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SERES FANTÁSTICO­S SUBEN ALA SUPERFICIE

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EL ENIGMA DEL CRISTO QUE PARPADEA

Extraños casos pusieron en el foco de atención al pueblo de Limpias. A primeros del siglo pasado (sobre todo, en los años veinte) crecieron de forma exponencia­l los testigos que confirmaro­n haber visto moverse los ojos del Cristo d de lA la Agonía, en la parroquia de San Pedro. El primer caso conocido es de 1919, cuando una niña de doce años se dirigió al padre Agatangelo para comentarle que ha visto cómo el Cristo del altar mayor cerraba los ojos y sudaba sangre. La pequeña no fue la única testigo; la mayoría de los fieles lo confirmó, incluido el padre Jalón, que desde una escalera se acercó a la talla y, al tocarla, se quedó con los dedos humedos de sangre. La noticia recorrió las diócesis cántabras, e incluso todo el norte de España. Muchos peregrinos quiesieron contemplar durante la víspera de Pascua el milagroso crucifijo. El eco de los milagros llegó hasta Cuba, donde el obispo Manuel Ruiz y Rodríguez, a su regreso de España después de haber presenciad­o el milagro, quiso levantar un santuario en honor del Cristo de Limpias. A partir de esas fechas se documentan muchísimas sanaciones de personas que han estado en contacto con la talla del altar o que han rezado por ella. Entre ellos, también médicos y científico­s, que confirman algunas curaciones inexplicab­les. Personas de toda condición, creyentes y no creyentes, son testigos de los milagros. Sin duda la luz que cae sobre la preciosa representa­ción de la agonía de Jesús resalta la humanidad del rostro y la perfección de los ojos, que parecen buscar descanso, cerrándose en un ultimo suspiro.

LA OJEADA DE DOS HERMANOS

Al merodear por los acantilado­s cántabros se encuentran maravillos­as formacione­s rocosas. El cabo de Ajo, paraíso de aves marinas, esconde una. Un grupo de apasionado­s ornitólogo­s escruta con sus potentes binóculos la amplitud del mar, b buscando aves en vuelo por la costa. Más abajo, otros ojos parecen mirar el mismo paisaje. Es la Ojeada: dos enormes oquedades formadas en las rocas marinas durante miles y miles de años. A esta mirada rocosa también se la conoce como los “ojos de Lantarón”, el rey cántabro del mar. Con su potente físico parece subir por las rocas cuando la marea baja. Se acerca a la costa buscando un descanso de sus tareas como soberano de las aguas. Su mirada vigila los movimiento­s marinos, solo interrumpi­dos por las bofetadas de aire que recorren los canales entre las rocas.

Existe otra leyenda local que adjudica tan atenta mirada a dos hermanos de los pueblos de Güemes y Ajo, en los montes de Bareyo. Ambos eran un problema constante para los vecinos, pues se divertían destrozand­o por la noche la labor de campesinos y trabajador­es. Pero llegó el día en que unos bárbaros llegados por la costa, saquearon las casas litorales y pidieron tributos en comida y mujeres; entonces, los vecinos, tragándose el orgullo, fueron a buscar a los dos hermanos para que les ayudaran. La lucha entre los locales y los bárbaros acabó con la victoria del primero. La única recompensa que pidieron los her- manos fue quedarse con el cabo de Ajo. Desde entonces, la espantosa mirada de la Ojeada sirve de advertenci­a a los bárbaros que algún día quieran asaltar estas costas. Mientras, el rey Lantarón va y viene de las profundida­des, atraído por los pulpos que se agarran a las rocas de Ajo. Su mirada sigue atenta, dotando al entorno de una gran serenidad.

¿QUÉ SIGNIFICAN LAS ESTELAS GIGANTES DE BARROS?

Comunidad de Cantabria: en su escudo oficial se aprecia una forma circular con decoracion­es. Se trata de la representa­ción de la estela de Barros I, una de las piezas gigantes que, junto con el mar y los mitos cántabros, son ya un símbolo d de l la comunidad y su cultura. El enigma sobre estas grandes piedras sigue abierto. Lo único que se sabe es su datación aproximada: entre los siglos III y I antes de Cristo. Son parte de las culturas prerromana­s que habitaban las áreas costeras del norte de España. El misterio sobre su significad­o, creación y objetivos no ha sido resuelto. Los grabados de algunas estelas podrían representa­r trísqueles (motivo de tres espirales típico de la cultura druídica de los celtas), las fases lunares, el sol... Sobre el uso de estas piedras gigantes –en Cantabria se han encontrado ocho–, el misterio es aún mayor. Historiado­res, arqueólogo­s y expertos han visto en ellas una forma de culto. Para algunos eran aras funerarias; para otros, símbolos de un culto al dios Sol. Teorías aún más arriesgada­s ven en la misma etimología la respuesta: la palabra “estela” sería la traducción de “estrella”. Según algunos atrevidos teóricos, este tipo de monumento podía tener alguna función astral, algo que podía conectar y ser visto desde el cielo. Pero, ¿por quién? El hallazgo de estelas similares en diferentes latitudes del planeta, incluido Tíbet, India o la costa del País Vasco sin ir más lejos, ha reforzado estas teorías, ya que por aquel entonces no había ningún tipo de conexión entre la costa cántabra y las montañas de Asia. El misterio continúa. De momento, en Barros, las dos grandes piedras siguen esperando bajo la curiosa mirada de los hombres, que buscan respuestas difíciles de encontrar.

UNA MUJER OSA VAGA POR LOS PICOS DE EUROPA

La dureza y el aislamient­o de muchos enclaves de montaña de las gargantas de los Picos de Europa han alimentado superstici­ones y relatos sobre personajes peculiares que vivieron en estos valles. Fue a raíz de la obra La osa de Ándara, del escritor Joaquin iF Fusté é Garcés, publicada en 1875, cuando la investigac­ión sobre la presencia de un extraño ser en las cimas cántabras de montaña tomó consistenc­ia. La leyenda de una mujer osa, recubierta de pelo, empieza a tener peso cuando los ancianos de los valles confirman su presencia. Tan extraño ser vive en los bosques, aislada del mundo y sin apenas contacto con pueblos y gentes, y se alimenta de lo que la naturaleza le ofrece. En 1966 un ingeniero que había trabajado en las minas de los Picos de Europa localiza a Crescencia González, nacida en

Trasviso en 1888. Será ella quien cuente que la conocida como la “osa de Ándara” era en realidad una mujer nacida en 1818 en Bejes, que tenía el cuerpo recubierto de vello (enfermedad del hirsutismo), razón por la cual había decidido alejarse de la comunidad. Vivía de forma extrema en las montañas, cuidando de las cabras y comiendo los frutos de la tierra. El apasionant­e dilema sobre si la osa de los bosques descrita por Fusté Garcés se correspond­e con la mujer de Bejes no se ha resuelto del todo. Las gentes de la montaña, recias y apartadas, han contribuid­o a crear el mito sobre esta figura.

Hoy Bejes está conectado con el mundo y su producción de quesos de alta montaña es muy apreciado en toda Cantabria. Esta nueva realidad no impide que durante los largos y oscuros inviernos, la imaginació­n popular siga compartien­do la leyenda de la mujer osa, tal vez para reforzar los lazos entre los duros hombres y mujeres que habitan este territorio.

MAGIA EN LAS MANOS DE PUENTE VIESGO

El conjunto de arte rupestre de Cantabria entró en el Patrimonio Mundial de la Unesco en 2008. Son imágenes grabadas de mundos lejanos, realizadas por hombres que intentaban plasmar sus inquietude­s sobre el mundo ext terior, i con los medios a su alcance. Animales, geometrías, manos, grafitos... Hace milenios gente como nosotros dejó marcas indelebles en las paredes de las cuevas de Puente Viesgo. Son cuatro grutas (solo dos de ellas están abiertas diariament­e al público) donde se concentra una forma de arte primitivo que ha cruzado la historia de la humanidad hasta llegar a nosotros. La cueva de La Pasiega es una de las cuatro en toda España donde se ha demostrado nuevas dataciones que retrasan hasta cerca de los 65.000 años la antigüedad de las pinturas de estas cavidades. Son obras cuya autoría se atribuye ahora a los neandertal­es, lo que las convierten en las pinturas más antiguas conocidas hasta el momento en el mundo. Las otras manifestac­iones artísticas han sido confirmada­s en cuevas de Málaga y Cáceres.

Al bajar a las semioscura­s entrañas de la tierra, las sensacione­s de asombro son parecidas a las sentidas en cualquier museo conocido del mundo. En las cuevas de Puente Viesgo abundan los trazos de colores que nuestros antepasado­s artistas quisieron dejar sobre las rocas que constituía­n sus hogares. Estas pinturas son como brechas que de forma misteriosa nos conectan con nuestro pasado más remoto.

Entre ciervos, uros, bisontes y caballos, la representa­ción que nos aproxima más a aquellos ancestros es el panel de 40 siluetas de manos, tal vez la imagen más potente del conjunto rupestre. Son manos de personas anónimas que quizá querían contar sus vidas. Parece indudable que tienen un sentido mágico y simbólico. Aunque es verdad que se desconoce con seguridad su significad­o.

 ??  ?? Estatua del Hombre Pez de Liérganes. La figura es uno de los grandes mitos de Cantabria. Cuenta la leyenda que el joven desapareci­ó en la costa cántabra, siendo encontrado 5 años después en el sur de la península. Tras una breve estancia en su pueblo natal, volvió a desaparece­r, esta vez para siempre. El doctor Gregorio Marañón formuló la posibilida­d de que el joven sufriese alguna forma extrema de la enfermedad conocida como cretinismo.
Estatua del Hombre Pez de Liérganes. La figura es uno de los grandes mitos de Cantabria. Cuenta la leyenda que el joven desapareci­ó en la costa cántabra, siendo encontrado 5 años después en el sur de la península. Tras una breve estancia en su pueblo natal, volvió a desaparece­r, esta vez para siempre. El doctor Gregorio Marañón formuló la posibilida­d de que el joven sufriese alguna forma extrema de la enfermedad conocida como cretinismo.
 ??  ?? Sobre estas líneas: Cristo de Limpias. Varios testigos afirman que sus ojos se movieron en varias ocasiones. Dcha: Ojos de Lantarón, en el cabo de Ajos. Arriba: Una de las estelas de Barros. Data de entre los siglos l y III a. C. Dcha: Bejes, en los Picos de Europa, asociado a la leyenda de la mujer osa de Andara.
Sobre estas líneas: Cristo de Limpias. Varios testigos afirman que sus ojos se movieron en varias ocasiones. Dcha: Ojos de Lantarón, en el cabo de Ajos. Arriba: Una de las estelas de Barros. Data de entre los siglos l y III a. C. Dcha: Bejes, en los Picos de Europa, asociado a la leyenda de la mujer osa de Andara.
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