo que con­lle­va lo que me co­me la ca­be­za–, es­tá se­gu­ra de que el es­ce­na­rio so­cial y la­bo­ral pa­ra las mu­je­res se­rá otro.

Uno que no en­cor­se­te la ca­rre­ra de na­die, ni el de su hi­ja, que aho­ra tie­ne tres años. La ac­triz, tras su­pe­rar los mie­dos de to­dos los pa­dres pri­me­ri­zos, es cons­cien­te de que su pro­fe­sión es una ven­ta­ja. Al me­nos aho­ra, su­pon­go que cuan­do em­pie­ce la es­cue­la se­rá dis­tin­to. Me la lle­vo allá don­de voy. Ro­da­mos Co­let­te en unas ocho se­ma­nas. En ese tiem­po, es­ta­ba con ella a la ho­ra de la co­mi­da, cuan­do no ro­dá­ba­mos de no­che, cuan­do fue­ra. Pe­ro des­pués me pue­do pa­sar me­ses sin tra­ba­jar. Aho­ra, por ejem­plo, no he he­cho na­da des­de ma­yo, des­de que ter­mi­né mi úl­ti­ma pe­lí­cu­la, y pue­do es­tar to­do el tiem­po con ella. Por eso creo que lo lle­vo bien y que fun­cio­na, por­que tam­po­co en­ca­deno un film tras otro. Así, si Edie es la ra­zón so­bre la que or­ga­ni­za sus tra­ba­jos, ¿tam­bién mo­di­fi­ca­rá sus elec­cio­nes? ¿Ro­da­rá más films fa­mi­lia­res en el fu­tu­ro? ¡No! ¡No! ¿Por qué?,

res­pon­de di­ver­ti­da. Mis gus­tos no van por ahí, son más… os­cu­ros. Me en­can­tan los per­so­na­jes ra­ros y com­ple­jos. Y me va bien in­ter­pre­tán­do­los. ¿Por qué cam­biar? ES­TRENO: 16 NO­VIEM­BRE

Co­let­te (Es­ta­dos Uni­dos, Gran Bre­ta­ña, 2018, 111 min.). Dir.: Wash West­mo­re­land. BIO­PIC.

1. Kei­ra Knightley es Co­let­te, una mu­jer que desafió to­das las con­ven­cio­nes so­cia­les del Pa­rís de la Be­lle Épo­que. En­tre ellas, ves­tir­se de hom­bre.2. Co­let­te y su aman­te, la aris­tó­cra­ta Mat­hil­de ‘Missy’ de Morny(De­ni­se Gough).3. Willy (Do­mi­nic West) y Co­let­te, tiem­pos fe­li­ces.4. Un re­tra­to, to­ma­do en 1896, de Co­let­te y su ma­ri­do Willy con su pe­rro Toby.

4

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.