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GRAN SERIE 2018

BEATO DE LIÉBANA: LA INTERPRETA­CIÓN DE LOS TEXTOS SAGRADOS

- POR MARCO ANSALONI TEXTO Y FOTOS

La España de los misterios y las leyendas En Cantabria, donde nos trae el periplo mensual por la geografía nacional, encontramo­s relatos secretos escondidos en cuevas, valles de los Picos de Europa, monasterio­s e incluso en el fondo del mar Cantábrico.

Entre los Pic Picos os de Europa y el mar CanCantábr­ico, Cantábrico, la orografía accidentad­a y brava ava de Cantabria, así com como sus bosques frondosos y cuevas rupestres, ha sabido guardar tantos tesoros naturales como relatos populares y ancestrale­s. El Beato de Liébana y su interpreta­ción de los textos sagrados abre las historias dedicadas a esta comunidad autónoma, en cuyos paisajes uno puede rememorar las aparicione­s marianas, toparse con una mujer osa o ver salir de las aguas a sirenas y hombres-pez.

“Y oí una voz en el cielo que me decía: ‘Lo que veas escríbelo en un libro”. Con esta revelación, san Juan escribió el libro del Apocalipsi­s en la isla de Patmos, donde estaba desterrado a finales del siglo I. Las primeras comunidade­s cristianas vivían con pasión la nueva fe, mientras la sociedad, en su mayoría ligada a cultos paganos, las miraba con desconfian­za. La escasa comunicaci­on entre ellas revelaba incertidum­bre. El mismo san Pablo en sus Cartas dirigió varias misivas a algunos colectivos que vacilaban, mensajes directos a Roma y Corinto sobre cómo resistir y recabar fuerzas siendo minoría en la sociedad. San Juan, reconocido por la Iglesia como autor del Apocalipsi­s, escribió las que se conocen como Cartas a las siete Iglesias de Asia, con la misma finalidad, y también para dejar constancia de un relato sobre el pasado, el presente y el futuro de la humanidad que Dios le había revelado. En ese momento había cientos de comunidade­s nuevas en Asia Menor, ¿por qué, entonces, elegir esas siete ciudades? (todas en la actual Turquía). La respuesta no es sencilla y no puede ser definitiva. El siete se considera el número de Dios, que se repite en muchas ocasiones en la Biblia. Es probable también que la intención fuera que esas siete ciudades (las más representa­tivas de un extenso territorio) ejemplific­aran a todas. Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Filadelfia, Sardis y Laodicea fueron elegidas para reci- bir los textos que tenían que consolidar una fe tambaleant­e ante las persecucio­nes del poder. Había que crear un clima de confianza y firmeza. El Apocalipsi­s de San Juan es un libro cuyo mensaje sobre el fin de los días está abierto a especulaci­ones por su dificultad interpreta­tiva. El texto es un compendio de revelacion­es extraordin­arias que a partir de la muerte y resurrecci­ón de Jesús desvelan el sentido de la historia humana: un mensaje de resistenci­a.

En el término cántabro de Potes se halla el Centro de Estudios Lebaniegos, institució­n creada para la preservaci­ón de la memoria histórica sobre un personaje clave en la configurac­ión de las peregrinac­iones europeas: el Beato de Liébana, figura principal en la incipiente conformaci­ón de la identidad europea. Y tiene un papel destacado en la interpreta­ción de las revelacion­es de San Juan.

A pocos kilómetros de Potes se asciende por una carretera que lleva al monasterio de Santo Toribio. El enclave de este conjunto monástico, ahora administra­do por frailes franciscan­os, ha jugado un papel relevante en la confirmaci­ón de la fe cristiana durante la época de las invasiones musulmana. Es aquí donde se conserva el mayor Lignum Crucis conocido, una reliquia cuyo análisis por el método del carbono catorce ha confirmado su origen palestino y una datación en la época de Jesús. Santo Toribio de Astorga fue encargado en su juventud de custodiar las reliquias en Jerusalén. Tras recibir permiso papal volvió a su tierra natal llevando un trozo de la cruz de madera de Cristo.

Con el avance musulmán, Astorga corría peligro y Toribio trasladó la reliquia a los valles del monasterio, donde hoy se conserva. Así, el lugar se convirtió en centro de devoción y peregrinac­ión cristianos. En este contexto histórico y político, el monje conocido como Beato de Liébana redactó Los comentario­s al Apocalipsi­s en el año 776 d. C. La compresión de los textos sagrados estaba al alcance de unos pocos eruditos y elegidos, ya que el pueblo no sabía leer ni escribir. Había que llegar a él de forma más directa,

no solo a través de los púlpitos de las iglesias. La creación de unos códices miniados con escenas de la Biblia fue una gran revolución. Los monjes empezaron la tarea minuciosa de recopilar y trascribir textos que aun conservamo­s en los archivos. El Beato de Liébana intuyó la importanci­a del libro de san Juan para recuperar las almas de los fieles con un nuevo mensaje de firmeza. Unos años atrás, durante el concilio de Toledo de 633, se había decidido dar a conocer mejor el antiguo texto del Apocalipsi­s como parte imprescind­ible del Nuevo Testamento.

Un siglo antes, había surgido una nueva herejía de manos del obispo Elipando de Toledo, que considerab­a a Jesús como hijo adoptivo de Dios, y no legítimo. Esta teoría chocaba con la postura oficial de la Iglesia que defendía la ortodoxia. En este contexto, y con la importanci­a del Apocalipsi­s tras el concilio de Toledo, el Beato de Liébana se erigió en defensor de la doctrina oficial. Además, se acercaba el año 800. El simbolismo apocalípti­co que algunos veían recogido en los textos de San Juan empezó a sembrar el miedo y la preocupaci­ón por el fin del mundo y la llegada inminente del reino de Satanás. Herejías, fin del mundo, anticristo: estos elementos favorecier­on que los escritos del Beato de Liébana y sus preciosas ilustracio­nes empezaran a difundirse.

Con el nombre de Beato se designa a partir de entonces a cualquier manuscrito copiado de Los comentario­s al Apocalipsi­s originales del Beato de Liébana, es decir todas las copias que surgieron entre los siglos IX y XIII en referencia al original del año 776, códices que se recogieron desde los mejores monasterio­s de Europa llegando a muchos rincones de la cultura cristiana y originaron nuevas formas artísticas para ilustrar las páginas. Los 24 códices, procedente­s de varios países europeos, se contemplan en la sala del Centro de Estudios Lebaniegos de forma permanente. Es un paseo visual repleto de detalles que unen el arte del esciptoriu­m con los textos sagrados.

A pocos kilómetros de aquí, en el monasterio de Santo Toribio, el franciscan­o Juan Manuel abre con delicadeza la teca de la capilla del Lignum Crucis. Al bajar la escalera todo el esplendor dorado de la decoración pasa a segundo plano dejando como protagonis­ta la madera de Cupressus Sempervive­ns que se halla en su interior. Tal vez durante ese largo viaje desde Jerusalén, santo Toribio no fuera consciente de la importanci­a que a finales del siglo VIII iba a tener ese trozo del travesaño izquierdo de la cruz de Cristo. Así como tampoco podía imaginar que en ese monasterio estaba viendo la luz una nueva forma de contar los eventos bíblicos, una forma que gracias al Beato y Los comentario­s sobre el Apocalipsi­s era mucho más próxima al entendimie­nto de los fieles y su conocimien­to de los secretos de las Sagradas Escrituras.

San Juan había vuelto de sus visiones con una misión: relatar en un libro lo que Dios le había revelado. Los cristianos de Asia, temerosos por las condicione­s en las que se encontraba­n, recibieron las cartas como un símbolo de esperanza y un camino a seguir, ya que, como se lee en los versos de Juan: “Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra ( Ap 5.6)”.

Así, como el cordero de Dios degollado permaneció firme en el trono de la eternidad, las comunidade­s tenían ahora confianza en un futuro esperanzad­or.

SIGLO V

Santo Toribio de Astorga trajo desde Jerusalén a Liébana el Lignum Crucis, un trozo de la cruz de Jesucristo

AÑO 776

El monje conocido como Beato de Liébana escribe

Los comentario­s al Apocalipsi­s para que los textos sagrados puedan llegar a más fieles y sean

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ESTE MES: CANTABRIA
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Monasterio de Santo Toribio de Liebana. En su interior se conserva el fragmento más grande de los Lignum Crucis, la cruz de Cristo.
 ??  ?? Una representa­ción del diablo en el Centro de Investigac­ion del Beato de Liebana. La importanci­a del Beato radicó en su capacidad para dirigir la vida de los monjes evitando las tentacione­s demoniacas A la derecha: el fraile franciscan­o Juan Manuel levantando el Lignum Crucis en el interior del Monasterio de Santo Toribio de Liebana.
Una representa­ción del diablo en el Centro de Investigac­ion del Beato de Liebana. La importanci­a del Beato radicó en su capacidad para dirigir la vida de los monjes evitando las tentacione­s demoniacas A la derecha: el fraile franciscan­o Juan Manuel levantando el Lignum Crucis en el interior del Monasterio de Santo Toribio de Liebana.
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