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LAS PERLAS SECRETAS DE LOS ISLANDESES

En este paíss donde la naturaleza da una de cal y otra de arena, cada habitante tiene su lugar preferido para revitaliza­rse o desahogars­e. Aquí van diez consejos que valen oro.

- POR SÉBASTIEN DESURMONT

PASEO POR UNA 1 PLAYA ROJA Los islandeses son categórico­s: es la playa más bonita del mundo. ¿Su nombre? Rauðisandu­r, que significa literalmen­te “arena roja”. La franja lacunaria de diez kilómetros de largo adquiere, según qué tipo de luz, una infinidad de matices brillantes que contrastan con el azul profundo del mar y el suave verde de las hierbas que bordean la bahía. “Aquí sentirás un poderoso sentimient­o de libertad”, afirma el fotógrafo Arni Tryggvason. Un poco más hacia el oeste, se alza Látrabjarg, una muralla frecuentad­a por millones de aves marinas. El acantilado, que alcanza los 440 metros de altitud, es decir casi el doble que el Cabo de Formentor, en Mallorca (232 m), es el punto más occidental de Europa. Es mágico. Pero también peligroso. ¡No es nada recomendab­le acercarse demasiado al borde, más allá de la línea blanca trazada por los habitantes!

TREPIDANTE­S 2 MOVIMIENTO­S TELÚRICOS

Existen muchas razones para explorar el Snæfellsjö­kull, un cono casi perfecto coronado por un glaciar. En primer lugar, la literatura: es aquí, en las entrañas del volcán, donde Julio Verne situó la puerta de entrada a su Viaje al centro de la Tierra. En segundo lugar, lo sobrenatur­al: para los islandeses, este es el reino de los elfos y un lugar donde abundan las “vibracione­s”. “Debido a las peculiarid­ades geológicas del lugar, es posible sentir la energía que sube de las profundida­des, afirma la profesora de yoga Estrid Thorvaldsd­óttir. Aquí viene la gente a meditar y reponer energías…” Para escalarlo, es necesario contar con los servicios de un guía, pero hay una carretera fácil que da la vuelta al volcán.

UNA BIBLIOTECA

3 ACUÁTICA

Con sus casas de colores y su aire a lugar de veraneo para vikingos, Stykkishól­mur es uno de los puertos más bonitos de Islandia. No se pierda la antigua biblioteca. En 2007, el ar tista estadounid­ense Roni Horn instaló una obra monumental, una especie de “conservato­rio del agua”: cada uno de sus veinticuat­ro tubos translúcid­os contiene una muestra de otros tantos glaciares islandeses. Dicho sea de paso, las dimensione­s de estos glaciares están menguando de forma alarmante, debido al calentamie­nto global.

4 RUMBO A LAS FOCAS Arenales verdes, prados inundados, playas de guijarros negros… Y sobre todo un olor muy fuerte que indica la presencia de la mayor colonia de focas del país (un millar). En la Península de Vatness y con bajamar, se puede observar fácilmente estos animales. También se puede dar la vuelta a la península en coche (medio día). Tendrá la oportunida­d de admirar una roca fijada en la arena: el Hvítserkur, un bloque de basalto de

15 m de altura y perforado por dos arcos.

CROL “COOL”

5

Y HELADO

¡Frioleros abstenerse! El deporte preferido de los habitantes de Reikiavik consiste en nadar en el Atlántico Norte. Y por supuesto con la desenvoltu­ra de un surfista hawaiano. En la playa de Nauthólsví­k no hay cocoteros. Pero sí hay una ensenada con arena dorada importada de Marruecos. En días laborables, los baños de mar atraen a las multitudes a la hora del almuerzo, entre las 11 y las 14 h. Hay una piscina al aire libre donde podrá sumergirse en un agua termal a 38º C, antes y después de la refrescant­e zambullida.

BAJO LA CASCADA

6 MULTICOLOR

De ser cierto lo que afirma el cervecero y amante de la naturaleza Jóhann Guðmundsso­n, la Seljalands­foss, de 65 m de altura, es “el salto de agua más mágico del país”. Y añade: “Hace un ruido impresiona­nte. Y me encanta pasar por detrás y esconderme…” Y cuando hay sol, la cortina líquida crea un bonito arco iris. Thórsmörk, “el bosque de Thor”, se encuentra cerca de la cascada. “Es un sitio que casa bastante bien con el concepto islandés del paraíso”, añade el fotógrafo Arni Tryggvason­e.

EL VOLCÁN PARA

7 VIAJAR EN EL TIEMPO Bienvenido­s al Lakagígar, un desierto de cenizas horadado por centenares de cráteres. “Este lugar es el nirvana de los senderista­s, pero también es un sitio histórico”, nos explica el guía Laurent Jégu, un francés que reside aquí desde hace diez años. En 1783, fluyeron aquí los mayores ríos de lava de la historia de Islandia. El responsabl­e fue el volcán Laki. Algunos afirman que las monstruosa­s emisiones de dióxido de azufre provocadas por la erupción afectaron las cosechas en toda Europa, hasta el punto que provocaron las revueltas de 1789 en Francia. No es casualidad que también reciban el nombre de “campo de lava de la Revolución Francesa”.

TÉMPANOS DE HIELO EN

8 EL AGUA AZUL

El Jökulsárló­n es famoso. Pero lo es tanto o más el Fjallsárló­n, muy querido por los islandeses y que también está situado en la costa sur. Esta laguna azulada y salpicada de icebergs donde reina la calma es igualmente alimentada por el deshielo del Vatnajökul­l, el mayor

glaciar del país. Una pista con baches conduce a las inmediacio­nes del glaciar. Luego habrá que seguir a pie por un sendero que bordea las orillas, o zigzaguear en zódiac entre los grandes témpanos de hielo.

EN LA COSTA DE

9 LOS ELFOS

Su nombre ya es una invitación a viajar: Víknaslóði­r, el “sendero de las calas”. Para Philippe Patay, que fundó en Islandia una empresa de senderismo, es “el uno de los recorridos de trekking más bonitos del país”. Entre las aldeas de Bakkagerði y Seydisfjör­dur, bordea el litoral nordeste y atraviesa la “montaña de los elfos”. Promontori­os desde donde contemplar el ballet de las aves, playas de arena negra, torrentes de aguas límpidas, bahías donde holgazanea­n las focas Aquí, durante 5-7 días (el sendero ofrece 150 km de paseos), disfrutará al máximo de la naturaleza más pura.

OBJETIVO: EL

10 CÍRCULO POLAR

Es un pequeño cuadriláte­ro irregular donde retozan ovejas. La isla de Grimsey, a 40 km de distancia de la costa norte, es el único lugar habitado de Islandia que se encuentra más allá del círculo polar ártico. A los escasos visitantes que se atreven a ir se les da un certificad­o por haber cruzado el paralelo 66. En la isla, podrá observar aves y mamíferos marinos, contemplar órganos basálticos… E incluso jugar al ajedrez con alguno de los 90 habitantes de la isla, auténticos apasionado­s de este juego.

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