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CUATRO ISLEÑOS ELEGIDOS CADA CUATRO AÑOS ADMINISTRA­N ESTE TERRITORIO INSULAR

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medir lo que han conseguido. “Antes, trabajábam­os para el terratenie­nte y vivíamos en sus casas”, nos recuerda Maggie Fyffe. “Muchas casas estaban en un estado lamentable y a menudo no tenían ni electricid­ad.” Al romper sus ataduras, los isleños pudieron llevar a cabo sus proyectos. Desde entonces, su territorio es gestionado por un

trust dirigido por cuatro habitantes elegidos por cuatro años, así como por representa­ntes de la región de las Altas Tierras y del Scottish Wildlife Trust, una asociación para la protección de la naturaleza. Juntos, han reformado los cottages, construido el pub-tienda de comestible­s y modernizad­o el puerto con fondos europeos. Pero también han fijado reglas: los alojamient­os se alquilan a precios razonables y se ceden terrenos a los que quieren construir (los terrenos pertenecen al Trust y las casas a los habitantes).

Se puede medir el éxito de la operación observando el crecimient­o poblaciona­l de la isla: en 20 años, ha pasado de 65 a 105 personas. Los habitantes “de origen” coinciden ahora con recién llegados, jóvenes en su mayoría. ¿Qué les motiva? Para Craig Lewis, de 28 años, fue por amor. “Hace tres años, vine a la isla y conocí a Katie”, nos cuenta este joven oriundo de Stoke-onTrent, en Inglaterra. “Al cabo de unos meses, me anunció que estaba embarazada. ¡Y así fue como me vine a vivir aquí!”

Otros sucumbiero­n a los encantos de la isla, a su singular meteorolog­ía, dado que las cuatro estaciones pueden encadenars­e en apenas una hora, o simplement­e a su valeroso espíritu.

En un pequeño local contiguo a la tienda de comestible­s, Owen y Laraine Wyn-Jones alquilan bicicletas de montaña y piraguas durante la temporada alta. Tras descubrir Eigg, esta pareja de treintañer­os –él es galés y ella inglesa– decidió instalarse en la isla hace tres años, abandonand­o Birmingham y sus trabajos de marketing e informátic­a. “No tenemos ninguna raíz en la isla. Tampoco pensábamos rehacer nuestra vida”, nos asegura Owen. “No la hemos buscado, fue Eigg quien nos encontró.”

Un poco más lejos, en un lugar llamado Kildonnan, Johnny Jobson, su esposa y sus tres hijos residen en un encantador co

ttage blanco adosado a un pequeño bosque. Él conoció Eigg en 1993 al trabajar durante el verano en un barco pesquero. “Al principio, veníamos de vacaciones”, nos cuenta este antiguo periodista de unos 40 años de edad que trabajaba en Glasgow.“El periódico en el que trabajaba

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 ??  ?? Esta casita alberga un pub: aunque está siempre abierto, los clientes deben llevar sus propias botellas, porque el propietari­o no tiene licencia para vender bebidas alcohólica­s. En la isla, donde no hay policía, se respetan las reglas.
Esta casita alberga un pub: aunque está siempre abierto, los clientes deben llevar sus propias botellas, porque el propietari­o no tiene licencia para vender bebidas alcohólica­s. En la isla, donde no hay policía, se respetan las reglas.

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