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Glamour (Spain) - - Glamour & Polaroid -

So­bre si cree que el ins­tin­to ma­ter­nal es al­go con lo que se na­ce (o más bien, se ha­ce), la poe­ta y edi­to­ra tie­ne cla­ro que, en su ca­so, es lo se­gun­do. “Me pre­gun­to si otras ex­pe­rien­cias vi­ta­les me ha­brían lle­va­do a ese de­seo. Mi ca­rre­ra pro­fe­sio­nal es­tá por en­ci­ma de mu­chas co­sas, y co­mo to­do el mun­do me de­cía que los hi­jos des­tru­yen nues­tras am­bi­cio­nes, yo pen­sa­ba que la ma­ter­ni­dad me iba a pro­du­cir eso a mí. Aho­ra me he da­do cuen­ta de que no hay con­tra­dic­ción al­gu­na en eso de que ‘mi ca­rre­ra es­té por en­ci­ma de to­do’ y ‘mi fa­mi­lia es­té por en­ci­ma de to­do’. Me im­por­ta vi­vir am­bas co­sas. Las dis­fru­to. Las com­pa­gino. Aun­que, evi­den­te­men­te, sea di­fí­cil.” GLA­MOUR: En­tien­des que tu ca­so es sin­gu­lar en un país en el que no na- cen ca­si ni­ños y la me­dia de edad de las mu­je­res pa­ra te­ner­los es a par­tir de los 34 años. LU­NA: Sí, lo en­tien­do, aun­que en reali­dad pa­ra mí no es ex­tra­ño. Mi ma­dre se que­dó em­ba­ra­za­da a los 17 y esa ex­pe­rien­cia pre­coz nos ha mar­ca­do a las dos. Cuan­do na­cí, mi pa­dre tam­bién era muy jo­ven, te­nía 21 años, y aho­ra él va a ser pa­dre otra vez, con ca­si 50. Creo que la vi­da da mu­chas vuel­tas y que no hay una edad es­pe­cí­fi­ca pa­ra te­ner hi­jos. Lo que im­por­ta es que se quie­ra ha­cer, y que se ha­ga de una ma­ne­ra cons­cien­te y res­pe­tuo­sa pa­ra esa nue­va vi­da que trae­mos al mun­do sin que lo ha­ya pe­di­do. GLA­MOUR: Lu­na, tú siem­pre has si­do una per­so­na muy pre­coz en to­do. A los ca­tor­ce años abris­te tu pri­mer fo­to­log don­de col­ga­bas pe­que­ños poe­mas, fo­to­gra­fías y aho­ra con 28 tra­ba­jas en una edi­to­rial, en una re­vis­ta, es­cri­bes, tie­nes un hi­jo. LU­NA: Qui­zá va a so­nar de­ma­sia­do dra­má­ti­co lo que voy a de­cir, pe­ro creo que la pre­co­ci­dad so­lo tie­ne un sen­ti­do en mi vi­da, y es el de po­der ha­cer el má­xi­mo nú­me­ro de co­sas que me gus­tan y que me im­por­tan an­tes de mo­rir. Mi ma­dre mu­rió a los 41 años. No quie­ro ser pe­si­mis­ta y pen­sar que a mí me va a pa­sar lo mis­mo, ni mu­cho me­nos, pe­ro sí quie­ro dis­fru­tar y apro­ve­char al má­xi­mo ca­da año de mi vi­da. GLA­MOUR: ¿Te guías por el co­ra­zón o por la ca­be­za a la ho­ra de to­mar de­ci­sio­nes? LU­NA: Las dos co­sas. Más lo pri­me­ro que lo se­gun­do, pe­ro siem­pre hay un po­co de to­do en am­bos ca­sos. GLA­MOUR: Há­bla­me de có­mo in­flu­yó la ma­ter­ni­dad en tu obra, en tu ma­ne­ra de pen­sar, de en­fren­tar­te a un fo­lio en blan­co. LU­NA: De la pri­me­ra eta­pa de la ma­ter­ni­dad hay unos cuan­tos poe­mas en mi úl­ti­mo li­bro, El arre­ci­fe de las si­re­nas. Tam­bién del pro­ce­so de la bús­que­da, del abor­to y el pos­te­rior em­ba­ra­zo. Pe­ro no no­té ver­da­de­ra­men­te la pre­sión de la vi­da ma­ter­nal has­ta que no vol­ví de la ba­ja y me di

cuen­ta de que te­nía que cam­biar mi ma­ne­ra de tra­ba­jar. Du­ran­te el em­ba­ra­zo y los pri­me­ros me­ses es­cri­bí el es­que­ma y la pri­me­ra par­te de mi no­ve­la. Cuan­do vol­ví a la ofi­ci­na, tu­ve que exi­gir­me otro ti­po de co­sas: más cons­tan­cia, horarios me­nos caó­ti­cos de es­cri­tu­ra y lec­tu­ra, et­cé­te­ra. La ma­ter­ni­dad me ha ayu­da­do a ser más dis­ci­pli­na­da, en­tre otras co­sas por­que apre­cio más las ho­ras li­bres y sé que en esos mo­men­tos so­lo quie­ro es­tar con mi hi­jo. GLA­MOUR: Eres una mu­jer muy po­li­fa­cé­ti­ca. ¿ De dón­de sa­cas tiem­po pa­ra ha­cer tan­tas co­sas te­nien­do ade­más un ni­ño pe­que­ño? LU­NA: Siem­pre he si­do una es­cri­to­ra noc­tur­na. Aho­ra tam­bién, pe­ro tra­to de di­vi­dir­me esos es­pa­cios de 9 de la no­che a 2 de la ma­ña­na con mu­cho más or- den. Tam­bién hay jor­na­das en las que Twit­ter me qui­ta más tiem­po que mi ni­ño de dos años. ¡Esa con­ci­lia­ción sí que es com­ple­ja! GLA­MOUR: ¿Qué crees que de­be­ría ha­cer el Go­bierno pa­ra fo­men­tar la na­ta­li­dad y que Es­pa­ña no sea uno de los paí­ses de la UE don­de me­nos ni­ños na­cen? LU­NA: Aho­ra mis­mo re­ci­bo una ayu­da men­sual de 100 eu­ros pa­ra la ma­ter­ni­dad. Me pa­re­ce una can­ti­dad ri­dí­cu­la te­nien­do en cuen­ta los pre­cios de las guar­de­rías, de los pa­ña­les, de la co­mi­da o de ciertas me­di­ci­nas. Yo ten­go un suel­do con el que to­da­vía pue­do per­mi­tir­me pa­gar el al­qui­ler y llegar a fin de mes, pe­ro en­tien­do que mu­chas, mu­chí­si­mas per­so­nas que desean ser pa­dres no es­tán en las mis­mas cir­cuns­tan­cias. Por eso me pa­re­ce ló­gi­co que la aven­tu­ra no se ini­cie y que mu­chos no se atre­van a dar ese pa­so. Es que sim­ple­men­te no se pue­de. Es to­tal­men­te im­po­si­ble. No hay apo­yo eco­nó­mi­co, pe­ro tam­po­co hay re­des de cui­da­dos, los pro­duc­tos bá­si­cos son ca­da vez más ca­ros y la edu­ca­ción tam­bién. Sin se­gu­ri­dad pa­ra no­so­tros mis­mos, ¿có­mo va­mos a traer al mun­do a al­guien más? GLA­MOUR: Por no ha­blar de la con­ci­lia­ción... He leído que tú eres de las que, si fue­se ne­ce­sa­rio, lle­va­rías a tu hi­jo al tra­ba­jo. LU­NA: Si se pro­pi­cia­ra que las em­pre­sas pri­va­das abrie­ran guar­de­rías o die­ran ayu­das a es­tas, o in­clu­so fa­ci­li­ta­ran el te­le­tra­ba­jo, se­ría fan­tás­ti­co. Yo ten­go la suer­te de po­der ha­cer par­te de mi tra­ba­jo co­mo pe­rio­dis­ta o edi­to­ra en ca­sa, así que pa­so mu­cho tiem­po es­cri­bien­do y le­yen­do mien­tras mi hi­jo jue­ga en la mis­ma ha­bi­ta­ción. O en­ci­ma de mí. O con Po­co­yó en la pan­ta­lla con­ti­gua. Por otro la­do, la con­ci­lia­ción no es so­lo un pro­ble­ma pa­ra los pa­dres, tam­bién lo es pa­ra el res­to de em­plea­dos de las em­pre­sas. Ellos tam­bién tie­nen vi­da fue­ra del tra­ba­jo, in­clu­so si no tie­nen hi­jos. Me pa­re­ce im­por­tan­te que es­to se re­cuer­de. GLA­MOUR: Co­mo di­ces, eres muy ac­ti­va en el uso de re­des so­cia­les. ¿Qué pa­pel han desem­pe­ña­do es­tas a la ho­ra de acer­car la poe­sía a la gen­te? LU­NA: Creo que, más que pa­ra crear poe­sía, las re­des han ser­vi­do pa­ra com­par­tir­la. Y so­lo hay que ver el éxi­to, no ya en ven­tas, sino en re­per­cu­sión en ge­ne­ral, de nom­bres co­mo Ma­ría Sán­chez, Ala­na Por­te­ro o el de fi­gu­ras más mains­tream co­mo El­vi­ra Sas­tre o Ire­ne X pa­ra dar­se cuen­ta de ello. GLA­MOUR: Has em­pe­za­do el año lle­van­do las rien­das jun­to a tu ma­ri­do, An­to­nio J. Ro­drí­guez, de la edi­to­rial Ca­ba­llo de Tro­ya, cu­yo ob­je­ti­vo es des­cu­brir y pu­bli­car nue­vas vo­ces en­tre los jó­ve­nes au­to­res es­pa­ño­les. LU­NA: Es­tá sien­do fan­tás­ti­co po­der leer a nue­vos au­to­res y tam­bién tra­ba­jar fir­mas de es­cri­to­res que es­tán em­pe­zan­do. Siem­pre me ha gus­ta­do es­te tra­ba­jo, pe­ro aho­ra es­toy con­ten­ta de po­der ha­ber­lo lle­va­do un pa­so más allá y de ha­cer­lo mano a mano con mi ma­ri­do. Y en lo que res­pec­ta a mí, a fi­na­les de 2018 apa­re­ce­rá la no­ve­la en la que he es­ta­do tra­ba­jan­do des­de 2015, El fu­ne­ral de Lo­li­ta, y don­de he te­ni­do la suer­te de tra­ba­jar con Ma­ría Fas­ce.

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