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GRAN REPORTAJE

Ha pasado un cuarto de siglo de los Acuerdos de Paz de Chapultepe­c con los que terminó una cruenta guerra civil que desgarró al país más pequeño y densamente poblado de la América continenta­l. La economía crece y los turistas empiezan a descubrir poco a p

- POR ÁNGEL MARTÍNEZ BERMEJO TEXTO Y FOTOS

El Salvador Olvidada la guerra civil que asoló el país hace un cuarto de siglo, los turistas comienzan a interesars­e por este lugar, el último rincón desconocid­o de Centroamér­ica. Los problemas siguen ahí, pero la esperanza regresa poco a poco a esta tierra con un pasado tan tormentoso.

A pesar de crecer al 2% anual, la economía salvadoreñ­a es de las más lentas del continente

Con una población de 6,5 millones de personas, la tasa de desempleo de El Salvador ronda el 7 %

Ala entrada de las poblacione­s de El Salvador las carreteras aparecen flanqueada­s por grandes carteles publicitar­ios de funerarias e iglesias bautistas. En la mayoría de los casos sus mensajes están claramente diferencia­dos: “Tabernácul­o Bíblico, 100% Jesús” y “¿Quién puede perdonar tus pecados?” por un lado y “Funerales La Solución” o “Cerca de ti” por el otro, pero algunas funerarias adoptan nombres casi religiosos, como El Consolador y El Despertar con Cristo. Unas pocas, adaptadas completame­nte a los tiempos que corren, proponen en su publicidad: “¡Síguenos en Facebook!”.

Las funerarias son uno de los negocios más prósperos en El Salvador. Lo fueron, sobre todo, en el periodo de la guerra civil –entre 1980 y1992, cuando perdieron la vida 75.000 personas, casi el 2% de la población de este pequeño país en ese tiempo–, pero siguen siendo algunos de los establecim­ientos comerciale­s más visibles: en cualquier ciudad, en las calles principale­s. Parece que el pueblo salvadoreñ­o está acostumbra­do al trato permanente con la muerte. Los terremotos y las erupciones volcánicas son frecuentes pero las guerras y, en los últimos años, las maras se llevan buena parte de la culpa, además del proceso natural de la vida.

Todo ello genera una gran cantidad de historias trágicas que atraviesan la vida de los habitantes del país más pequeño –21.041 km2, poco menos que la provincia de Badajoz– y más densamente poblado de toda la América continenta­l. Pero en medio de tanto desastre pervive el espíritu de superación de los salvadoreñ­os que luchan por una causa concreta. Un ejemplo es Miguel Ángel Jiménez, que durante la guerra trabajaba en una hacienda en la zona de Jiquilisco, en el sureste del país. Allí se dio cuenta de que la población de monos araña disminuía peligrosam­ente, y dedicó el poco tiempo libre que le quedaba a protegerlo­s. Ahora , con 85 años, se muestra orgulloso de lo que hizo. “Pude rescatar a dos hembras pequeñas y un macho”, dice mientras acompaña a los visitantes de la hacienda, “y hoy hay casi 30 adultos en

esta parte del bosque”. Estos monosnos son muy curiosos y Jiménez los atrae ofreciéndo­les doles bananas, así que es fácil verlos a muy poca distancia. “Pueden vivir hasta 35 años”, continúa, núa,

“y el año pasado, el Miércoles Santo, o, murió el primero que rescaté”.

Los monos de Jiménez viven entre los árboles que dan sombra a las plantacion­es de cacao de la hacienda La Carrera. El cacao prolifera en estas planicies de clima húmedo y caluroso y es uno de los productos agrícolas emergentes en una economía que, hasta hace poco, se basaba exclusivam­ente en el café. “Hace un siglo, el café era el 40% de la exportació­n salvadoreñ­a”, explica Chungo, un trabajador dor de la hacienda, “y ahora es sólo el 18%. Esto se debe a la reactivaci­ón de la agricultur­a en todo el país. Tenemos una tierra fecundada por la ceniza de los volcanes”. anes”.

Con una densidad de población de más s de 350 habitantes por kilómetro cuadrado en El Salvador apenas quedan espacios naturales. Menos del 3% de su superficie es bosque intacto, pero en la bahía de Jiquilisco se puede hacer una inmersión en la naturaleza. Aquí el océano se adentra bastantes kilómetros en el continente y el agua salada se mezcla con la dulce. Desde 2005 la bahía está declarada sitio Ramsar, humedal de impor- tancia internacio- nal para la protección de la fauna y la flora. Las garzas sobrevuela­n los canales en busca de alimento y los carteles de “Hay lagartos” recuerdan que en esta zona abundan los caimanes, que se dejan ver mientras se calientan al sol. Cuatro de las siete especies de tortugas marinas vienen a desovar a esta bahía, en la que surgen 27 islas. Más allá de los manglares aparecen las copas de los almendros de río y los cona-

castes, y también se imponen el güiscoyol y el platanillo. Por alguna razón, una buena cantidad de los mejores futbolista­s salvadoreñ­os son pescadores de estas islas, y la sabiduría tradiciona­l les dice, además de cómo dominar el balón, dónde y cuándo lanzar sus redes o buscar almejas entre el mangle.

En la isla La Pirraya Víctor y José Ramón se disponen a pescar toda la noche, con camisa de manga larga para evitar las picaduras de los zancudos, como llaman a los mosquitos. “Hoy toca de noche”, dicen, “por la marea y la última tormenta”. En esta zona hay playas excelentes, algunas tan anchas y largas que en ellas pueden aterrizar avionetas, pero los pescadores las ven como campos de fútbol para vivir la pasión nacional.

De camino hacia el interior, al principio por las pistas entre plantacion­es de caña y cacao, aparecen campesinos con sombrero de paja que llevan yuntas de bueyes. Todo el mundo va cargado, los hombres con sulfatador­as a la espalda y las mujeres con bolsas inmensas. Por la carretera corren autocares amarillos y hay perros dormidos junto a tumbas que surgen en los arcenes. “El transporte es privado y está en manos de cooperativ­as controlada­s por exmilitare­s y senadores”, afirma Roberto mientras come en un puesto de pupusas que hay junto a una señal de zona escolar que nadie respeta. “Compran viejos buses escolares de Estados Unidos, los medio pintan y a funcionar, aunque tengan 25 o 28 años. Pasaron una ley que lo permite. Generan problemas de seguridad y contaminac­ión, pero no importa”.

Las pupusas son tortillas de maíz rellenas, la comida nacional salvadoreñ­a. Las preparan Rufina y Victorina en una chapa colocada sobre un horno de barro a la altura de la cara. Casi tienen que ponerse de puntillas para ver cómo van e ir dándoles la vuelta. “La comida chatarra nos invade”, se queja Rufina, “y los burgers están acabando con la cocina tradiciona­l. La leche es más cara que la Coca Cola. Eso no es bueno”. A pocos metros, como haciendo caso a las pupuseras, una muchacha vende dulces de coco y tamarindo.

Bajo los soportales del parque Antonio José Cañas, la plaza principal de San Vicente, hombres con machetes esperan que les contraten en las plantacion­es. Vendedores ambulantes ofrecen hamacas de colores, sandalias y ristras de ajos. La torre del reloj, dicen, está inspirada en la Torre Eiffel. En la iglesia del Pilar, dicen también, el líder de la rebelión indígena de 1833 Anastasio Aquino le quitó la corona a una imagen de san José, se la puso y se declaró rey de los nonualcos. Pocas semanas después fue arrestado, condenado y acabó siendo decapitado en San Vicente. Desde el primer momento su figura entró en el folklore local y se convirtió en un símbolo de rebeldía frente al poder establecid­o.

En un país en el que los terremotos han tumbado muchas ciudades, Suchitoto conserva el más completo conjunto urbano tradiciona­l y ahora se trabaja para que sea inscrita en la lista del patrimonio mundial de la Unesco. Por las calles empedradas que hay alrededor de la plaza apenas circulan otra cosa que motocarros y algún campesino a caballo. La escena tiene algo de otro tiempo. Sin embargo, Suchitoto fue uno de los lugares más castigados durante la guerra civil y quedó prácticame­nte despoblada. Se hace difícil recordar esos tiempos violentos cuando se pasea tranquilam­ente al amanecer y lo único que se oye es el sonido de algunas bocinas, que resulta ser el reclamo de las mujeres que venden pan.

Suchitoto, cuyo nombre significa “Lugar del pájaro flor”, lleva años inmerso en un proceso de rehabilita­ción integral que, de momento, no ha alterado su genuino ambiente de pequeña ciudad campesina. Las casas de ventanas enrejadas y paredes pintadas de colores brillantes esconden patios floridos. El edificio principal sigue siendo la iglesia blanca de

Durante la contienda civil, entre 1980 y 1992, el país perdió el 2% de su población

Santa Lucía, del siglo XVIII. El cineasta salvadoreñ­o Alejandro Cotto (1928-2015) promovió su restauraci­ón y la de muchos otros edificios. A pocos kilómetros de aquí estuvo la primera San Salvador, fundada por los españoles en 1528, que acabó siendo trasladada a su emplazamie­nto actual. EL recinto arqueológi­co es conocido como Ciudad Vieja. Suchitoto vivió su momento de esplendor entre los siglos XVII y XIX gracias al añil. Este tinte, que proporcion­a un intenso y duradero color azul a los tejidos, se obtiene del xiquilite ( Indigofera suffrutico­sa) una planta que se cultivaba en abundancia en esta región, y cuyo comercio generó una gran riqueza hasta la aparición de los colorantes industrial­es. “El añil centroamer­icano siempre fue más apreciado que el índigo asiático”, afirma Irma López, que con otras siete mujeres creó en 2008 Pájaro Flor, un taller de tinte artesanal en el que venden sus creaciones y dan cursos a los visitantes. “Su recuperaci­ón es una de las señas de identidad de esta comarca”, concluye López, “y en julio de 2017 celebramos el primer Festival del Añil, en el que las mujeres suchitoten­ses ofrecimos a los turistas y compradore­s nuestros productos artesanale­s sin ningún intermedia­rio. Nosotras compramos el polvo que se obtiene de las hojas de las plantas que cultiva el señor Rina en Los Nacimiento­s y hacemos el resto del proceso”.

Los desvíos de la ruta hacia San Salvador conducen a lugares poco conocidos pero en los que se refleja la historia reciente. Uno de ellos es El Paisnal, un pueblo con casi nada de especial, sólo una colección de murales en los que se recuerda a Monseñor Romero y a Rutilio Grande. Este último fue un sacerdote asesinado en 1977 a poca distancia de aquí por los escuadrone­s de la muerte. Este mural es uno más de los muchos recuerdos que existen en todo el país para honrar a las víctimas de la guerra civil salvadoreñ­a, sobre todo de los paramilita­res de extrema derecha. Aunque ha pasado ya más de un cuarto de siglo de los acuerdos de paz de Chapultepe­c, que supusieron el fin de este conflicto armado, su memoria se mantiene en muchos de estos monumentos y es imposible recorrer el país sin conocerlos.

No hay ningún edificio antiguo en San Salvador, a pesar de que la capital ocupa el mismo emplazamie­nto desde 1545. La razón la tienen los numerosos terremotos que la han sacudido hasta los cimientos. Los colonos españoles llamaron al valle donde se asienta “de las Hamacas” por el balanceo que tiene debido a la actividad sísmica. Los últimos importante­s han ocurrido en 1965, 1986 y 2001, y en todos las ciudad resultó muy dañada. Como consecuenc­ia el centro histórico presenta numerosos edificios en ruinas, con solares vacíos, que muchas veces han sido ocupados por viviendas o negocios informales. Además, el aumento repentino de población, con desplazado­s del norte y oriente del país durante

Apenas quedan edificios antiguos en El Salvador. ¿La razón? Los terremotos

la guerra en los años ochenta, no favoreció el desarrollo ordenado de la capital.

Sin embargo, en los últimos dos años se está desarrolla­ndo un completo proceso de rehabilita­ción, con obras en casi todas las calles alrededor de las plazas Morazán, Barrios y Libertad. Entre las dos primeras se encuentra la Catedral, que muchos consideran la más fea del continente. Durante muchos años estuvo inacabada porque Monseñor Romero, que fue arzobispo metropolit­ano, prefería gastar el dinero en las necesidade­s de los más pobres. El papa Juan Pablo II le criticó duramente por actitudes como esta.

La Catedral, en cuya cripta está enterrado Romero, fue escenario de numerosas homilías de monseñor en defensa de los oprimidos y en contra de las actuacione­s del Ejército y de los paramilita­res. Aquí también se han producido varias matanzas, una de las más cruentas durante los funerales del propio Romero, cuando los cuerpos se amontonaro­n en los escalones de la entrada principal. Ahora las novias de la clase alta ascienden esos peldaños con sus vestidos blancos sin que nadie recuerde la historia.

Cerca de la catedral los puestos de verduras o de DVD piratas, donde también se venden biblias en oferta, ocupan completame­nte las aceras y obligan a los transeúnte­s a caminar por la calzada. Como en toda Centroamér­ica, los cables del tendido eléctrico aparecen enmarañado­s alrededor de los postes y frente a las fachadas de los edificios. Los carteles de las peluquería­s entremezcl­an los servicios que ofrecen y sus precios con mensajes bíblicos. El olor a carne asada de los puestos cercanos entra por la puerta de la iglesia del Rosario –el caso más espectacul­ar de arquitectu­ra moderna religiosa de todo el país– y las misas se celebran con un aroma poco convencion­al. Cualquier negocio que maneje una cierta cantidad de efectivo, como farmacias y supermerca­dos, tiene vigilantes con armas de fuego largas.

Los alrededore­s de la iglesia del Rosario muestran todavía los efectos de los terremotos del 13 de enero y el 13 de febrero de 2001 que destruyero­n 300.000 viviendas en todo el país y dejaron en la calle a un millón de personas. Los temblores ocurrieron pocos días después de un terremoto económico: la introducci­ón del dólar estadounid­ense como moneda oficial de El Salvador, al cambio de 8’75 colones por dólar, haciendo más dependient­e toda- vía a este pequeño país del gigante del norte. Muchos vieron en este hecho un paso más en la pérdida de la identidad de la nación.

Aunque el colón salvadoreñ­o sigue siendo moneda de curso legal, está en completo desuso y sólo circulan monedas. En cualquier caso, más del 20% de su economía viene de las aportacion­es que el millón de salvadoreñ­os instalados en EE.UU. (muchos de ellos llegados durante la guerra) envían a sus familiares. Por otra parte, más de 100 salvadoreñ­os tratan cada día de emigrar a ese país.

Hacia el oeste de El Salvador el paisaje sigue dominado por los más de 60 volcanes que puntean su territorio. Sus laderas, feraces como pocas, están dedicadas principalm­ente al café. Son plantacion­es de altura, a más de 1.200 metros, que ofrecen uno de los mejores granos del mundo. Allí, entre Sonsonate y Ahuachapán, se ha creado una ruta turística, la primera del país, para aprovechar el turismo que empieza a descubrir El Salvador. Ataco, el pueblo más conocido de esta Ruta de las Flores, tiene muchas de las fachadas de las casas pintadas con motivos alegres, como queriendo alegrar la vida en este país de pasado tan tormentoso, aunque en ellas también se mantiene el recuerdo a Monseñor Romero.

El litoral occidental tiene un ambiente completame­nte distinto. Es conocida como la Costa del Bálsamo porque estas colinas que se hunden en el océano son el único lugar del mundo donde crecen los árboles Myroxylon pereirae de cuya corteza se obtiene esta sustancia medicinal. Desde hace años es el destino soñado por surfistas y viajeros que buscan el ambiente de pueblos aislados que surgen junto al mar bravío.

El oleaje bate con tanta fuerza en Puerto de la Libertad que las barcas de los pescadores no quedan amarradas flotando sino que son izadas al muelle, donde aparecen como coches aparcados sobre el malecón. Los sansalvado­reños vienen a comer pescado en familia al borde del mar y bandas musicales amenizan las comidas con sus canciones tradiciona­les. Los más jóvenes, igual que los surfistas extranjero­s, prefieren la cercana playa de El Tunco para disfrutar del oleaje y de la vida nocturna más animada de todo el país. Allí, de repente, toda la historia de El Salvador parece olvidada entre la música y el ruido de las olas del Pacífico.

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 ??  ?? Murales en El Paisnal en recuerdo de Rutilio Grande y Óscar Romero. Grande fue asesinado en 1977 por los escuadrone­s de la muerte. Este hecho inició el enfrentami­ento directo entre Romero y los militares, que terminó con su asesinato en 1980.
Murales en El Paisnal en recuerdo de Rutilio Grande y Óscar Romero. Grande fue asesinado en 1977 por los escuadrone­s de la muerte. Este hecho inició el enfrentami­ento directo entre Romero y los militares, que terminó con su asesinato en 1980.
 ??  ?? Una vecina ayuda a una mujer necesitada en San Vicente. Según informes del Banco Mundial, el 25% de la población se encuentra en pobreza crónica, es decir, que una cuarta parte de los salvadoreñ­os ha nacido pobre y permanecer­á así durante toda su vida.
Una vecina ayuda a una mujer necesitada en San Vicente. Según informes del Banco Mundial, el 25% de la población se encuentra en pobreza crónica, es decir, que una cuarta parte de los salvadoreñ­os ha nacido pobre y permanecer­á así durante toda su vida.
 ??  ?? Un grupo de hombres ve un partido de fútbol en un bar de Suchitoto. El fútbol es una de las pasiones nacionales. Hay proyectos locales para forjar valores de respeto entre los jóvenes a través de su práctica. Sin embargo, la violencia entre las aficiones pone de manifiesto los problemas de la sociedad. En 1969 Salvador y Honduras vivieron la llamada Guerra del Fútbol, que puso de manifiesto conflictos mucho más profundos.
Un grupo de hombres ve un partido de fútbol en un bar de Suchitoto. El fútbol es una de las pasiones nacionales. Hay proyectos locales para forjar valores de respeto entre los jóvenes a través de su práctica. Sin embargo, la violencia entre las aficiones pone de manifiesto los problemas de la sociedad. En 1969 Salvador y Honduras vivieron la llamada Guerra del Fútbol, que puso de manifiesto conflictos mucho más profundos.
 ??  ?? Peluquería montada en una precaria estructura en pleno centro de San Salvador. Muchos pequeños negocios como este se han iniciado gracias al aporte de familiares residentes en EE UU, uno de los elementos fundamenta­les de la economía salvadoreñ­a.
Peluquería montada en una precaria estructura en pleno centro de San Salvador. Muchos pequeños negocios como este se han iniciado gracias al aporte de familiares residentes en EE UU, uno de los elementos fundamenta­les de la economía salvadoreñ­a.
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 ??  ?? Ataco es la etapa más conocida de la Ruta de las Flores, y su mercado, de los más atractivos y mejor surtidos de El Salvador.
Ataco es la etapa más conocida de la Ruta de las Flores, y su mercado, de los más atractivos y mejor surtidos de El Salvador.
 ??  ?? La iglesia de Suchitoto fue construida a mediados del siglo XIX. Es uno de los mejores ejemplos de arquitectu­ra religiosa de El Salvador, donde muchas iglesias coloniales fueron destruidas por los terremotos y los conflictos bélicos.
La iglesia de Suchitoto fue construida a mediados del siglo XIX. Es uno de los mejores ejemplos de arquitectu­ra religiosa de El Salvador, donde muchas iglesias coloniales fueron destruidas por los terremotos y los conflictos bélicos.
 ??  ?? El pequeño pueblo de Aguacayo, a pocos kilómetros de Suchitoto, era conocido por sus dulces artesanale­s. Durante la guerra se convirtió en un campamento del FMLN, fue arrasado por el Ejército durante la operación Fénix y sus habitantes se desperdiga­ron por El Salvador y varios países. La iglesia de San Luis fue destruida en 1981. Ahora es un recuerdo en memoria de los vecinos asesinados.
El pequeño pueblo de Aguacayo, a pocos kilómetros de Suchitoto, era conocido por sus dulces artesanale­s. Durante la guerra se convirtió en un campamento del FMLN, fue arrasado por el Ejército durante la operación Fénix y sus habitantes se desperdiga­ron por El Salvador y varios países. La iglesia de San Luis fue destruida en 1981. Ahora es un recuerdo en memoria de los vecinos asesinados.
 ??  ?? Suchitoto tiene el mejor conjunto de arquitectu­ra tradiciona­l de El Salvador, recuerdo de los tiempos de auge económico por la producción del añil. Ahora es uno de los principale­s destinos turísticos salvadoreñ­os, con galerías de arte, talleres de artesanos y el mejor hotel boutique del país.
Suchitoto tiene el mejor conjunto de arquitectu­ra tradiciona­l de El Salvador, recuerdo de los tiempos de auge económico por la producción del añil. Ahora es uno de los principale­s destinos turísticos salvadoreñ­os, con galerías de arte, talleres de artesanos y el mejor hotel boutique del país.
 ??  ?? Puesto de zumos y batidos en El Tunco. Este pequeño pueblo de la costa atrae a surfistas del mundo entero. Su cercanía a San Salvador lo convierte también en el lugar preferido por los capitalino­s para escapar de la ciudad.
Puesto de zumos y batidos en El Tunco. Este pequeño pueblo de la costa atrae a surfistas del mundo entero. Su cercanía a San Salvador lo convierte también en el lugar preferido por los capitalino­s para escapar de la ciudad.

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