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MONASTERIO DE POBLET, UN LEGADO HISTÓRICO Y NATURAL

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En 1150, doce monjes procedente­s de la abadía de Fontfroide, cerca de Narbona, en el sur de Francia, tomaban posesión de unas tierras conquistad­as a los musulmanes en la Cataluña meridional y cedidas por el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV a la Orden del Císter.

Así nació el Real Monasterio de Santa María de Poblet, que se convertirí­a en uno de los cenobios más importante­s del continente, panteón de los monarcas de la Corona de Aragón y poseedor de unos dominios feudales que hace cinco siglos se extendían desde los Pirineos hasta Valencia (de ahí el topónimo de Quart de Poblet).

El impresiona­nte conjunto monástico que, con una treintena de monjes, es actualment­e el mayor de los habitados de Europa, está situado en la comarca de la Conca de Barberà. Fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en el año 1991.

Son de visita obligada la iglesia y el claustro. En la primera, además del panteón encargado a los maestros Aloi, Jaime Cascalls y Jordi de Déu en el año 1380, destaca el retablo de Damián Forment, una joya de alabastro realizada entre 1527 y 1529 a instancias del abad Pedro Caixal, durante el reinado de Carlos I. El claustro, levantado en los siglos XII y XIII,puede admirarse hoy gracias a una intensa restauraci­ón después de haber quedado muy deteriorad­o en el siglo XIX.

Enriquecid­o con sucesivas donaciones, el Monasterio de Poblet alcanzó su máximo esplendor en el siglo XIV.Y su total decadencia llegó en el siglo XIX y principios del XX, con la desamortiz­ación de Mendizábal, que dejó la construcci­ón aba- cial en ruinas y casi aniquilado el extenso y hoy recuperado bosque de Poblet. Este último forma en la actualidad, junto con las tierras llanas del valle, un variado mosaico de cultivos y zonas arboladas: el Paraje Natural de Interés Nacional de casi 2.500 hectáreas con hermosas formacione­s rocosas y un gran número de fuentes.

No hay que dejar de recorrer estos parajes naturales del conjunto monástico: desde su llegada, los monjes explotaron las ricas tierras y bosques de la zona con media docena de granjas que, en algunos casos, como el Castell de Milmanda o el de Riudabella, se convertirí­an en lujosos palacios de los abades: el monasterio conserva 20 hectáreas de viñedos donde se elaboran grandes vinos, y otras 25 forestales, donde hay una residencia de verano de los monjes.

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pinot noir, que trajeron de Borgoña.
Vista general del Monasterio de Poblet desde los viñedos que lo rodean. En ellos, los monjes cistercien­ses cultivaron por primera vez en la Península Ibérica la variedad francesa pinot noir, que trajeron de Borgoña.

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