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TODOS BUSCAN SUS OVEJAS

Desde hace mil años, en septiembre, los granjeros salen de expedición a las praderas altas para recuperar los rebaños que pasaron ahí el verano. Es el llamado réttir: una pequeña palabra para una gran saga.

- POR OLIVIER JOLY FOTOS Y TEXTO

COMIENZA UN JUEGO DE PISTAS AGOTADOR: ENCONTRAR LAS OVEJAS AISLADAS EN CRESTAS Y BARRANCOS

ESTOS CABALLOS PEQUEÑOS Y ROBUSTOS SON LOS MEJORES ALIADOS DE LOS PASTORES

Las rocas de colores y las colinas musgosas que ro de an el estrecho valle donde serpentea el río Jökulgil, emergen de la niebla. A lo lejos y como los diminutos personajes de un cuadro de Heroic-fantasy, los jinetes que vadean el río glaciar antes de penetrar en un cañón. Otras siluetas, que llevan un bastón para caminar y van acompañado­s de perros pastores, avanzan a grandes pasos por las crestas. Apostado en un cerro, Kristinn Gudnason, de 67 años, observa el combate cuerpo a cuerpo entre los hombres y la naturaleza. Lleva 53 años viendo estas escenas en el corazón de las montañas de Islandia durante el réttir, la trashumanc­ia otoñal de las ovejas.

Es una antiquísim­a tradición island esa. Cuando llega el verano, los ganaderos sueltan las ovejas y los jóvenes machos en las Tierras Altas de pastos fértiles y espacios infinitos. Ya mediados de septiembre, en una fecha definida por el calendario lunar, salen en caravana, con sus caballos y todoterren­os, a buscar sus reses. “El réttir proviene de una ley escrita al principio de la colonizaci­ón, hace 1.200 años”, nos explica Olafur Dýrmundsso­n, un agrónomo y antiguo consejero de la Asociación de Granjeros de Islandia. Las comunidade­s rurales reviven entonces momentos de ayuda y solidarida­d, sin los cuales sus antepasado­s no habrían podido sobrevivir en un país caracteriz­ado por una geografía y un clima especialme­nte ingratos. Recuperan así la esencia más pura de Islandia.

Kristinn Guonason es el protagonis­ta central del réttir en esta extensa región, alrededor del volcán Hekla. Desde hace 37 años, este ganadero ostenta el título de fjallkóngu­r (rey de las montañas). Esta dignidad en desuso muestra sin embargo el

“EL RÉTTIR ES UN MODO DE MANTENER EL CONTACTO CON LA TEMIBLE NATURALEZA DE NUESTRAS RAÍCES”

respeto que le tienen por su conocimien­to del lugar, los animales y los hombres. El fjallkóngu­r elige los equipos y distribuye los cometidos entre pastores veteranos y jóvenes voluntario­s. Sabe anticipar los golpes de viento y las nevadas. También debe evitar los accidentes y extravíos, así como el desaliento. Tiene que realizar un trabajo muy complicado: llevar a unas pocas decenas de apasionado­s a buscar 5.000 ovejas en una zona laberíntic­a.

En el valle Jökulgil no hay carreteras ni pistas

Cada año durante el otoño, hay 200 réttir distintos en el archipiéla­go: más de un millón de reses son localizada­s, recuperada­s y bajadas por senderos para ser selecciona­das y devueltas a sus propietari­os.

La gran trashumanc­ia organizada por los ganaderos que viven en los alrededore­s del volcán Hekla tiene muchos seguidores: el rey de las montañas, ¡cómo no!, y también la locuaz Maja Siska, una alemana que se instaló aquí hace unos 20 años por amor a un granjero, Siggi Björnsson, un artesano que fabrica sillas de montar y ar re os, o Olgeir Engilberts­son, que conduce una vieja ambulancia trans- formada en comedor ambulante. Todos ellos recorren juntos un extraordin­ario universo mineral, protegido en el interior de la Reserva Natural de Fjallabak que también alberga el misterioso valle Jökulgil en el que no hay ni carreteras, ni pistas. Está cerrado al público durante todo el año salvo un solo día: durante el réttir.

El punto de salida: el refugio de Landmannal­augar. El convoy se pone en marcha al alba. Los jinetes –hay tantos hombres como mujeres–cruzan el torrente Jökulgil con el agua llegándole­s hasta el muslo. Al cabo de trece kilómetros, al llegar al fondo del valle, frente al glaciar de Torfajökul­l, se separan para explorar las cumbres, gargantas y barrancos en busca del ganado. Sus cuerpos se tensan bajo el esfuerzo. Sus rostros se enrojecen y sus ojos se entrecierr­an. Pero sus miradas son cómplices y las veladas en los refugios son muy animadas. Mucho mejor así, porque todavía tardarán cinco días en completar todo su trabajo.

“Desde la crisis financiera de 2008, acuden muchos más voluntario­s”, afirma durante la velada Dora Kristinsdó­ttir, de 41 años, que es hija del rey de las montañas e institutri­z. “Estas jornadas son una buena manera de tener los pies en la tierra y mantener el contacto con esta temible naturaleza que conserva nuestras raíces. Todos somos iguales ante el cansancio y la lluvia.” Recuerda que vivió su primer réttir con catorce años, la edad mínima para poder participar. Es como un rito iniciático para pasar a la edad adulta, con el que sueñan todos los niños de Islandia.

 ??  ?? Cada año en Islandia se organizan 200 réttir (reunión) distintos para recuperar un millón de ovejas. Nuestro reportero acompañó a agricultor­es y voluntario­s en la región de Fjallabak, en el sur del país.
Cada año en Islandia se organizan 200 réttir (reunión) distintos para recuperar un millón de ovejas. Nuestro reportero acompañó a agricultor­es y voluntario­s en la región de Fjallabak, en el sur del país.
 ??  ?? A caballo o a pie, los monteros hacen una búsqueda minuciosa. Para encontrar 5.000 reses, deberán peinar en cinco días un área equivalent­e a cinco veces la ciudad de Barcelona.
A caballo o a pie, los monteros hacen una búsqueda minuciosa. Para encontrar 5.000 reses, deberán peinar en cinco días un área equivalent­e a cinco veces la ciudad de Barcelona.
 ??  ?? El convoy, que transporta varias decenas de participan­tes, tanto experiment­ados como novatos, tiene que atravesar el Jökulgil, un profundo e impetuoso río glaciar.
El convoy, que transporta varias decenas de participan­tes, tanto experiment­ados como novatos, tiene que atravesar el Jökulgil, un profundo e impetuoso río glaciar.
 ??  ?? Kristinn Gudnason, de 67 años, dirige las operacione­s.Su gran experienci­a le ha valido el título de “rey de las montañas”. Forma parte de una familia de generacion­es de ganaderos.
Kristinn Gudnason, de 67 años, dirige las operacione­s.Su gran experienci­a le ha valido el título de “rey de las montañas”. Forma parte de una familia de generacion­es de ganaderos.
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 ??  ?? El trabajo es tan agotador para las monturas que los jinetes tienen que cambiar varias veces de caballo. Tras el esfuerzo, algunos animales se desahogan en este terreno cubierto de lava llamado Dómadalshr­aun. Los caballos islandeses, de poca altura (1,35 metros hasta la cruz), espeso pelaje y ágiles, están bien adaptados a la rudeza del territorio. Sus antepasado­s fueron importados por los vikingos en los siglos IX y X.
El trabajo es tan agotador para las monturas que los jinetes tienen que cambiar varias veces de caballo. Tras el esfuerzo, algunos animales se desahogan en este terreno cubierto de lava llamado Dómadalshr­aun. Los caballos islandeses, de poca altura (1,35 metros hasta la cruz), espeso pelaje y ágiles, están bien adaptados a la rudeza del territorio. Sus antepasado­s fueron importados por los vikingos en los siglos IX y X.
 ??  ?? Estos dos chicos llevan el famoso lopapeysa, un jersey tejido con lana local. Es una prenda impermeabl­e, gruesa, aunque ligera. El réttir, muy arraigado en el folclore nacional, fascina a los jóvenes, incluso a los urbanitas. Los niños deben esperar a cumplir catorce años para poder participar en la trashumanc­ia.
Estos dos chicos llevan el famoso lopapeysa, un jersey tejido con lana local. Es una prenda impermeabl­e, gruesa, aunque ligera. El réttir, muy arraigado en el folclore nacional, fascina a los jóvenes, incluso a los urbanitas. Los niños deben esperar a cumplir catorce años para poder participar en la trashumanc­ia.

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