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Los sami siguen a los rebaños en para la nieve

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En Suecia, la mitad de los pastizales ha desapareci­do desde la segunda mitad del siglo XIX, sobre todo a favor de la silvicultu­ra y los embalses. Los 10.000 ganaderos censados en Noruega, Suecia y Finlandia (cifra aproximada dado que muchos solo ejercen dicha actividad a tiempo parcial y se limitan a gestionar unas pocas decenas de renos) tienen que seguir adaptándos­e a la situación. Una vez más.

Los sami llevan cuatro siglos adaptando sus tradicione­s debido a los cambios provocados por el mundo exterior. La cría de renos fue justamente una de sus primeras tentativas de adaptación. Estos cérvidos vivieron durante mucho tiempo en estado salvaje. Los sami se limitaban a cazarlos, ya que eran su principal sustento, aparte de la pesca. Pero a partir del siglo XVII, tuvieron que pagar un impuesto sobre la carne y las pieles de reno a las distintas potencias de la época: los reinos de Suecia, Dinamarca y Noruega, así como el Imperio Ruso, que empezaron a colonizar estas altas tierras del Círculo Polar Ártico. Así fue como los sami empezaron a criar estos animales salvajes. Hoy en día, ya no hay nomadismo por los amplios espacios de Laponia en los que abundaban turberas, densos bosques y lagos.

Algunos ancianos sami siguen llamando a su trabajo boazovázzi, es decir “caminantes de renos”. Pero hoy en día la mayoría de los sami siguen a sus rebaños con scooters para la nieve. “Aunque dicha evolución no reemplaza los pastizales desapareci­dos”, insiste Anders Kraik, que se dedica a la cría de renos en el sur de la Laponia sueca. Es diputado del parlamento sami, con sede en Kiruna desde 1993, y luchó con firmeza durante 20 años para hacer valer su derecho consuetudi­nario ante las empresas forestales y los agricultor­es. Pero siempre salió perdiendo en los tribunales. Y añade: “Cuando era joven, éramos aún 4.000 ganaderos activos, pero hoy en día, apenas somos 1.500 en Suecia”.

Y no han salido del agujero: se avistan nuevos nubarrones para los más de 750.000 renos censados actualment­e en Laponia. Los cervatos sufren una tasa de mortalidad elevada (superior al 40%) debido sobre todo al aumento de la población de depredador­es: en especial el lince boreal, ya que desde 1979 es una especie protegida, y también glotones, osos pardos, lobos y águilas, cuyo número bate todos los records en el norte de los países escandinav­os. Y luego está el cambio climático. En invierno, la alternanci­a de

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