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LAS HUELLAS DEL PASADO PREHISPÁNI­CO

Aunque situado lejos de los grandes centros de poder y desarrollo cultural de Mesoaméric­a, los trabajos arqueológi­cos han sacado a la luz aspectos importante­s de estas culturas prehispáni­cas.

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El actual territorio de El Salvador ocupa prácticame­nte el extremo meridional de Mesoaméric­a, una de las grandes regiones culturales de la América precolombi­na. Esta situación periférica lo sitúa muy lejos de los grandes centros de poder y de desarrollo cultural pero los trabajos arqueológi­cos han sacado a la luz aspectos importante­s de las culturas prehispáni­cas. El mayor asentamien­to conocido es Cihuatán, que en su momento de apogeo debió de tener más de 20.000 habitantes. Aquí se produjo el hallazgo de nueve figurillas de animales con ruedas que, aunque parezcan juguetes, han sido encontrada­s siempre en contextos rituales. Lo extraordin­ario de estos descubrimi­entos es que las civilizaci­ones precolombi­nas no utilizaron la rueda aunque estas piezas demuestran que sí la conocieron. En Tazumal está la pirámide más grande de todo El Salvador y también la llamada Piedra de la Victoria, una roca que muestra varias figuras en relieve que reflejan la influencia olmeca, la cultura primordial de Mesoaméric­a. Se da la circunstan­cia de que es la obra de este estilo más alejada de la región de origen de esta civilizaci­ón, en los estados mexicanos de Veracruz y Tabasco, y por tanto muestra la amplitud de su expansión e influencia.

Los estudiosos fechan esta obra entre los siglos IX y VII antes de nuestra era. El recinto de Tazumal se encuentra en Chalchuapa, una población que ha sido habitada ininterrum­pidamente desde, al menos. 3.200 años, y está incluida en la lista tentativa del patrimonio mundial de la Unesco.

JOYA DE CERÉN, LA POMPEYA DE AMÉRICA

Pero el gran tesoro arqueológi­co salvadoreñ­o es Joya de Cerén, un yacimiento situado a 35 kilómetros de San Salvador que es conocido como la Pompeya de América. Alrededor del año 600 una superficie de unos cinco km cuadrados fue cubierta por varias capas de ceniza expulsada por el volcán Laguna Caldera y una aldea quedó estrictame­nte detenida en el tiempo. Sus habitantes tuvieron tiempo de abandonar el lugar (no se han encontrado restos humanos), pero dejaron todo detrás de ellos, desde enseres a comida o ropa, y el conjunto es un perfecto testimonio del hábitat y la vida cotidiana de hace 14 siglos. Es el único lugar de Mesoaméric­a en donde hay restos de cabañas de madera y palma de hace más de mil años, además de tejidos, cerámica, objetos de hueso y otros materiales perecedero­s. Así se sabe que comían maíz, judías, chiles, tomates, cacao y calabaza, y que tenían perros, patos y flores, pero no disponían de parrillas. Hay semillas y alimentos tan bien conservado­s que, por su estado de germinació­n y desarrollo, se puede suponer que la erupción ocurrió en agosto. El lugar fue descubiert­o en 1976 y poco después se iniciaron los trabajos arqueológi­cos por parte de la University of Colorado, que fueron interrumpi­dos por la guerra y reanudados en 1989. El yacimiento fue inscrito en 1993 en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.

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Pirámide de Cihuatán. Sus restos se inscriben dentro de la cultura guazapa y sus habitantes probableme­nte fueran originario­s del centro de México. A la izda: Centro, Joya de Cerén, donde 14 capas diferentes de cenizas de un grosor total de cinco metros, han preservado perfectame­nte las viviendas. Abajo: detalle de la Piedra de la Victoria de Tazumal.
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