RE­YES DEL ‘TH­RI­LLER ’

Harper's Bazaar (Spain) - - NOTICIAS -

He de­di­ca­do mi vi­da a ba­ta­llar con las fra­ses , de­cla­ró JOHN BAN­VI­LLE cuan­do re­ci­bió el Pre­mio Prín­ci­pe de As­tu­rias. Hoy, ba­ta­lla jun­to al má­xi­mo ex­po­nen­te de no­ve­la ne­gra pa­trio, CARLOS ZA­NÓN, en un en­cuen­tro úni­co (y má­gi­co) en sus vi­das. De Váz­quez Mon­tal­bán a Ben­ja­min Black, de Kaf­ka a

Cor­tá­zar; de se­cre­tos y tru­cos, de crí­ti­ca y es­qui­zo­fre­nia... Bien­ve­ni­dos a la gran tras­tien­da li­te­ra­ria.

Que­da­mos a las 12 del me­dio­día de un sá­ba­do en la Ca­sa Lleó i Mo­re­ra, una jo­ya mo­der­nis­ta en pleno Pa­seo de Gra­cia de Bar­ce­lo­na. La fn­ca lu­ce al­ti­va jun­to a sus ve­ci­nas ca­sas Batlló y Ametller. He­mos con­vo­ca­do a dos gran­des de la no­ve­la ne­gra pa­ra que char­len en­tre ellos de li­te­ra­tu­ra, de sus no­ve­las, de sus per­so­na­jes… Dis­cu­rre es­tos días la BCNe­gra, de la que Carlos Za­nón es co­mi­sa­rio. John Ban­vi­lle ha ve­ni­do a la ciu­dad a pre­sen­tar su úl­ti­ma obra: Los lo­bos de Pra­ga (Alfaguara). Za­nón tam­bién tie­ne nue­va no­ve­la: Car­val­ho: Pro­ble­mas de iden­ti­dad (Pla­ne­ta). Los dos se ma­ra­vi­llan con la ca­sa, sus vi­tra­les, sus ma­de­ras no­bles. El sa­lón prin­ci­pal es un es­pa­cio que pro­pi­cia el debate y has­ta per­mi­te des­gra­nar al­gu­nas in­ti­mi­da­des.

Za­nón y Ban­vi­lle tie­nen al­gu­nos pun­tos en co­mún en tan­to que no­ve­lis­tas. Uno de ellos es que am­bos han ‘re­su­ci­ta­do’ a gran­des per­so­na­jes del gé­ne­ro ne­gro tras la muer­te de sus au­to­res. Za­nón ha vuel­to a la vi­da al mí­ti­co Pe­pe Car­val­ho, que na­ció de la plu­ma del ad­mi­ra­dí­si­mo Ma­nuel Váz­quez Mon­tal­bán. Ban­vi­lle se ha atre­vi­do na­da más y na­da me­nos que a re­su­ci­tar a Phi­lip Mar­lo­we ( La ru­bia de ojos ne­gros, Alfaguara), per­so­na­je de Ray­mond Chand­ler. La editorial que se lo en­car­gó sa­bía muy bien que con él apos­ta­ba por un va­lor se­gu­ro. Tam­bién re­su­ci­tó a Isa­bel Archer, per­so­na­je de Henry Ja­mes, uno de los gran­des es­cri­to­res de fna­les del si­glo XIX. Al Re­tra­to de una da­ma, de Ja­mes, Ban­vi­lle es­cri­bió la se­cue­la, La se­ño­ra Os­mond.

JB: Cuan­do me pro­pu­sie­ron es­cri­bir una no­ve­la con los per­so­na­jes de Chand­ler y de Ja­mes pen­sé que ellos ha­bían crea­do un mun­do en el que yo po­día ha­bi­tar. Los per­so­na­jes eran per­fec­ta­men­te re­co­no­ci­bles y yo me con­ver­tí sim­ple­men­te en un lo­ro.

CZ: Pa­ra mí fue co­mo me­ter­me en un uni­ver­so ya crea­do, en un mun­do de oro en el que in­ten­tas ha­cer al­go per­so­nal. Me gus­ta­ría que los lec­to­res en­ten­die­ran que yo estoy ahí, pe­ro en el mun­do al que per­te­ne­cían es­tos per­so­na­jes.

JB: Fí­ja­te que cuan­do es­cri­bía a Chand­ler o a Ja­mes me sen­tía, en cier­to mo­do, ha­bi­ta­do por ellos.Y no que­rría po­ner­me en mo­do al­guno en plan mís­ti­co, pe­ro la ver­dad es que yo me sen­tía un po­co co­mo ellos.Te di­ré in­clu­so al­go más. Con Chand­ler es­tu­ve tra­ba­jan­do cua­tro me­ses y no re­cuer­do na­da de aque­lla épo­ca. Es co­mo si hu­bie­ra es­ta­do en una es­pe­cie de tran­ce y se me hu­bie­ra es­ca­pa­do to­do ese tiem­po. Con Henry Ja­mes, mien­tras es­ta­ba sen­ta­do es­cri­bien­do, te­nía la sen­sa­ción de que en un mo­men­to da­do po­día de­jar mi mano es­cri­bien­do so­la y mar­char­me a to­mar una ta­za de ca­fé. Pen­sa­ba que al vol­ver, mi mano, ella so­li­ta, ha­bría es­cri­to al­go más.

CZ: Yo sen­tía co­mo si Ma­nuel Váz­quez Mon­tal­bán me hu­bie­ra de­ja­do las lla­ves de su pi­so y es­tu­vie­ra vi­vien­do en su ca­sa. Era una sen­sa- ción muy agra­da­ble y en nin­gún mo­men­to me sen­tí co­mo un in­tru­so. Es­tás ahí ver­te­bran­do un es­ti­lo, vien­do có­mo res­pi­ran las co­sas. Cuan­do yo leí sus no­ve­las, las que hi­zo co­mo Chand­ler o Ja­mes, vi que res­pi­ra­ban ese mun­do. Con­se­guir es­to es fas­ci­nan­te y us­ted lo lo­gró.

JB: Ade­más es muy re­la­jan­te. No tie­nes que ser tú mis­mo. Es co­mo es­tar de va­ca­cio­nes de mí mis­mo pa­ra ser otro. CZ: Y en to­do ca­so, pen­sé que si el li­bro era ma­lo se­ría de

Váz­quez Mon­tal­bán, no mío. Mi­re us­ted, di­ría, el per­so­na­je no era bueno, yo hi­ce lo que pu­de, ja ja ja.

JB: En Phi­lip Mar­lo­we yo vi un Chand­ler so­li­ta­rio e in­fe­liz, in­clu­so con­fu­so res­pec­to a su se­xua­li­dad. Creo que él no era cons­cien­te. El Mar­lo­we de Chand­ler es más du­ro y el mío, más tris­te. En el ca­so de Ja­mes, el per­so­na­je se ela­bo­ró des­pués de una cri­sis im­por­tan­te.Yo op­té por al­go más li­bre. Con Ja­mes el per­so­na­je no es cons­cien­te de que la trai­cio­nan. El mío, sí. Es un po­co ma­yor, más sa­bia y con más for­ta­le­za.Y esa sa­bi­du­ría le da un pun­to más trá­gi­co por­que sa­be que la han trai­cio­na­do. Que­ría dar­le un fnal fe­liz, pe­ro no fui ca­paz y aca­bé con un fnal a lo Ja­mes. Qui­zás una es­cri­to­ra se­rá ca­paz.

CZ: ¿Sa­be una co­sa? [en este mo­men­to se di­ri­ge a mí], nos plan­tea co­sas que te­ne­mos en co­mún y a mí me cues­ta pen­sar que las te­ne­mos por­que me di­go: ¡Pe­ro si es John Ban­vi­lle! El escritor ir­lan­dés son­ríe al oír a Za­nón y se pien­sa un mo­men­to una res­pues­ta.

JB: A Kaf­ka le pre­gun­ta­ron una vez «¿Qué tie­ne en co­mún con los ju­díos?» y res­pon­dió: «¡Pe­ro si no ten­go na­da en co­mún ni con­mi­go mis­mo!».Y Cary Grant so­lía de­cir: «Oja­lá fue­ra Cary Grant». El des­do­bla­mien­to en Ban­vi­lle es to­tal. No solo ha es­cri­to en el es­ti­lo de otros, sino que en sus no­ve­las uti­li­za dos frmas. Su pro­pio nom­bre, con una pro­sa pre­ci­sa, con re­crea­ción artística, ca­si poé­ti­ca, y pa­ra el gé­ne­ro ne­gro fir­ma co­mo Ben­ja­min Black. Sus des­crip­cio­nes son ma­ra­vi­llo­sas. Un ami­go su­yo lle­gó a de­cir que era ca­paz de des­cri­bir el aire. Tie­ne una do­ble vi­da li­te­ra­ria y tam­bién real, ya que com­par­te la se­ma­na con dos fa­mi­lias dis­tin­tas. A sus com­pa­ñe­ras las lla­ma mi es­po­sa y mi pa­re­ja. Za­nón, que re­pre­sen­ta la re­no­va­ción de la no­ve­la ne­gra es­pa­ño­la, ver­te­bra su li­te­ra­tu­ra en­tre lo cul­to y lo popular. Ha­bla de sus fan­tas­mas y de un mun­do de emo­cio­nes en el ³

que en­vuel­ve a sus per­so­na­jes co­mo en una te­la­ra­ña. Es­cri­be tam­bién poe­sía. JB: Carlos, su­pon­go que coin­ci­di­rá con­mi­go, pe­ro pa­ra mí el li­bro es del lec­tor. Él ha­ce su lec­tu­ra y en este sen­ti­do hay tan­tas ver­sio­nes co­mo lec­to­res ha­ya.

CZ: Sí, uno es el au­tor, pe­ro ca­da lec­tor le da un en­fo­que. En li­te­ra­tu­ra no hay na­da muer­to. Es un ce­men­te­rio que vuel­ve a la vi­da al abrir­lo. Creo que lo di­jo Cor­tá­zar. JB: No sé có­mo lo ve us­ted, pe­ro hay es­cri­to­res que di­cen que el per­so­na­je les exi­ge es­to o aque­llo. Yo creo que mien­ten, yo no ten­go la per­cep­ción de que el per­so­na­je es­té vi­vo y me pi­da co­sas.

CZ: Eso se lla­ma es­qui­zo­fre­nia. Cuan­do de­ci­dió ha­cer el li­bro sobre Chand­ler e in­clu­so cuan­do de­ci­de ser Ben­ja­min Black, ha­ce al­go muy im­por­tan­te. Us­ted no imi­ta­ba a Chand­ler, us­ted es Ban­vi­lle, al­guien muy bien con­si­de­ra­do por el pú­bli­co y la crí­ti­ca. No ne­ce­si­ta­ba ha­cer­lo. Es co­mo si su gru­po de mú­si­ca fa­vo­ri­to ha­ce la ver­sión de otro gru­po pre­fe­ri­do. JB: Cuan­do pu­bli­qué La se­ño­ra Os­mond, de­cían: «Es­to es Henry Ja­mes en mo­do Ban­vi­lle».Yo no es­ta­ba de acuer­do. Cuan­do es­cri­bes no pue­des ser neu­tro, siem­pre apor­tas al­go, aun­que es­tés con per­so­na­jes de otro.

CZ: Cuan­do es­cri­bes te pre­gun­tas: «¿Por qué no? ¿Por qué no arries­gar­te? ¿Por qué no ba­jar a la ca­lle y ju­gar a la pe­lo­ta otra vez?». JB: Fir­mar co­mo Black era una ne­ce­si­dad. Que­ría plas­mar la di­fe­ren­cia. Con Black ob­ten­go más sa­tis­fac­ción por­que logro mi ob­je­ti­vo de ha­cer una obra de ar­te­sa­nía. Con Ban­vi­lle nun­ca sé lo que am­bi­ciono, por lo que no sé si lo he con­se­gui­do.

CZ: Uno em­pie­za un li­bro es­pe­ran­do con­tes­tar a unas pre­gun­tas que te im­por­tan. Bus­cas un ar­gu­men­to pa­ra co­nec­tar con el lec­tor. El for­ma­to th­ri­ller es muy po­ten­te pa­ra ex­pli­car al­go. En una no­ve­la lo me­tes to­do, la poe­sía, el ci­ne, las co­sas irre­le­van­tes. JB: Estoy de acuer­do y quiero aña­dir que los li­bros de Black van por una au­to­pis­ta y los de Ban­vi­lle, por una pis­ta di­fu­sa con ca­rri­les que pue­den vi­brar.

CZ: Cuan­do tra­ba­jo, lo pri­me­ro que me sur­ge es una es­ce­na o al­go en lo que pien­sas y crees que pue­de ser el arran­que. Pa­ra mí las no­ve­las son per­so­na­jes y at­mós­fe­ras. Con las tra­mas siem­pre ma­ne­ja­mos las mis­mas his­to­rias.Yo no soy es­pe­cial­men­te bueno con los ar­gu­men­tos, pe­ro creo que es lo de me­nos. Lo que cuen­ta son los per­so­na­jes Si tie­nes una voz y un per­so­na­je, con un po­co de of­cio fun­cio­na.

JB: Chand­ler de­cía: «Me da igual quién lo ma­tó».Yo estoy de acuer­do. Pa­ra sus edi­to­res lo im­por­tan­te era el ar­gu­men­to y él de­cía que era un error. Las des­crip­cio­nes y los per­so­na­jes im­por­tan mu­cho a los lec­to­res. No se tra­ta de re­sol­ver una pre­gun­ta del Clue­do. Cuan­do flma­ron El sue­ño eterno lo lla­ma­ron pa­ra pre­gun­tar­le quién ha­bía ma­ta­do al chó­fer y él con­tes­tó que no im­por­ta­ba.

CZ: Cuan­do com­pras el li­bro de un au­tor da igual lo que te quie­ra ex­pli­car, lo im­por­tan­te es que lo ex­pli­ca él. Por otra par­te, el gé­ne­ro ne­gro es un po­co bas­tar­do y per­mi­te mez­clar mu­chas co­sas. Las nor­mas las de­ci­den el au­tor y el lec­tor. Aho­ra se ha­bla de con­te­ni­do so­cial, pe­ro Chand­ler y Ham­mett ya te­nían con­te­ni­do so­cial crí­ti­co con el sis­te­ma.

JB: Estoy de acuer­do, lo im­por­tan­te es la li­ber­tad. En cuan­to al te­ma so­cial, yo no po­dría ha­cer­lo, pues a du­ras pe­nas sé lo que pien­so yo. Vol­vien­do a Kaf­ka, de­cía que el ar­tis­ta es el úni­co que no tie­ne na­da que de­cir. Yo es­cri­bo gé­ne­ro ne­gro por­que soy una per­so­na en­fer­ma e inade­cua­da.

CZ: Me ads­cri­bo, me en­can­ta, me sien­to iden­tif­ca­do.

Por Joa­na Uri­be. Fo­to­gra­fía de Cé­sar Se­ga­rra

A la iz­da., Carlos Za­nón, y a la dcha., John Ban­vi­lle, en el sa­lón de la Ca­sa Lleó i Mo­re­ra, obra de Lluís Do­mè­nech i Mon­ta­ner. Las bu­ta­cas son di­se­ño de Jai­me Ha­yón de ma­de­ra y ta­pi­za­das en te­la de BD Bar­ce­lo­na De­sign.

El Pre­mio Prín­ci­pe de As­tu­rias de las Le­tras jun­to al ál­ter ego de Ma­nuel Váz­quez Mon­tal­bán.

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