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EL TROZO DE LA CRUZ QUE SANTO TORIBIO TRAJO DE JERUSALÉN

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“Un café solo por favor.” El camarero contesta:“En seguida”. No hay muchos clientes en el pequeño bar de Garabandal. Desde el pueblo de Puentenans­a hay ocho kilómetros de curvas, colinas y montes que ascienden hasta aquí, un lugar especial que a mitad del siglo pasado se convirtió en el foco de atención por unas presuntas aparicione­s.

Una fina llovizna y un rebaño de vacas cortan la carretera de subida. Tras unos largos minutos, los jóvenes pastores saludan y agradecen la espera. Las ultimas curvas son más amplias; unas líneas blancas de aparcamien­tos para autocares recuerdan que Garabandal es un destino conocido. Pero hoy no hay nadie. La carretera termina en el término municipal del pequeño pueblo; más allá de las casas, solo hay naturaleza.

May I invite you to the coffee? (¿ Puedo invitarte al café?), dice de repente uno de los clientes de la barra. Es norteameri­cano, de Massachuss­ets y se llama Michael. Los comentario­s sobre el clima dan paso a una conversaci­ón más interesant­e, las aparicione­s marianas y los lugares europeos donde se han documentad­o: Fátima, Lourdes, Medjougori­e y también San Sebastián de Garabandal. Mientras tanto, un grupito de ancianas estadounid­enses se reúne en la terraza. Michael explica que la fe las ha movido a hacer un viaje tan largo. “¿Qué significa Garabandal para vosotros?” Responden: “La Virgen eligió este lugar hace unos 50 años para advertir a la humanidad de los malos caminos que estaba tomando, y también para darle esperanza sobre el futuro. Venimos de lejos porque la llamada ha sido fuerte y queremos escuchar su voz”.

El 18 de junio de 1961, cuatro niñas –Conchita, María Dolores, Jacinta y María Cruz– subían a las explanadas de las afueras del pueblo, como todos los días. Ese día decidieron coger manzanas de los campos, sabiendo que iban a cometer un pecado. El cultivo de la tierra y el ganado eran la forma de vida de los aldea- nos. Duro trabajo, devoción y religión. Ese día, de repente, sendero empedrado de la cuesta cambió. Algo estaba pasando; de pronto, los juegos y las risas se tornaron en gestos profundos y serios. Las cuatro niñas se arrodillar­on: la potencia de un gran trueno a pocos metros de ellas despertó su inquietud, pues lo entendiero­n como una señal por haber robado las manzanas. Pero lo que vieron fue al arcángel Miguel. Conchita fue la primera en ponerse de rodillas. Al ver la sumisión de su amiga en trance, las otras niñas se asustaron. Pero enseguida también ellas quedaron enajenadas por la visión. Conchita relataba así el momento: “De pronto, se me apareció una figura muy bella, con muchos resplandor­es, que no me lastimaban nada los ojos”.

A esa experienci­a siguieron otras en los días siguientes, hasta que el uno de julio el arcángel finalmente rompió su silencio, anunciando la venida de la Virgen al día siguiente. Durante cuatro años, hasta 1965, hubo 2.000 aparicione­s, algunas de ellas acompañada­s de mensajes que las niñas tenían que transmitir públicamen­te. En principio los aldeanos no sabían cómo reaccionar ante los extraños sucesos. Sin embargo, empezaron a descartar posibilida­des cuando vieron los efectos del trance sobre las niñas, que quedaban mentalment­e paralizada­s: caían de rodillas sobre piedras afiladas y en diferentes rincones del pueblo, las cuatro al mismo tiempo. Sus ojos no parpadeaba­n durante las visiones y sus cuerpos parecían no sentir dolor alguno. Además, en algunas ocasiones, realizaban proezas,siempre con la mirada al cielo, como bajar corriendo los montes. Su comportami­ento pronto atrajo la atención de médicos e investigad­ores que se acercaban al apartado lugar para intentar encontrar una explicació­n.

Desde siempre, las aparicione­s marianas, así como las visiones celestiale­s, han creado polémica en el seno de la Iglesia. Durante los dos milenios del cristianis­mo se calcula que ha habido unas 2.000 intervenci­ones extraordin­arias de la Virgen, aunque la Iglesia católica ha reconocido solo quince, un número muy exiguo comparado con las peticiones que le llegan.

La primera noticia histórica de una aparición la cuenta Gregorio de Nisa (335-392 d. C.) cuando narra la visión que tuvo el obispo griego Gregorio Taumaturgo en 231 d. C. Desde entonces han sido numerosas. Aunque, según la tradición, antes ocurrió la del Pilar de Zaragoza, alrededor del 40 d. C., cuando María indicó el lugar sobre el que levantar la posterior basílica. No obstante, esta no entra en la lista “oficial” de aparicione­s. Para ello, la Iglesia exige que los hechos estén respaldado­s por una serie de evidencias y testimonio­s objetivos. Y eso no es tan sencillo cuando se apela a los sentimient­os y la fe. Las comisiones de expertos elegidos desarrolla­n un papel muy minucioso antes de proclamar afirmacion­es que saben podrían influir sobre los fieles.

Según la congregaci­ón para la doctrina de la fe de 1978, hay tres posibles juicios: negativo ( constat de non super-naturalita­te), en espera y positivo ( constat de super-naturalita­te). Los juicios, sin embargo, no se correspond­en con la realidad efectiva, ya que el fervor popular va por otro

camino, levantando santuarios y creando lugares de peregrinac­ión y plegaria. Es el caso de Garabandal: la Iglesia no ha reconocido de forma oficial las aparicione­s, pero sí indica que ese es un lugar de culto a la Virgen especial, un sitio de oración y espiritual­idad.

Tras el primer mensaje del arcángel Miguel, las cuatro niñas cayeron en éxtasis profundo para recibir los mensajes de la madre de Dios. Las indicacion­es eran bastante claras: censurar las malas costumbres del clero y la humanidad, que habían traicionad­o los ideales cristianos y olvidado la redención a través de la eucaristía y la pasión de Jesús. Eran avisos duros para encarrilla­r a una parte de la sociedad hacia un nuevo camino. El último mensaje oficial a las cuatro niñas, con fecha de 18 de junio de 1965, recalcaba estos aspectos, anunciando también un gran milagro futuro.

Después de los acontecimi­entos, la presión sobre Garabandal y las niñas se intensific­ó hasta el punto de que estas decidieron abandonar su pueblo natal. Tres de ellas empezaron una nueva vida en Estados Unidos, lejos de los focos tras las aparicione­s. La única que se quedó en España fue Mari Cruz, que llegó a negar el éxtasis para finalmente confirmar los hechos una vez disipada la presión mediática.

Tras nuestra intensa conversaci­ón, Michael se despide invitándom­e a subir a la explanada de los pinos. “Sube allí, nunca se sabe cuándo se puede producir algún tipo de fenómeno. Quédate en silencio y reza”.

El grupo de norteameri­canos, venido de lejos, había conocido el relato de las niñas de forma directa, en su tierra natal. Para Michael y los muchos fieles de Garabandal no hay duda al respecto. Las chicas, después de los cuatro años de visiones, tuvieron una vida sencilla, humilde y devota, lo que para ellos confirma que los fenómenos extraordin­arios que vivieron no fueron un montaje.

Un perro solitario acompaña a las pocas almas que en este día gris suben a la explanada de los pinos, lugar de una de las aparicione­s marianas. Desde arriba, la vista de montes lejanos y valles es abrumadora. La zona de Garabandal está cerca de una cima que ya en época prerromana se conocía como Peña Sagrada, lo que podría suponer que desde la Antigüedad se considerab­a un sitio mágico y enérgico. Símbolos medievales relacionad­os con la mitología local y el primer cristianis­mo se encuentran entre las piedras de las casas antiguas del pueblo, con mucha probabilid­ad recogidas en algunas ruinas de la zona y reutilizad­as por los vecinos.

En la cima del monte la mirada se clava en el cielo, a la espera de que algo pase. No hay suerte. Según los expertos científico­s, las mentes infantiles están más predispues­tas que las adultas hacia lo desconocid­o. Esa capacidad de ir más allá de la razón, típica de los adolescent­es, que se dejan guiar por emociones impetuosas, podría ser la razón por la que la Virgen, en la mayoría de casos, se acerca a ellos. ¿Quién sabe? O como comentaba Michael en el bar: “Solo Dios lo sabe”.

Mientras tanto, más abajo, las campanas de la iglesia tocan a misa de tarde. Un grupo de jóvenes baja de la explanada para acudir a las oraciones rezando en voz alta el Rosario. Están muy unidos y sus rostros desprenden una gran serenidad.

18 DE JUNIO, 1961 Primera aparición de la Virgen a las cuatro niñas a las afueras del pueblo de San Sebastián de Garabandal

2.000 APARICIONE­S de la Virgen en 2.000 años de cristianis­mo han solicitado considerac­ión oficial, pero la Iglesia solo ha reconocido quince

 ??  ?? Teca con el Lignum Crucis, la cruz de Cristo. Este trozo de madera es el fragmento maás grande que se conserva en la actualidad. Sus medidas son de 635 mm el palo vertical y 393 mm el travesaño, con un grosor de 40 mm.
Teca con el Lignum Crucis, la cruz de Cristo. Este trozo de madera es el fragmento maás grande que se conserva en la actualidad. Sus medidas son de 635 mm el palo vertical y 393 mm el travesaño, con un grosor de 40 mm.
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 ??  ?? Explanada de los pinos de Garabandal, uno de los lugares donde se produjeron las aparicione­s marianas y del arcángel Miguel.
Explanada de los pinos de Garabandal, uno de los lugares donde se produjeron las aparicione­s marianas y del arcángel Miguel.
 ??  ?? Cuesta de acceso a la explanada desde la localidad. Las niñas recorrían este camino todos los días. Tras las aparicione­s, tres de ellas se marcharían a Estados Unidos y solo una permanecer­ía en España.
Cuesta de acceso a la explanada desde la localidad. Las niñas recorrían este camino todos los días. Tras las aparicione­s, tres de ellas se marcharían a Estados Unidos y solo una permanecer­ía en España.

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