ALFARO: ¿POR QUÉ HAY UNA TUM­BA VER­TI­CAL?

Geo - - GRAN SERIE 2018 -

Alfaro es un pue­blo muy pe­cu­liar. En su cam­po­san­to, en­tre tum­bas que ve­lan por el des­can­so eterno, se ha­lla un en­te­rra­mien­to que des­de la mi­tad del si­glo XIX ad­quie­re título de le­yen­da. Se tra­ta de la úni­ca tum­ba ver­ti­cal que exis­te en Es­pa­ña. Su re­si­den­te: Don José Mau­león y Gi­mé­nez, fa­lle­ci­do el día on­ce de enero de 1869 a los 28 años de edad. ¿Cuál es su his­to­ria? Se­gún in­ves­ti­ga­do­res lo­ca­les, el jo­ven don José, te­rra­te­nien­te de Men­da­via, se ha­bía enamo­ra­do de una sir­vien­ta que la fa­mi­lia Sáenz de He­re­dia ha­bía traí­do de Cu­ba. Las di­fe­ren­cias so­cia­les en­tre los enamo­ra­dos im­pe­dían el en­la­ce, por lo que hu­bie­ron de vi­vir su amor de for­ma clan­des­ti­na. Has­ta que ella en­fer­mó de vi­rue­la y mu­rió. A los po­cos me­ses, fue él quien ca­yó víc­ti­ma de la mis­ma en­fer­me­dad. En su le­cho de muer­te, de­jó es­cri­tas sus úl­ti­mas vo­lun­ta­des: “Lo que la vi­da me qui­tó, que no me lo nie­gue la muer­te”. Que tra­du­ci­do, que­ría de­cir que fue­se en­te­rra­do de pie, a unos po­cos me­tros del pan­teón don­de su ama­da ha­bía si­do se­pul­ta­da. La pe­ti­ción iba di­ri­gi­da a su cu­ña­do, hom­bre di­li­gen­te que no es­ca­ti­mó re­cur­sos pa­ra ha­cer­la cum­plir. Des­de en­ton­ces, gra­cias a sus ges­tio­nes, allí des­can­san los dos, uno fren­te al otro. Los po­cos me­tros que se­pa­ran las tum­bas que­dan hoy co­mo sím­bo­lo de un amor im­po­si­ble en vi­da, pe­ro que sus pro­ta­go­nis­tas per­pe­tua­ron más allá de la muer­te.

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