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GALLO Y GALLINA CANTARON EN SANTO DOMINGO

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Desde el siglo XI, los peregrinos que cruzaban las calzadas junto al río Oja se sentían consolados y con nuevos bríos al avistar el campanario que se levantaba imponente sobre los tejados de Santo Domingo de la Calzada. Sabían que en pocos ki kilómetros encontrarí­an cobijo junto al fuego y podrían reponer fuerzas para continuar su camino hacia el oeste. Santo Domingo era pues un lugar de acogida. De ahí que en poco tiempo experiment­ase un crecimient­o importante gracias a los caminantes que día tras día afluían allí. Hoy, al entrar en la catedral donde reposan los huesos del santo que da nombre a la localidad, sorprende el cacareo de un gallo y una gallina, un eco sordo que se propaga por las altas naves de la iglesia. El efecto es único. Tanto que son el símbolo de la ciudad, testigos de una tradición que se remonta siglos atrás. Dice así: durante la peregrinac­ión a Compostela, una pareja decidió alojarse con su hijo en una posada de la ciudad. La hija del posadero quedó sorprendid­a por la belleza del joven, por lo que decidió seducirlo durante la noche. La hermosura de la chica no pudo con el voto de castidad pronunciad­o por el muchacho durante el camino sagrado. No viéndose correspond­ida, la joven buscó venganza. Y no se le ocurrió otra cosa que introducir­una copa de plata en la bolsa del joven.A la mañana siguiente, tras denunciar la desaparici­ón de la preciosa pieza, los guardias registaron las pertenenci­as del chico, hallándola allí. Acusado de robo, se le condenó a morir. Ante las evidencias, los padres del muchacho no pudieron hacer nada salvo retomar el camino hacia Santiago con la esperanza de que las oraciones salvasen a su hijo.Cuando volvieron a Santo Domingo, encontraro­n el cuerpo de su hijo colgado de un árbol. Cuando llegaron a él, comprobaro­n que ¡no estaba muerto! Impresiona­dos, corrieron a dar la noticia al alcalde, que se disponía a degustar un gallo y una gallina recién cocinados. Este, al conocer la versión de la pareja, dijo:“¿Me decís que vuestro hijo está vivo? ¡Sí, hombre!, tan vivo como estas dos piezas que voy a comerme”. En ese instante las dos aves cobraron vida, dejando sin palabras a los testigos.

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Sobre estas líneas: la cruz de los Valientes, en Grañon (izda); dcha: san Emeterio, santo Domingo de la Calzada y san Celedón en la fachada sur de la catedral de Santo Domingo. Arriba, izda: el picuezo y la picueza, en Autol; dcha: acceso a la cueva de...
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