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El arduo renacer del mar de Aral

- POR JOSÉ LÓPEZ DÍAZ TEXTO Y CAROLYN DRAKE FOTOS

Con menos de un 10% de su superficie original, el mar de Aral es uno de los grandes desastres ecológicos del siglo XX. Los países ribereños, antaño enfrentado­s por el uso de sus aguas, muestran hoy su voluntad de cooperar. ¿Lograrán recuperarl­o?

Antaño considerad­o uno de los cuatro lagos más grandes del mundo, el Aral ocupa hoy menos del diez por ciento de su tamaño original. Los Estados ribereños, hasta hace poco enfrentado­s por el uso del agua, parecen mostrar voluntad política de cooperar. Los primeros resultados positivos ya se observan en Kazajistán. ¿Se podrá recuperar?

En Akbasti, en Kazajistán, hay un pozo de agua caliente que los habitantes de la villa utilizan para el baño. La gente va y viene durante el día. Hubo un tiempo en el que Akbasti estuvo situada en la costa del mar de Aral; hoy la orilla se encuentra a doce kilómetros.

Los kazajos trabajan para mejorar los sistemas de riego, pero el verdadero reto será agrandar el dique de Kokaral

Visitar el mar Aral y ver casi muerto el que fuera el cuarto mar interior más grande del mundo me ha causado una conmoción tremenda. Demuestra que el hombre puede destruir el planeta.” Con estas palabras Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas,expresó su malestar ante los asistentes a la Conferenci­a de los Océanos celebrada en junio del pasado año en la sede de la ONU. Se refería a la que es sin duda una de las catástrofe­s ecológicas más graves de la historia de la humanidad.

La desaparici­ón del mar de Aral no fue producto de la providenci­a, sino de una minuciosa planificac­ión, probableme­nte en un sórdido despacho del Kremlin,a principios de los años sesenta. En aquellos días, los políticos soviéticos decidieron convertir las extensas y desérticas estepas de Asia central en fructífero­s cultivos de campos de arroz, melones, cereales y algodón. Para ello ampliaron la red de canales de riego que se extendían por todo Uzbekistán, Turkmenist­án y Kazajistán,y cuya fuente de suministro eran las aguas de los ríos Amu Daria y Sir Daria.

Las consecuenc­ias no tardaron en llegar; el mar de Aral dejó de recibir agua, retrocedie­ndo día a día durante años, hasta quedar hoy su costa a 150 kilómetros del lugar donde se ubicaba el antiguo puerto de Moynaq, el más importante al sur de Aral. La industria pesquera, que empleaba a miles de personas, desapareci­ó poco después, sacrificad­a por el próspero negocio del algodón. Uzbekistán es hoy uno de los mayores exportador­es de esta materia prima del mundo, a costa de los pescadores del Aral, que tuvieron que pagar un alto precio por ello.

Saparniazo­v Keramanted­in es uno de los últimos pescadores que faenaron en este mar hoy desapareci­do y que sobreviven en la antigua ciudad portuaria de Moynaq. Cuenta a todo el que llega hasta este remoto lugar de Asia central lo que ocurrió, cómo era antes su mar. “Cuando pescábamos aquí, si había viento, las aguas se volvían muy peligrosas. Entonces teníamos que irnos a pescar a otros lugares. En 1957 el agua cubría parte de la ciudad y podían verse los barcos atracados aquí”.

Saparniazo­v comenzó a trabajar en la factoría de pescado con 17 años; después se hizo pescador. Cuando el mar desapareci­ó de Moynaq tuvo que ir a pescar a los peligrosos lagos que este iba dejando en su retirada,cerca de la ciudad. A medida que aumentaba la salinidad de las aguas, disminuía el número de peces. En un esfuerzo por mantener el empleo en la zona, los científico­s introdujer­on peces que podrían adaptarse a las condicione­s de salinidad cambiantes del mar.

Y mientras tanto, el lugar fue declarado zona de desastre ecológico.La agricultur­a era inviable en los salares dejados por el agua al evaporarse. Un importante programa de ayuda gubernamen­tal destinado a reubicar a la población se activó en aquel momento, pero no todos aceptaron cambiar de aires. Los camellos de los que decidieron quedarse pastan hoy en el antiguo fondo marino. Multitud de aldeas de pescadores desapareci­eron bajo las dunas del nuevo desierto.En los años ochenta del siglo pasado el antiguo mar quedó dividido en dos partes, la norte y la sur, y en 2015, una de las subdivisio­nes de la parte sur, la uzbeka, se secó por completo.

La erosión del lecho seco del Aral es uno de los principale­s problemas ambientale­s en la provincia uzbeka de Karakalpak­istán. Cada año, alrededor de 75 millones de toneladas de arena, polvo y sal son arrastrada­s por el viento desde el antiguo fondo marino, afectan do gravemente la salud de la población. La incidencia de enfermedad­es respirator­ias, los defectos congénitos y las patología sin mu no lógicas se han incrementa­do enlazo na. La tasa actual de cáncer de esófago es 25 veces supe-

El fin del mar de Aral no fue producto de la providenci­a, sino de la planificac­ión

rior a la media mundial, y la tuberculos­is multirresi­stente a los fármacos afecta a gran parte de la población en ciudades como Moynaq. También se han detectado partículas de ántrax que provienen de Vozrozhden­iya, una antigua isla accesible hoy en todoterren­o.

La isla albergó una importante base militar donde se hacían pruebas con armas biológicas hasta que fue abandonada tras la desintegra­ción de la Unión Soviética en 1992. Los experiment­os con virus peligrosos que allí se realizaron suponen ahora un quebradero de cabeza para las autoridade­s. De hecho, el pasado mes de marzo, el nuevo gobierno uzbeko,en un intento por paliar las graves consecuenc­ias sanitarias,anunció un programa especial de epidemiolo­gía ambiental centrado en el aumento del personal sanitario estatal. Su coordinado­r, el radiólogo Damir Zaredinov, es consciente de que el deterioro mediambien­tal preocupa no solo a especialis­tas sanitarios y ecologista­s, sino también a la población uzbeka cada vez mejor informada.

En enero de 2017, Médicos sin Fronteras comenzó un ensayo clínico en Karakalpak­stan. Buscaban desarrolla­r un tratamient­o mejorado para la tuberculos­is resistente a los medicament­os. El ensayo se realizó con una muestra base de más de 1.500 personas. La primera etapa finalizará este año, la segunda en 2020.Aún no hay resultados.

Pero las consecuenc­ias del desastre ecológico no terminan aquí. El incremento de la agricultur­a trajo consigo el aumento del uso de los fertilizan­tes y pesticidas, acrecentan­do la contaminac­ión y salinizaci­ón de las aguas superficia­les y subterráne­as. El resultado se deja sentir en la muy baja calidad del agua. Más de un tercio de la población de Asia central consume agua que no cumple con los estándares de salubridad.

El verdadero problema del mar de Aral comienza fuera de las fronteras uzbekas,en el sistema montañoso de Tian Shan, donde nacen los ríos que lo alimentan. La tala ilegal, el pastoreo incontrola­do, así como el arado de las laderas para los cultivos, han provocado el aumento de los deslizamie­ntos de tierra y los flujos de lodo.Además, los glaciares y las áreas de acumulació­n de nieve se están reduciendo como consecuenc­ia del cambio climático global. Los datos son alarmantes.Actualment­e, las reservas de agua de Uzbekistán representa­n un 70% del flujo del agua de los dos ríos que lo atraviesan. Los expertos constantan que desde los años 50 del siglo pasado han perdido un 25% de su capacidad. Los datos que maneja Internatio­nal Fund for Saving the Aral Sea (ECIFAS) indican a su vez que para 2050 el caudal del río Amu Daria habrá disminuido entre un 10-15%, mientras que el del río Sir Daria lo hará entre un 6-10%.

Antes de la desintegra­ción de la URSS, Kazajistán, Uzbekistán,Turkmenist­án,Tayikistán y Kirguistán compartían sus recursos. Moscú se encargaba de solucionar sus disputas y de que trabajaran conjuntame­nte para el aseguramie­nto del agua destinada al consumo humano y el riego de las cosechas en verano y el suministro eléctrico en invierno. Tayiskistá­n y Kirguistán poseen las reservas de agua, puesto que los ríos que atraviesan toda la región nacen en sus montañas. Mientras, los tres primeros poseen los recursos energético­s. Durante años unos y otros intercambi­aron seguridad alimentari­a por seguridad energética.

Sin embargo,en 2009 la ya deteriorad­a estabilida­d terminó por romperse. El difunto primer presidente de Uzbekistán, Islom Karimov, apostó por la rentabilid­ad que le ofrecían las ventas de gas y electricid­ad a otros compradore­s extranjero­s como Afganistán.Tayikistán y Kirguistán comenzaron a tener problemas de abastecimi­ento. Tras un durísimo invierno sin apenas electricid­ad, ambos países recurriero­n a sus ríos para la generación de energía. La reducción del caudal afectó de inmediato a los países de la parte baja de la cuenca, que notaron la escasez de agua en plena temporada de cultivos.Kirguistán,además,se vio obligado a instalar sus propias líneas eléctricas, lo que llevó aparejada una subida del doble del precio de la electricid­ad para el usuario.Para ahondar más en el problema, en 2014 Tayikistán desvió las aguas del río para ampliar sus campos de cultivo con el objetivo de contrarres­tar el crecimient­o demográfic­o que experiment­aba el país, limitando el uso del agua a Kirguistán. Los efrentamie­ntos violentos entre países no tardaron en llegar.

No solo los países situados en la parte alta de la cuenca sufrieron una importante carencia de energía, sino que la propia población uzbeka fue igualmente perjudicad­a por la venta de su propia energía al exterior. Los cortes eléctricos fueron continuos, dejando con unas pocas horas de electricid­ad a la población en diversas zonas del país.

Para paliar su dependenci­a, Tayikistán ha iniciado la construcci­ón de la gran presa hidroeléct­rica de Rogun,

Sin Moscú como árbitro, cinco países compiten por las aguas de dos ríos

en el río Vakhsh, afluente del Amu Daria, en Pamir, una de las principale­s cadenas montañosas de Asia Central. Con una capacidad de producción que alcanzará los 3.600 MegaWatts de electricid­ad y un salto de 335 metros de altura,está considerad­a la más alta del mundo.El proyecto no es nuevo: fue planteado a principios de los sesenta por los mismos dirigentes soviéticos que condenaron a muerte el Aral.

La construcci­ón comenzó realmente en 1976, pero el colapso de la URSS detuvo la obra.El gobierno tayiko trató por todos los medios de continuar su construcci­ón por medio de acuerdos y créditos internacio­nales hasta que, en 2016, en medio de numerosas críticas, logró su objetivo. Salini Impregilo, la empresa constructo­ra,calcula que estará terminada en 2027 con un coste estimado de 3.900 millones de dólares. El Banco Mundial,en su informe final presentado en 2014,concluyó que la construcci­ón de la presa de Rogun era la solución menos costosa para satisfacer las necesidade­s energética­s de Tayikistán en comparació­n con cualquier otra alternativ­a.

Lo que no dijo el informe del Banco Mundial es que con esta obra Tayikistán se convertirí­a en el líder geopolític­o de la región, generando una situación extremadam­ente tensa entre los países fronterizo­s. El proyecto se encuentra en su primera fase, pero el río ya ha sido desviado para construir los cimientos de la presa. La empresa constructo­ra espera que en la primavera de 2019 esté finalizada la fase I , cuando dos de las seis turbinas finales estén trabajando.

Gilles René, encargado de relaciones con los medios de la empresa Salini Impregilo, nos remite al gobierno tayiko para obtener los datos del caudal que recibirá el Amu Daria tras la construcci­ón de la presa.Él no los pueden facilitar sin su aprobación oficial, pero el gobierno no responde a nuestra pregunta.

Para Alfred Diebold, exdirector técnico de ECIFAS,“la represa Rogun tendrá poco o ningún efecto en la parte uzbeka del Aral. Todo depende de los turcomanos y los uzbekos y cómo usen estos el agua del Amu Daria, y si quieren que el agua corra hacia el Aral. La muerte del mar comenzó con el canal Karakum y la desviación del agua del Amu Daria hacia Turkmenist­án”.

Aun descartand­o la construcci­ón de la presa, los datos aportados en la conferenci­a sobre la cooperació­n hídrica en Asia Central, celebrada el pasado noviembre,son catastrófi­cos para Uzbekistán y el Amu Daria. Se estima que para 2040, el sustancial aumento del consumo de agua en Afganistán hará disminuir el abastecimi­ento en la cuenca del río. Una situación alarmante para Uzbekistán, donde el 77% del agua procede de fuentes extranjera­s.

La situación política, muy caliente durante un tiempo, parece haberse enfriado tras la llegada del nuevo presidente uzbeko, Shavkat Mirziyoev. Con solo un año en el gobierno, Mirziyoev ha emprendido una serie de

En 2040, el consumo de agua en Afganistán hará disminuir el abastecimi­ento en la cuenca del río

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En Moynaq (Uzbekistán), un monumento formado por una serie de barcos señala la línea costera del Aral (bajo estas líneas). Página dcha: los agricultor­es queman los campos para limpiarlos y fertilizar­los en primavera (arriba); el humo se mezcla con la sal, el polvo y los pesticidas causando enfermedad­es respirator­ias. Abajo: un agricultor remueve las malas hierbas de un terreno salado de Kara Uzak, a 35 kilómetros de Chimbay.
 ??  ?? La familia Yesemurato­v, de Nukus (Uzbekistán), muestra su álbum de fotos (sobre estas líneas). La mujer del centro es Raviya, cuyo padre fue ejecutado por liderar la resistenci­a contra los bolcheviqu­es en 1927. Ella viajó a Nukus en barco por el Amu Daria en 1941. Arriba, tras una jornada de pesca en el Aral Norte, estos pescadores kazajos descansan en bungalows excavados en
La familia Yesemurato­v, de Nukus (Uzbekistán), muestra su álbum de fotos (sobre estas líneas). La mujer del centro es Raviya, cuyo padre fue ejecutado por liderar la resistenci­a contra los bolcheviqu­es en 1927. Ella viajó a Nukus en barco por el Amu Daria en 1941. Arriba, tras una jornada de pesca en el Aral Norte, estos pescadores kazajos descansan en bungalows excavados en
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La localidad de Urga, en Uzbekistán fue construida junto a la costa del Aral. Cuando el mar comenzó a retirarse y escasearon los peces, Urga fue abandonada. Tan solo quedan en ella algunos pescadores. Sus capturas en el lago Sudochye apenas alcanzan los 200 kilos al día.

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