LA RE­VE­LA­CIÓN

Zoë Kra­vitz no co­no­ce lí­mi­tes. La jo­ven mo­de­lo, can­tan­te y ac­triz irra­dia mag­ne­tis­mo y mar­ca sus pro­pias re­glas en los sets de mo­da y so­bre los es­ce­na­rios.

Glamour (Spain) - - Belleza - Tex­to: Mó­ni­ca Pé­rez. Fo­tos: Rory Van Mi­llin­gen

Zoë Kra­vitz es un al­ma li­bre. De apa­bu­llan­te be­lle­za, lle­va el ar­te en las ve­nas –es hi­ja del mú­si­co Lenny Kra­vitz y la ac­triz Li­sa Bo­net–. Zoë es un co­ra­zón in­quie­to que desea ha­cer­lo to­do en la vi­da. Su look rompe­dor no de­ja in­di­fe­ren­te a na­die, co­mo tam­po­co lo han he­cho su pa­pel en la se­rie Big Little Lies y Baby I’m Dyin, el sin­gle de su pró­xi­mo ál­bum. La jo­ven de 29 años, em­ba­ja­do­ra de Black Opium, de Yves Saint Lau­rent Beau­té, se en­cuen­tra en el me­jor mo­men­to de su ca­rre­ra, “ins­pi­ra­da y agra­de­ci­da”, con­fie­sa a GLA­MOUR. Des­cu­bri­mos en Zoë a un án­gel con los pies en la tie­rra que no tie­ne freno. GLA­MOUR: Pro­ta­go­ni­zas la se­gun­da tem­po­ra­da de Big Little Lies in­ter­pre­tan­do a Bon­nie. ¿Qué sig­ni­fi­ca para ti for­mar par­te de es­te pro­yec­to de HBO? ZOË: Ser par­te de Big Little Lies es una ex­pe­rien­cia in­creí­ble. Tra­ba­jar con mu­je­res a las que ad­mi­ro des­de ha­ce tan­to es co­mo un sue­ño he­cho reali­dad. Y ade­más con un di­rec­tor co­mo Jean-marc Va­llée. Ya en la primera tem­po­ra­da pen­sa­ba que la opor­tu­ni­dad no po­día ser me­jor, y aho­ra con An­drew Jack­son y Meryl Streep es un au­tén­ti­co re­ga­lo. GLA­MOUR: Tie­nes más de 3,5 mi­llo­nes de se­gui­do­res en Instagram. ¿Com­par­tes to­do tu día a día en las re­des so­cia­les o mar­cas lí­mi­tes? ZOË: In­ten­to no com­par­tir­lo to­do, pe­ro sí al­gu­nos ví­deos, co­sas que me ins­pi­ran... Las re­des so­cia­les son una bue­na he­rra­mien­ta en oca­sio­nes, pe­ro no son el mun­do real. Y yo cuan­do me le­van­to in­ten­to es­tar en el mun­do real. Las re­des son al­go que aún es­ta­mos apren­dien­do a uti­li­zar y no sa­be­mos los efec­tos que pue­den te­ner. Hay co­sas que son sa­gra­das y de­be­mos man­te­ner pri­va­das, pe­ro tam­bién es emo­cio­nan­te com­par­tir co­sas que te apa­sio­nan, tus pro­yec­tos, as­pec­tos so­bre los cua­les quie­res ha­blar... GLA­MOUR: Pa­re­ce que vi­vi­mos con­ti­nua­men­te en lí­nea... ¿ De­be­ría­mos des­co­nec­tar el teléfono al­gu­nas ve­ces? ZOË: Sí, creo que es un re­to para to­do el mun­do, in­clui­da yo. Al­gu­nas ve­ces me en­cuen­tro mi­ran­do el mó­vil cuan­do no de­be­ría es­tar ha­cién­do­lo. Per­so­nal­men­te me aver­güen­za la adic­ción que ten­go a mi teléfono. Creo que te­ne-mos que apren­der a es­tar más en el mo­men­to pre­sen­te. GLA­MOUR: Aun­que Instagram tam­bién es una muy bue­na for­ma de unir nues­tras vo­ces y lu­char por de­re­chos co­mo la igual­dad de gé­ne­ro… ZOË: Sí, es una bue­na he­rra­mien­ta para que las per­so­nas es­te­mos uni­das, co­mo por ejem­plo en las mar­chas por el Día de la Mu­jer. Com­par­tir fo­tos e his­to­rias es el mo­do de de­cir a las mu­je­res que su­fren que no es­tán so­las, que otras per­so­nas pue­den cui­dar de ti, lo cual es es­pe­ran­za­dor. Usar Instagram y las re­des para lle­var es­tas con­ver­sa­cio­nes al mun­do real es un buen pun­to de par­ti­da. GLA­MOUR: ¿Qué ha­ces para re­la­jar­te y des­co­nec­tar? ZOË: Es­cu­cho mú­si­ca, doy una vuel­ta, ha­go ce­nas con mis ami­gos... Tam­bién me en­can­ta ir al ci­ne, es una de las co­sas que más me gus­ta ha­cer. GLA­MOUR: Has cre­ci­do en una fa­mi­lia de ar­tis­tas, ro­dea­da de mú­si­ca y ci­ne… ¿ Siem­pre te has sen­ti­do atraí­da por el mun­do de la mú­si­ca? ZOË: Sí, siem­pre. Es una par­te esen­cial de mi vi­da. Y no so­lo por­que mi fa­mi­lia sean mú­si­cos, sino por­que cuan­do eres ni­ña y siem­pre hay mú­si­ca so­nan­do en tu ca­sa se que­da gra­ba­do en la san­gre. La mú­si­ca es una bo­ni­ta for­ma de ex­pre­sión y siem­pre ha si­do una gran par­te de mi vi­da, no so­lo lo que yo es­ta­ba des­ti­na­da a ser. Me ha sal­va­do en mo­men­tos de­pri­men­tes y du­ros de mi vi­da: es un lu­gar aco­ge­dor don­de re­fu­giar­te. GLA­MOUR: ¿Qué in­fluen­cia ha te­ni­do en tu tra­yec­to­ria mu­si­cal la fi­gu­ra de tu pa­dre, Lenny Kra­vitz? ZOË: Siem­pre me ha trans­mi­ti­do lo im­por­tan­te que es ha­cer mú­si­ca en la que tú real­men­te creas, no so­lo el ti­po de mú­si­ca que la gen­te es­pe­ra es­cu­char en la ra­dio. Lo esen­cial es ha­cer mú­si­ca que te ha­ga sentir bien. GLA­MOUR: Baby I’m Dyin es la nue­va can­ción de tu pró­xi­mo ál­bum, que se lan­za es­te año 2018. ¿Cuen­tas en él al­go so­bre tu vi­da per­so­nal? ZOË: Sí, por su­pues­to. Esa can­ción es so­bre una per­so­na que se enamo­ra, un mo­men­to que to­dos he­mos ex­pe­ri­men­ta­do al­gu­na vez... Com­par­to di­fe­ren­tes pun­tos de vis­ta del amor

LAMÚ­SI­CA ME HA SAL­VA­DO EN VA­RIOS TRANCES DI­FÍ­CI­LES DE

VI­DA” MI

a tra­vés de mi ex­pe­rien­cia. Cuan­do la can­ción di­ce “Es­toy llo­ran­do, llé­va­me a ca­sa, don­de me sien­ta en ca­sa”, se re­fie­re a ese mo­men­to en el que sien­tes es­tar en tu ‘ho­gar’, ese ins­tan­te en que es­tás enamo­ra­do y te sien­tes en el lu­gar más se­gu­ro del mun­do. GLA­MOUR: Si tu­vie­ras que ele­gir: ¿ci­ne, mú­si­ca o mo­da? ZOË: ¡ No pue­do ele­gir, ja­más po­dría ha­cer­lo! To­das las ver­tien­tes de mi tra­ba­jo son en­ri­que­ce­do­ras e in­creí­bles. Se com­ple­men­tan en­tre ellas y se ins­pi­ran unas a otras. Son tres for­mas di­fe­ren­tes de ar­te y ca­da una mues­tra una par­te dis­tin­ta de mí. GLA­MOUR: ¿Qué en­tien­des tú cuan­do ha­bla­mos de be­lle­za? ZOË: Be­lle­za es amor pro­pio y se­gu­ri­dad en ti mis­mo. Si amas la for­ma en la que se te ve, tu apa­rien­cia y la ma­ne­ra en la que te sien­tes, en­ton­ces ahí exis­te be­lle­za. Si es­tás or­gu­llo­so de ser exac­ta­men­te lo que eres, ahí es cuan­do las per­so­nas son más be­llas. GLA­MOUR: Eres em­ba­ja­do­ra de Yves Saint Lau­rent. ¿Te iden­ti­fi­cas con el al­ma de la mar­ca? ZOË: Sí, Yves Saint Lau­rent ha­ce un tra­ba­jo asom­bro­so res­pec­to a la mo­da y la be­lle­za. Cru­za fron­te­ras de lo que es ser sexy y fe­me­ni­na: son crea­ti­vos, rock‘n’ro­llas e in­de­pen­dien­tes. La mar­ca trans­mi­te que exis­ten muy di­ver­sas for­mas de be­lle­za: la mía, la tu­ya, la de to­do el mun­do. Así que pue­des iden­ti­fi­car­te con cual­quier chi­ca que sa­le en una re­vis­ta e ins­pi­rar­te, y eso es fan­tás­ti­co. GLA­MOUR: Tu look siem­pre sor­pren­de y rom­pe re­glas. ¿ Es una for­ma de co­mu­ni­car al­go al mun­do? ZOË: Por su­pues­to. Es una for­ma de co­mu­ni­car al­go a los de­más, una for­ma de ex­pre­sión tan vá­li­da co­mo otra cual­quie­ra. Es muy di­ver­ti­do ex­pe­ri­men­tar a tra­vés de la mo­da, el ma­qui­lla­je y el ca­be­llo para mos­trar una par­te de ti. GLA­MOUR: Tie­nes mu­chos ta­tua­jes. Si tu­vie­ras que ele­gir uno, ¿cuál se­ría el más es­pe­cial? ZOË: Ca­da ta­tua­je tie­ne su pro­pio sig­ni­fi­ca­do y cuen­ta su pro­pia his­to­ria. Ten­go ta­tua­jes so­bre mi her­mano, so­bre mi her­ma­na... So­bre di­fe­ren­tes ex­pe­rien­cias de mi vi­da de las que es­toy or­gu­llo­sa. Tam­bién ten­go uno so­bre mi abue­la, que es muy im­por­tan­te para mí. Los más im­por­tan­tes son so­bre mi fa­mi­lia: me re­cuer­dan a las per­so­nas a las que quie­ro. GLA­MOUR: ¿Un look que no vol­ve­rías a lle­var nun­ca? ZOË: En la mo­da me sien­to atraí­da por lo nue­vo. Siem­pre in­ten­to ex­pe­ri­men­tar, pro­bar co­sas di­fe­ren­tes. Aun­que tam­bién ten­go mis cam­bios de pa­re­cer. Por ejem­plo, me ra­pé el pe­lo y aho­ra pro­ba­ble­men­te no lo ha­ría. Pe­ro co­me­ter erro­res en tu ma­ne­ra de ex­pre­sar­te es par­te del apren­di­za­je. Así que si lle­vo un look arries­ga­do es por­que en ese ins­tan­te me sien­to bien así. GLA­MOUR: Vi­vi­mos tan rá­pi­do que mu­chas ve­ces nos ol­vi­da­mos de pres­tar aten­ción a lo que co­me­mos. ¿Cui­das tu ali­men­ta­ción? ¿Crees que es im­por­tan­te? ZOË: Sí, creo que es im­por­tan­te en­con­trar el equi­li­brio en to­do en la vi­da, aun­que tam­po­co soy muy es­tric­ta. Co­mo mu­cha fru­ta por­que sé que es bueno, in­ten­to ser cons­cien­te so­bre el ori­gen de los ali­men­tos, que la car­ne sea de ca­li­dad... Pe­ro si te ape­te­ce co­mer al­go me­nos sa­lu­da­ble al­gún día tam­po­co hay que fus­ti­gar­se: se tra­ta de en­con­trar el equi­li­brio. GLA­MOUR: Su­pon­go que es com­pli­ca­do com­pa­gi­nar es­te rit­mo de tra­ba­jo con la ac­ti­vi­dad fí­si­ca. ¿ Prac­ti­cas al­gún de­por­te? ZOË: En Nue­va York me des­pla­zo siem­pre an­dan­do. Y en el gim­na­sio ha­go car­dio y en­treno. Es esen­cial es­tar ac­ti­vo, así que in­ten­to mo­ver mi cuer­po para que es­té sano. GLA­MOUR: Cierra los ojos y con­fié­sa­nos: ¿có­mo te ima­gi­nas de aquí a cin­co años? ZOË: Me ima­gino com­po­nien­do las le­tras de mis can­cio­nes y con mi pro­pia pro­duc­to­ra.

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